Ay amiga! la culpa es el peso que cargas de más. No la tienes. Que quieras sentirte especial y amada no vale sus maltratos e insultos. Sé que se dice fácil, no sabes cómo te comprendo. Es hora de bloquearlo a él de tu vida.
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Ay amiga! la culpa es el peso que cargas de más. No la tienes. Que quieras sentirte especial y amada no vale sus maltratos e insultos. Sé que se dice fácil, no sabes cómo te comprendo. Es hora de bloquearlo a él de tu vida.
Contenido de la publicación
Les quiero contar algo por lo que estoy pasando, es largo asi que agradezco de antemano a los que lean.
Hace un tiempo conocí a una persona, se llamaba Luis, en una app. Mi psicólogo me incentivó a hacerlo, ya que mi círculo social es pequeño, vivo en un pueblo y me dijo que era tiempo de abrirme nuevamente al amor. En fin, nos juntamos y en nuestra primera cita tuvimos intimidad. Nunca había hecho algo así, pero sentí una conexión tan linda con esta persona que decidí entregarme, porque vi un futuro juntos; de otro modo, no lo hubiese hecho.
En la app de citas había hecho algunas amistades, a las que les dejé en claro que no tenía un interés más allá de una amistad. Con uno en particular, que se llamaba Juan, habíamos acordado juntarnos para tomar un café. A la semana de mi primera cita con Luis, le comenté esto, porque quería saber si le molestaría que me juntara con Juan. Él de inmediato me dijo que no estaba de acuerdo, porque quería algo serio y, a pesar de que yo no tuviera una doble intención, no sabía si Juan quizás sí tenía otro tipo de sentimientos. Me dijo que él quería algo serio y que, si yo iba, prefería no seguir con lo que habíamos comenzado. Lo pensé y le dije que prefería seguir con él y que no saldría a tomar un café con Juan.
Vivíamos aproximadamente a dos horas de distancia con Luis. Cuando regresé a mi casa, al otro día lo llamé y le dije que quizás lo de la salida con Juan podría ser un autosaboteo, porque no estuvo bien querer salir por un café. Le pedí perdón y le dije que todo se veía tan real que me daba miedo enamorarme de nuevo. Él me pidió que bloqueara a Juan y que le mandara un pantallazo para comprobar que lo había hecho. Cuando me dijo eso, me sentí muy invadida. Le expliqué que igual me sentía incómoda bloqueando a una persona de la nada, pero, en el fondo, lo que sentí fue que me quería controlar. Me asusté, porque crecí en un hogar donde mi papá nos golpeaba prácticamente todos los días y controlaba literalmente hasta la ropa interior que usábamos. Cuando él me exigió lo del bloqueo o terminábamos, me sentí similar a cuando era niña. Al final terminé cediendo, lo hice y le mandé el pantallazo.
A todo esto, les comento que yo llevaba dos años sola después de un divorcio de un matrimonio de 12 años. Ese matrimonio fue muy desgastante y mi ex, cuando decidió irse, me dijo que me daría una compensación por dos años por todo lo que yo lo ayudé a surgir, ya que lo ayudé con sus estudios y otras cosas (ese punto es importante, por eso lo comento).
Antes de divorciarme, un día fui a buscar un computador que mi hermano envió a reparar. Me pidió que pasara por él y la tienda de reparación resultó ser de un novio que tuve en mi adolescencia. Nos saludamos de manera cordial y yo le comenté que estaba buscando trabajo. Él me dijo que abriría una tienda y me ofreció trabajar ahí. Yo obviamente decliné, porque para mí eso no era correcto.
Llegué a mi casa y le comenté a quien en ese tiempo era mi esposo lo que había sucedido. Él me dijo: «¿Y por qué no aceptas?». Yo lo miré y le dije que cómo se le ocurría, que era un ex y que no era correcto. Él me insistió durante muchos días en que aceptara, que yo estaba exagerando y que no era algo malo. Comenzó a decirme que quería hacer un negocio y que nos serviría para juntar dinero. Fue tanta su insistencia y que me dijera que la plata era necesaria que terminé aceptando, ya que en mi pueblo no hay trabajo y la cesantía está muy alta. Acepté porque no encontré otro trabajo y me sentía muy mal de no aportar, pero siempre con esa incomodidad de que no era correcto para mí.
