No estoy llorando por ti. Y aunque durante mucho tiempo pensé que sí, ahora entiendo que estoy llorando por algo mucho más difícil de explicar.
Estoy llorando por la ilusión que tenía de ti.
Por la persona que creí conocer. Por la versión de ti que construí con tus palabras, con los momentos bonitos, con todo aquello que me hiciste creer que eras. Estoy llorando por la imagen que guardé de ti y que, poco a poco, la realidad terminó destruyendo.
Porque cuando quieres a alguien, no solamente quieres lo que ves. También quieres lo que crees que existe detrás de sus acciones. Y yo llegué a creer que había en ti una persona que quizá nunca estuvo realmente ahí.
Por eso descubrir la verdad dolió tanto.
No fue solamente aceptar que ya no estabas. Fue aceptar que muchas de las cosas que yo defendía de ti, muchas de las razones por las que te justificaba y muchas de las cosas bonitas que pensaba de ti, ya no podían sostenerse frente a lo que finalmente descubrí.
Y qué difícil es mirar a alguien que quisiste tanto y darte cuenta de que ya no puedes verlo con los mismos ojos.
A veces quisiera volver atrás, no para recuperarte, sino para advertirle a esa versión de mí que confiaba tanto.
Decirle que no todo lo que parece amor lo es. Que las palabras bonitas no siempre esconden buenas intenciones. Que algunas personas pueden ocupar un lugar enorme en tu corazón y, aun así, no ser quienes tú pensabas.
Pero tampoco quiero avergonzarme de haber creído.
Yo quería creer en ti porque mi corazón estaba siendo sincero. Porque cuando quiero a alguien, no empiezo buscando razones para desconfiar. Empiezo creyendo en lo bueno.
Y eso no me hace débil.
Lo que me dolió fue descubrir que mi ilusión era más bonita que la realidad.
Así que no, no estoy llorando porque te necesite.
Estoy llorando por todo lo que pensé que eras y terminó siendo mentira.
Por la historia que imaginé.
Por la persona que creí que tenía delante.
Por todas esas pequeñas cosas que alguna vez me hicieron sentir segura y que después entendí de una manera completamente diferente.
Y quizá algún día deje de doler.
No porque vuelva a creer que eras quien yo imaginaba, sino porque finalmente aceptaré que nunca tuve que perder a la persona que creía que eras…
porque esa persona solo existió en la ilusión que yo construí de ti.