¿Qué pasa si el corazón me pide actuar según su voluntad, pero mi cabeza, con sus miedos e ilusiones turbulentas, actúa como una barrera eficaz, opaca y determinante en mis decisiones y en mi salud mental?
Hace años que llevo postergando no solo una idea, sino una llama interna que desafía todas las construcciones de pensamiento que he adquirido hasta el momento presente.
Yo me crié aprendiendo que mi luz o brillo no eran del todo comprendidos y, por lo tanto, tampoco aceptados. Puede que desde pequeña tenga un aura repelente que, a veces, con su sola presencia en una habitación, ya haya causado un impacto emocional en algunas personas. O resueno con ellas o repelo a aquell@s con quienes no lo hago. Y esto no es precisamente malo. Puede que la gente tenga opiniones muy concretas sobre mí, por ejemplo, al exponerme, ya que, al fin y al cabo, cada persona es diferente a su manera.
Bien, pues eso que me gustaría llevar a cabo conlleva una exposición pública; implica decidir desde el corazón y, probablemente, en el mejor de los casos, servir como modelo positivo.
Si os estáis preguntando qué es eso que quiero hacer de manera concreta, sería la creación de contenido: cosas positivas y relatables que quiero aportar, cosas que alimentan una especie de propósito. Y con esto no quiero decir que quiera convertirme en influencer para cobrar a partir de colaboraciones, por ejemplo, que suele ser una gran parte del contenido en redes sociales. Lo mío es algo que me nace como un impulso creativo y como un deseo del corazón de ayudar, y también de concederme ese espacio para ser vista, que es algo que muchas veces me paraliza, pero que en el fondo ansío.
La cuestión es que debería empezar de manera tranquila, pero empezar, ¿no? Empezar haciendo ensayos, grabarme y guardarlo. Porque no creo que ir de lleno me ayude, ya que puede ser un proceso que no me resulta fácil personalmente. Es como intentar derribar o modificar los andamios que sostienen gran parte de tu persona presente; yo me lo tomo intensamente.
Se siente como elegirte, y eso crea mucha resistencia. Es como cuando, inconscientemente, vuelves con un ex o a un hábito dañino, porque hacer cosas que quieres hacer, pudiendo “molestar” a las personas de tu entorno, es muy difícil. Al menos para mí.
A veces tienes que elegirte a ti misma, hacer cosas que te beneficiarían aunque te provoquen mucha incomodidad o impliquen pasar vergüenza, saliendo de la zona de confort.
Puede que tengas que aceptar la sensación de estar justificándote en todo momento, como consecuencia de buscar la aprobación de otras personas. Es decir, ponerte en la posición de necesitar defenderte o de modificar lo que acabas de decir para que te acepten. El acto de agradecer cualquier comentario pone fin a esa búsqueda de aprobación, ya que nos aporta paz.
El mito de que una persona tiene un único concepto de sí misma, y que este es permanentemente positivo, no se sostiene.
Puedes escoger.
Es absurdo hacer que lo que vales dependa de algo externo; debes saber que tienes un valor propio, no condicionado por un logro o por la opinión de otra persona.
Me gustaría saber la opinión, preguntas y consejos desinteresados de los demás acerca de este tipo de decisión.