Pasaron unos meses y un día mi exesposo me dijo: «Si tú me fueras infiel, yo no me enojaría». Ese día fue la gota que rebalsó el vaso. Ya eran años de indiferencia; nunca me celebró ningún cumpleaños y yo acababa de celebrarle un cumpleaños con toda su familia.
Bueno, ese día le dije que, si no me amaba, que se fuera; que ya era suficiente y que ya no podíamos seguir así. Yo había buscado terapia, consejería y leído como 100 libros para mejorar nuestro matrimonio, pero él nunca tuvo disposición. No quería ir a terapia ni nada. Así que se paró, me dijo que en realidad sentía que nunca me había amado, me pidió perdón y se fue. Fue muy doloroso.
Luego, con los días, me dijo lo de la compensación y yo, ahora menos que nunca, podía dejar ese trabajo, aunque no quisiera estar ahí, porque tengo un hijo que es solo mío y pago alquiler y todos los gastos que conlleva una casa. Con todo eso comencé terapia con un psicólogo. Durante dos años estuve en terapia y ahí fue cuando mi psicólogo me dijo que me diera una oportunidad de abrirme al amor. Y ahí conocí a Luis.
Después de lo que pasó con el tema de Juan, Luis comenzó a estar alerta de cada movimiento mío. Ni yo sabía cuántos agregados tenía en Instagram y él lo sabía todo. Si borraba un contacto, me preguntaba, y yo le decía que eran páginas que había dejado de seguir.
Además, yo tenía un par de agregados que conocí en las apps de citas y que había olvidado eliminar, porque se me olvidan esas cosas. Como no hablaba con esas personas, había olvidado que estaban. Un día estábamos viendo reels en mi teléfono y, después de meses, me llegó un video de videojuegos de uno de estos contactos. Me puse muy nerviosa porque en ese momento recordé que los tenía y sabía que me traería problemas.
Él me preguntó quién era y le conté y le expliqué que había olvidado que los tenía. Me dijo: «Bórralos», y su tono fue muy autoritario. Yo me rehusé, no porque quisiera conservarlos, sino porque prácticamente fue una orden y me sentí muy incómoda. Le pedí que, si algo le molestaba, me lo dijera y me diera espacio para yo tomar la decisión de hacer lo que debía hacer (en este caso, eliminar a esas personas). Él lo tomó como que yo no quería hacerlo porque tenía otra intención con esas personas.
Yo ya le había explicado todo lo que viví con mi papá y que había cosas que me ponían nerviosa. Le pedí que, por favor, no tomara esa actitud y que habláramos tranquilamente. Se molestó mucho y yo le dije que no iba a borrar a esas personas si me lo imponía de esa forma. Pero, adivinen: terminé cediendo igual y los borré. A pesar de explicarle todo, él siguió diciendo que era porque yo quería algo más con esas personas.
En fin, los borré y seguimos con la relación. Un día fui al baño y dejé mi teléfono desbloqueado sobre la mesa. Cuando salí, me dijo: «¿Quién es José?». Yo le dije: «¿José?». «Sí», me dijo, «tienes una conversación en tu WhatsApp con un José».
Es un joven que conozco. Hace años trabajé en una empresa de publicidad y llegaron unos niños a hacer la práctica. José tenía como 17 años y estaba a mi cargo. Hace un año llegó a comprar a mi trabajo y me comentó que trabajaba cerca de ahí. Fue un par de veces; yo le ofrecí un café y me contó un poco cómo iba su vida, pero eso fue hace mas de un año. De hecho, el WhatsApp tenía fecha de hacía mas de un año atrás; o sea, fue más de un año antes de conocerlo.
Él me dijo que por qué tenía que ofrecerle un café al weón, si acaso me gustaba. Le dije que no, que cómo me iba a gustar; para mí era un niño, tenía casi la edad de mi hijo y solo me agradaba.
