No sé qué me pasa, pero pienso en ti todo el día.
En las mañanas, cuando me levanto, ya hay una luz en mi rostro y no es la del sol, es el reflejo tuyo que mi mente imagina.
En las tardes aún sigues en mi cabeza, porque aunque el sol se va apagando, todavía queda tu brillo alumbrando mi oscuridad.
Cae la noche, el cielo de un azul profundo, la luna perfecta para una cita y aunque la noche se ponga bonita, nunca lo será tanto como tú.
Llega el final, la madrugada, donde en ti hago más énfasis, recordándote encuentro mi catarsis, porque pensarte todo el día se ha convertido en mi apocalipsis.