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Nacho Libre — Cuando hacer el ridículo también puede ser una forma de perseguir un sueño

rodrigosegade1000
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2006 · Dir.: Jared Hess · Jack Black, Ana de la Reguera y Héctor Jiménez · 6/10

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2006 · Dir.: Jared Hess · Jack Black, Ana de la Reguera y Héctor Jiménez · 6/10

Nacho Libre es una de esas películas que funcionan mucho mejor cuando uno acepta rápidamente que no está entrando a una comedia preocupada por tener demasiado sentido.

Jared Hess construye un mundo donde los personajes hablan raro, las situaciones parecen ligeramente desconectadas de la realidad y prácticamente todo está atravesado por una incomodidad que termina siendo parte del humor. En el centro de todo está Jack Black interpretando a Ignacio, un monje que cocina para los chicos de un orfanato mientras sueña secretamente con convertirse en luchador profesional. La premisa ya es absurda, pero lo mejor es que la película nunca parece avergonzarse de eso: se entrega completamente a su propio tono.

Lo que más me interesa de Nacho es que, detrás de toda esa ridiculez, existe alguien que quiere demostrar que es capaz de mucho más de lo que los demás creen. En el monasterio prácticamente nadie lo ve como alguien especial. Cocina, se ocupa de los chicos y forma parte de un lugar donde su sueño de convertirse en luchador parece imposible de tomar seriamente. Pero justamente por eso la lucha libre representa algo tan importante para él. No se trata únicamente de ganar dinero o de subirse a un ring: significa tener la posibilidad de convertirse, aunque sea durante unos minutos, en esa versión de sí mismo que nadie alrededor suyo parece capaz de imaginar.

Y ahí hay algo del personaje que me pega particularmente porque siento que se parece a una forma que tengo yo de moverme por la vida. Nacho se ridiculiza, hace chistes, exagera, se expone y muchas veces consigue que los demás no sepan hasta dónde tomárselo en serio. Él mismo contribuye a construir esa imagen. Pero que alguien se muestre de esa manera no significa necesariamente que no tenga ambición, capacidad o confianza en sí mismo. Muchas veces pasa exactamente lo contrario: Los demás creen que ya entendieron quién sos porque conocen tu parte más visible, cuando en realidad todavía no vieron todo aquello que sos capaz de hacer.

Creo que ahí está una de las ideas que más me gustan de la película: Que me subestimes por cómo me muestro no significa que conozcas todo lo que soy capaz de hacer.

Nacho queda en ridículo una cantidad enorme de veces. Pierde peleas, se equivoca, se entusiasma demasiado y muchas veces parece estar convencido de capacidades que todavía no tiene. Pero nunca termina aceptando la versión de él que los demás construyeron. Puede escuchar que no sirve, puede fracasar delante de todos y puede convertirse en el chiste del lugar, pero sigue creyendo que existe algo más dentro suyo que todavía no consiguió demostrar.

Jack Black es fundamental para que todo eso funcione porque interpreta a Ignacio con un compromiso absoluto. Nunca parece estar diciéndonos “miren qué ridículo es este tipo”. Nacho se toma completamente en serio. Cuando intenta caminar de manera seductora, cuando canta, cuando entra al ring o cuando intenta impresionar a la hermana Encarnación, él realmente cree que está siendo increíble. Y eso vuelve muchísimo más gracioso al personaje, porque la comedia no nace solamente de aquello que hace, sino de la enorme distancia entre la imagen que tiene de sí mismo y lo que estamos viendo nosotros.

Pero al mismo tiempo, Jack Black consigue algo importante: Que nunca dejemos de querer que le vaya bien. Ignacio puede ser egocéntrico, torpe, inmaduro y bastante absurdo, pero también quiere genuinamente a los chicos del orfanato. Su deseo de luchar tiene una parte egoísta, porque claramente disfruta de la atención y sueña con sentirse importante, pero también aparece la necesidad de conseguir algo mejor para ellos. Esa contradicción hace que el personaje tenga un poco más de profundidad que una simple caricatura. Quiere demostrar lo que vale, pero también quiere utilizar aquello que consiga para ayudar a las personas que quiere.

La relación con Esqueleto funciona muy bien dentro de esa lógica.

