Niña, date cuenta de que el amor de tu vida no podría dejarte ir tan fácilmente.
Y no te lo digo porque alguien que te ama tenga que luchar eternamente por ti, ni porque marcharse sea siempre una prueba de que nunca sintió nada. Te lo digo porque, cuando existe un amor que ambos quieren cuidar, no debería ser siempre una sola persona la que encuentre motivos para quedarse mientras la otra encuentra razones para marcharse.
Mírate un momento. Mira cuántas veces has intentado comprender sus silencios, justificar sus ausencias y convencerte de que, quizá, mañana las cosas serán diferentes. Mira cuántas veces has guardado lo que sentías para no parecer demasiado intensa, cuántas veces has aceptado menos de lo que necesitabas con tal de no perder a alguien que significaba tanto para ti.
Y dime, ¿en qué momento empezaste a creer que amar a alguien significaba aprender a vivir con su indiferencia?
Sé que lo quieres. Sé que hay recuerdos que todavía te hacen sonreír y que, si volviera a buscarte con las palabras que tanto has esperado escuchar, probablemente una parte de ti querría correr hacia él sin hacer preguntas. Porque cuando el corazón sigue enamorado, a veces basta un pequeño gesto para hacernos olvidar todas las noches en las que nos prometimos que ya no volveríamos a pasar por lo mismo.
Pero, niña, también tienes que aprender a mirar lo que ocurre cuando no lo extrañas, cuando no estás recordando sus momentos bonitos ni imaginando cómo podría haber sido vuestra historia. Mira cómo te sientes cuando necesitas de él y no está, cuando eres tú quien intenta arreglar las cosas, cuando tienes que conformarte con pequeñas muestras de cariño mientras sueñas con un amor que no te haga dudar de tu lugar.
Porque quizá él también sintió algo bonito por ti. Quizá hubo momentos en los que quiso quedarse y otros en los que no supo cómo hacerlo. No necesitas convertir vuestra historia en una mentira para reconocer que, tal como estaban las cosas, te estaba doliendo demasiado.
El amor no siempre significa que dos personas terminarán juntas. A veces, incluso queriéndose, no saben construir algo que les haga bien. Pero tú no puedes pasarte la vida esperando a que alguien descubra que quiere estar contigo mientras tú dejas tu propia vida en pausa.
Y si algún día tiene que llegar alguien para compartir tu vida, que no sea alguien a quien tengas que suplicarle que reconozca tu valor. Que sea alguien que también tenga ganas de conocerte, de comprenderte, de resolver las dificultades contigo y de cuidar lo que están construyendo.
Niña, quizá él no era el amor de tu vida, aunque tú lo hayas amado como si lo fuera. Y si lo era, eso no significa que debas perseguirlo hasta olvidarte de ti. Porque el amor que mereces no consiste en que alguien jamás se marche, sino en que ambos tengan razones, voluntad y compromiso para elegirse mientras decidan caminar juntos.
Y por favor, no confundas soltarlo con dejar de amarlo de inmediato. A veces, soltar es simplemente aceptar que, aunque tu corazón todavía quiera quedarse, tu vida no puede seguir esperando frente a una puerta que solo tú intentas mantener abierta. 💜