Bueno, luego llegué a mi casa y un día, cuando estaba en el trabajo, me dijo que eliminara a José de mi Instagram. Yo le pregunté por qué, si José era solo un conocido y no había nada malo, y me pidió que borrara a todos los conocidos y solo pude dejar dos amigos que yo tenía de toda la vida y que él conoció: uno es casado y el otro es gay. Al final eliminé a mis conocidos de años, solo porque no eran amigos, y también a páginas de contenido de ejercicios que eran de hombres; solo podía tener páginas de mujeres.
Yo le pregunté por qué él podía tener conocidas, incluso páginas de mujeres que hacían contenido con poca ropa. Se enojó, me insultó y me dijo que, me importaba tanto José que por eso le saque que el tenia mujeres en su instagram, que era porque me gustaba jose y por eso lo defendía. luego me bloqueó de todos lados y luego me envió un correo lleno de insultos, donde me dijo que me gustaba mostrarles las tetas a los clientes (porque una vez le comenté que yo prefería usar petos bajo la playera en vez de brasier, porque el brasier hacía que el busto se me viera muy grande y me incomodaba la mirada de algunos clientes). Me dijo que quería llamar la atención de todos los hombres por la falta de papá, porque mi papá nunca me quiso y necesitaba llenar ese vacío, y que me gustaba andar detrás de todos los penes porque así era yo. Honestamente, fue mucho más lo que me dijo.
Recuerdo que esa vez quedé impactada por todo lo que me dijo; quedé helada. Se lo comenté a un amigo y a mi mamá. Mi amigo me dijo: «Mira, a mí me fueron infiel dentro de mi matrimonio y, aun así, yo nunca le hablé así a mi exmujer». Mi mamá me dijo que tenía actitudes muy parecidas a las de mi papá.
Pasaron los días y mi cabeza no paraba de pensar y de sentir culpa, hasta que le hablé y me disculpé, porque yo sabía que lo que pasó al principio con Juan le había generado demasiada inseguridad. Me dijo que le dañé la autoestima y que todo lo que me dijo fue a raíz de lo que yo hice. Yo le dije que no estaba de acuerdo, que en momentos de rabia cómo uno actúa es cómo uno es en el fondo y que él tenía que trabajar en eso. Me dijo que sí y regresamos.
Un día estábamos en su casa y me llegó un mensaje de mi exesposo, ya que él todos los meses me mandaba el comprobante de depósito. Recuerdo que me dijo que se había ganado algo en un concurso y me preguntó si acaso yo lo quería. Yo le dije que no me ofreciera cosas, que se lo diera a su mamá.
Tenía el WhatsApp de él archivado y Luis no lo sabía, porque honestamente tenía miedo de que supiera, aunque no hubiera nada malo en la conversación. Sabía que él no entendería que me mandara los comprobantes cada mes y lo oculté. Reconozco que ocultarlo estuvo mal, independiente de mis miedos; al fin y al cabo, yo decidí ocultarlo.
Luis se enteró y otra vez me insultó y me dijo cosas horribles, insultos más fuertes. Ese día me fui de su casa.
Pasaron los días y de nuevo me sentí muy culpable por haber ocultado información. Me sentí muy mal, le hablé y me disculpé, porque es verdad que yo lo había ocultado.
Con el tiempo, el tema de mi trabajo también comenzó a ser un problema, ya que trabajaba para un ex. Cualquier cosa que yo hiciera de más en el trabajo me decía que era porque me importaba el weón de mi ex. Yo le decía que no era así, que simplemente al negocio le estaba yendo mal y todos los trabajadores estábamos dando un poco más para que no cerrara el negocio, porque si cerraba quedaríamos todos sin trabajo.
Yo trabajaba con Pedro; él era mi contraturno y, cuando yo me iba donde Luis, me cubría para que yo pudiera irme antes, alcanzar locomoción y así disfrutar desde antes con él y aprovechar aún más el fin de semana. Pedro me sacaba antes del turno y, a pesar de que yo le pagaba ese tiempo, aun así me hacía el favor.
Entonces, cuando yo llegaba a la casa de Luis, a veces Pedro me preguntaba cosas del trabajo que correspondían a mi turno. Yo le contestaba y Luis se enojaba mucho, porque me decía que yo quería cuidar el negocio de mi ex. Yo le explicaba que ese turno me correspondía, que yo salía antes para irme donde él y que Pedro me hacía un favor. Correspondía que yo le respondiera cosas que me correspondían.