Los dos son personajes completamente diferentes, pero igualmente improbables como luchadores exitosos. Sus primeros combates son un desastre, no parecen coordinar demasiado bien y pierden una cantidad enorme de veces. Y me gusta que la película no convierta inmediatamente esas derrotas en un típico montaje donde de un momento para otro se transforman en atletas extraordinarios. Mejoran, aprenden y encuentran cierta química, pero siguen siendo ellos. Siguen siendo raros, imperfectos y bastante caóticos.

Eso también hace que las victorias tengan otro valor.

Si Nacho hubiera sido presentado desde el comienzo como un talento oculto al que solamente le faltaba entrenar un poco, su recorrido sería muchísimo más convencional. Pero durante buena parte de la película tenemos razones suficientes para pensar que quizás todos los que no creen en él tengan razón. Y sin embargo sigue intentándolo. Ahí está, para mí, lo más interesante del personaje: No espera que alguien crea primero en él para empezar a creer él mismo.

Creo que muchas veces pasa algo parecido fuera del cine.

Hay personas que necesitan demostrar constantemente que son inteligentes, exitosas o capaces para conseguir que nadie las subestime. Nacho funciona al revés. Se expone, queda mal, permite que se rían de él y continúa adelante. Eso puede hacer que todos crean que ya saben hasta dónde puede llegar. Pero cuando finalmente aparece la oportunidad real, demuestra que toda esa ridiculez no era incompatible con tener determinación. Ser gracioso, exagerado o parecer poco serio no significa no tener una parte mucho más competitiva, ambiciosa o capaz.

Y creo que por eso su enfrentamiento final funciona mejor de lo que debería.

No necesitamos pensar que Nacho se convirtió mágicamente en el mejor luchador del mundo. Lo que queremos es que finalmente tenga su momento. Después de verlo fracasar tantas veces y de observar cómo prácticamente todos dudan de él, existe una satisfacción bastante simple cuando consigue demostrar que aquello en lo que él siempre creyó no era completamente absurdo. No desaparece el personaje que conocíamos: sigue siendo Nacho. Sigue siendo ridículo, exagerado y particular. Lo único que cambia es la percepción de quienes creían que eso significaba que era incapaz.

También me gusta esa idea porque la película no propone que para conseguir respeto Nacho tenga que transformarse en una persona seria. No necesita abandonar aquello que lo vuelve raro ni adoptar otra personalidad para que los demás finalmente lo valoren. Su crecimiento consiste en aprender a utilizar mejor aquello que ya tiene. Y eso me parece mucho más divertido que la típica historia donde el protagonista empieza siendo un desastre y termina convertido en alguien completamente diferente.

Desde lo visual, Jared Hess también construye una película con mucha personalidad. Los colores, los escenarios, los trajes de lucha y hasta la manera en que están filmados determinados momentos hacen que Nacho Libre sea difícil de confundir con cualquier otra comedia. El traje de Nacho es prácticamente una extensión del personaje: exagerado, un poco ridículo y al mismo tiempo llevado con un orgullo absoluto. La música acompaña ese mismo tono, especialmente cuando Jack Black empieza a cantar o a transformar una situación cotidiana en una pequeña actuación.

Eso no significa que todo funcione.

Hay chistes que se estiran demasiado, situaciones que se repiten y momentos donde el humor deliberadamente extraño empieza a perder fuerza. La historia tampoco tiene demasiadas sorpresas y varios personajes existen principalmente para acompañar a Ignacio. Por eso mi 6/10: me divierte, tiene identidad, Jack Black está completamente entregado y el personaje me genera una conexión particular, pero no siento que mantenga el mismo nivel durante toda la película.

Sin embargo, cuanto más pienso en Nacho, más me gusta aquello que representa debajo de la comedia. Es el tipo al que todos miran y creen haber entendido rápidamente. El torpe. El ridículo. El que habla demasiado. El que parece no tener demasiadas posibilidades. Y justamente ahí está la gracia: durante toda la película nosotros también corremos el riesgo de subestimarlo.

Porque al final Nacho Libre no es solamente una película sobre un monje que quiere convertirse en luchador. También es una comedia sobre alguien que se niega a permitir que la percepción de los demás determine hasta dónde puede llegar. Nacho puede hacer el ridículo cien veces y volver a intentarlo ciento una. Puede ser el primero en reírse de sí mismo y aun así conservar una seguridad enorme respecto de aquello que cree que puede conseguir.

Y quizás eso sea lo que más me queda de la película: hacer el ridículo no significa no tener potencial. A veces incluso puede ser la razón por la que nadie ve venir todo lo que realmente sos capaz de hacer.

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