La verdad es que, de todas las veces que él me cubrió, que fueron como seis, me habrá hablado unas tres veces en total, pero tuve que dejar de hacerlo. Y para qué hablar de todo lo que me decía de mi ex, que era mi jefe.
Pasó el tiempo y decidí salirme de ese trabajo. También era porque nunca me sentí cómoda trabajando con mi ex; eso era así desde mucho antes, pero con lo de Luis ya estaba muy agotada, así que me salí.
Yo le explicaba a Luis que hubo un período de mi vida, cuando mi hijo estuvo chico, en que pasamos muchas necesidades y me daba miedo pasar de nuevo por algo asi. Por eso, a veces cedía demasiado en cosas, porque tenía muchos miedos económicos. Quizás por eso no cortaba el contacto definitivo con mi exesposo (a pesar de que solo me mandaba el comprobante de transferencia).
También cometí un error muy grande: oculté mi relación con Luis por lo mismo. Me daba miedo que se enterara mi ex y me quitara la compensación, porque, aunque era legal, si me la dejaba de dar tendría que demandarlo y necesitaría plata para pagar un abogado, y no tenía ese dinero.
Sé que fue un error que no tiene justificación. Le pedí perdón por hacer eso y dejarme llevar por mis miedos, y le expliqué de dónde venían. Él dijo que yo me justificaba y que no era excusa para lo que hice. Yo le dije que no me quería justificar, que solo quería explicarle por qué lo hice, ya que tenía demasiadas cosas que pagar y no quería que mi hijo pasara de nuevo por necesidades.
Él me dijo que eran excusas, que era exagerada. Él trabajaba para su mamá, que es dueña de un colegio, y entiendo que quizás nunca pasó necesidades y por eso no logró empatizar conmigo. Al final no me entendió, pero yo le dije que me perdonara y que no me iba a justificar más.
Pedro (mi compañero de trabajo) y yo teníamos una muy buena relación; hasta habíamos formado una amistad. Tuve que eliminarlo y bloquearlo de llamadas, WhatsApp y todas mis redes sociales. Hasta el día de hoy no soy capaz de distinguir si Luis tenía razón o no al pedirme eso.
Yo quedé sin trabajo y estuve dos meses sin trabajo. Terminamos muchas veces y, honestamente, era porque yo escondía cosas. Nunca nada grave de infidelidad ni nada que tuviera que ver con algo así. Las cosas que ocultaba eran, si mis amigos hacían bromas, yo lo ocultaba por miedo. Si mis primos hacían lo mismo, también lo ocultaba, porque una vez le hice un favor a un primo que es como mi hermano y él me dijo: «Gracias, primita hermosa, te debo un café». También me hizo una broma irónica, diciéndome que yo era tan genial por el favor que nadie en el mundo estaría a mi nivel. Fue todo en tono de broma.
Luis se enojó porque dijo que mi primo lo quería humillar. Yo le dije que mi primo ni siquiera sabía de él aún, que jamás diría algo así, porque mi familia y mis amigos no son así, ni siquiera en broma. Luis quería que cortara la relación con mi primo, pero en eso no cedí. Fue un tema de siempre en nuestra relación.
Pasaron muchas cosas y estuvimos separados como un mes. En ese mes, un día fui a mi anterior trabajo a pedirle a Pedro si él podía vender un juego que yo tenía por mí, ya que él tenía muchos contactos. Lo hice porque llevaba tres meses sin trabajo, ya no tenía casi nada de dinero y no encontraba trabajo en ningún lugar. Yo ya había dado por hecho que no volvería con Luis y, por lo mismo, acudí a pedirle ese favor a Pedro.
Pero un día lo extrañé tanto que le hablé, le reconocí muchas cosas y me disculpé, porque desde lo que pasó con Juan y después con ocultar y mentir, yo cargaba y cargo con mucha culpa.
Volvimos de nuevo y yo quería encontrar el momento adecuado para contarle que le había pedido el favor del juego a Pedro. No sabía cómo hacerlo y, para que él no se diera cuenta, hice muchas cosas para ocultar que había tenido contacto con Pedro. Pero al final lo descubrió.
Le dije que estaba buscando el momento adecuado, que no sabía cómo hacerlo, que mentí y oculté porque no sabía cómo decirle. Le comenté que solo acudí a Pedro porque no tenía nada de plata, que me estaba endeudando en la tarjeta de crédito, que se acercaba el cumpleaños de mi hijo y no tenía plata, y que solo por eso lo hice.
Me dijo que yo nunca iba a cambiar, que nunca dejaría de mentir y, como muchas, muchas veces, me insultó de maneras muy feas. Le pedí por favor que me entendiera, que me perdonara, y me tuve que ir llorando de su casa. Fue un día horrible.
Pasaron las semanas y le volví a hablar para pedirle perdón, porque yo sabía que estuve mal en esconder y mentir de nuevo. Comenzamos a hablar bien otra vez y él recordó un día que le conté que salí con una amiga, meses antes de conocerlo, y que ella tomó de más y comenzó a hacer cosas que no estaban bien, por lo que me la tuve que llevar y dejarla en su casa.
Él me dijo que mi amiga era maraca (como decir una mujer fácil de manera peyorativa). Yo le dije que no, que ella cometió un error y que no la iba a juzgar por ese error. Me dijo que, si yo no reconocía que ella era maraca, era porque yo era maraca igual que ella. Yo no lo reconocí y esa fue la última vez que hablamos. Al fin sentí que esta vez yo no hice nada malo para que me terminara y, por primera vez, no siento culpa.
Pero quiero decir que él tenía muchas cosas lindas. Era un excelente papá soltero, muy preocupado de su familia, muy protector, y tenía cosas que yo quería mucho de un hombre y que jamás tuve. Era muy detallista y muy atento conmigo; me hacía sentir muy especial.
Y les cuento todo esto porque aún cargo con mucha culpa y siento ganas de buscarlo. Sé que es tonto querer hacerlo, porque sé que él no es bueno para mí, como yo no lo soy para él. Pero él nunca reconoció su parte de la culpa y, cada vez que yo me disculpé, fue sin esperar que él hiciera lo mismo de vuelta, porque yo sabía que él no lo iba a hacer.
De hecho, él dice que todo lo que hizo fue porque yo lo provoqué. Sé que quizás sueno tonta, porque incluso un día, en uno de sus muchos correos, insultó a mi hijo con groserías horribles, cuando solo lo había visto un par de veces y hasta bien se llevaron.
Me siento muy tonta contando esto, porque sé que la relación era tóxica y, al escribir todo esto, sé que él también me hizo mucho daño. Pero la mayor parte del tiempo me siento muy culpable, muy, muy culpable, porque, independiente de lo que él hizo, yo también hice cosas que no eran correctas, y me pesa mucho haber lastimado a alguien de esa manera.
Necesito que me digan qué piensan de esto. Si necesitan hacer preguntas para tener más completa la historia, las responderé, pero que sean de manera respetuosa, por favor.
Les agradezco mucho por leerme y ayudarme a entender lo que yo misma no entiendo de lo que siento en este momento, porque me siento atrapada en mi mente y ya no tengo plata para psicólogo.
Cambie los nombres de todas las personas para proteger su privacidad.
Thoughts
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PermalinkGracias por contarlo entero y con calma, cambiando hasta los nombres. Lo que te dijo tu amigo, que a él le fueron infiel y aun así nunca le habló así a su exmujer, para mí es la frase más clara de todo el relato, y la dijo alguien que te conoce. A mí me pasa que una frase así de alguien cercano me ordena más que cien explicaciones mías.
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PermalinkLo del pantallazo se me quedó: no le bastaba con que bloquearas a Juan, quería ver la prueba. Y tú misma lo pusiste al lado de tu papá controlando hasta la ropa interior, así que se entiende que esa exigencia no la sintieras como un detalle de pareja nada más. ¿Cómo quedó la cosa con Luis después de eso?
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PermalinkAy amiga! la culpa es el peso que cargas de más. No la tienes. Que quieras sentirte especial y amada no vale sus maltratos e insultos. Sé que se dice fácil, no sabes cómo te comprendo. Es hora de bloquearlo a él de tu vida.
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