Chuta, pobre Kiba.
Mundos paralelos
Pensamiento
Chuta, pobre Kiba.
Contenido de la publicación
PRÓLOGO: Los Últimos Diez Pulso-Latidos
El Silencio de la Autopista y la Breve Pausa
El silencio en la carretera hacia la capital no es paz; es solo el recordatorio estéril de que somos los últimos diez pulso-latidos de dos mundos muertos.
A lo lejos, las siluetas desmoronadas de edificios quemados y torres de telecomunicaciones oxidadas se recortan contra un cielo plomizo, manchado por nubes de tormenta que huelen a ceniza húmeda y vieja pólvora.
El sol del estado Zulia, implacable incluso en sus estertores, apenas se filtra a través de la neblina ácida que desprenden las cunetas.
Sentado sobre un bidón de combustible vacío y abollado, César Palmar Suárez apoya el codo en la rodilla, con la mirada perdida en el horizonte agrietado.
Nadie habla.
En este tramo de la ruta, el único sonido que se atreve a romper la atmósfera es el crujir rítmico de las botas de combate sobre el asfalto deshecho y el murmullo lejano del viento arrastrando plásticos y papeles rotos.
A unos metros, el panorama es un retrato vivo de lo que queda de la humanidad:
Leomar, su hermano mayor —el patriarca obligado que ahora carga con el peso de liderar a este remanente de diez almas—, revisa con manos firmes el cerrojo de su arma de apoyo, con la misma mandíbula tensa y el rostro curtido por el sol y la tragedia que Kurenai y Rin, las veteranas adultas del grupo nipón, quienes comparten una fría y silenciosa complicidad nacida del luto compartido en el primer año del apocalipsis.
Ino, con el rostro marcado por aquel brutal zarpazo que le costó la vista parcial de un ojo, ajusta las correas de su equipo médico mientras a su lado Rock Lee —a quien César bautizó mentalmente como "tazón" por su inconfundible corte de pelo— estira las piernas con una energía casi irreal, un pilar de optimismo obstinado en medio del infierno.
Más atrás, Sakura, con su escopeta táctica firmemente apoyada en el hombro y la cicatriz horizontal cruzándole la nariz, le intercambia un gesto seco y protector a Hinata, quien mantiene el parche sobre su ojo izquierdo y la mirada fija en el suelo, escuchando los ecos fantasmales de su propio pasado.
Y pegado a ella, como una sombra inquebrantable, está su hermano menor, Alberto.
Desde que el búnker cayó y Hanabi —la hermana menor de Hinata y esposa de Alberto— fue masacrada en el asalto, Alberto no se separa de Hinata ni un solo segundo.
Camina a su lado como una garrapata protectora, vigilando cada sombra, cada matorral, cada rincón, porque en esta tierra devastada, Hinata es lo único tangible que le queda de su mujer difunta; el último hilo que lo ata a la ternura que una vez conoció.
César desvía la vista del grupo, baja la cabeza y despliega las páginas arrugadas y manchadas de sudor de su libreta de campo.
Saca un bolígrafo Bic gastado, cuya tinta negra está a punto de extinguirse, y comienza a trazar las palabras con una mezcla de cansancio y furia contenida.La Crónica de la Caída: El Sueño Roto y la Traición
La tinta de un bolígrafo Bic gastado es lo único que me queda para no olvidar cómo olía la tierra antes de que el mundo se pudriera.
Tres años resistiendo en el Zulia, tres malditos años creyendo que nuestra casta Wayúu, con esa inmunidad biológica natural que nos blindó contra el puto Virus Ocaso, era intocable, para que la ambición y la mezquindad de una sola rata llamada Sasuke borrara de un plumazo mi sueño de toda la vida.
Antes de que esta pesadilla comenzara, mi gran sueño era tan simple, tan jodidamente sencillo: quería ser ingeniero agrónomo.
Quería ver crecer los cultivos, sentir el verdor de la tierra en las manos, levantar una familia bajo el sol del Zulia sin tener que mirar el cielo esperando la muerte.
Mis hermanos también tenían sus metas, sus proyectos, sus vidas planeadas.
Todo, absolutamente todo, se fue al carajo por culpa de este patógeno creado por la avaricia humana y liberado en el 2023.
Fuimos el último bastión de resistencia del planeta.
Casi tres años aguantando en nuestro búnker subterráneo, un santuario en medio del desierto.
Hasta que, hace dos meses, llegó ese maldito forastero: Sasuke Uchiha.
Buscaba a un hombre, un parásito llamado Danzo que se escondía en los niveles altos de nuestro refugio.
Qué maldito error, qué grandísimo hijo de puta fui por perdonarle la vida en un principio, por pensar que, al ser humano como nosotros, merecía una oportunidad.
Le abrí las puertas creyendo que era solo otro desdichado buscando escapar de la muerte.
Y resultó ser el verdugo que nos apuñaló por la espalda.
Sasuke, en su desesperada y ciega venganza, fingió estar acorralado y saboteó las compuertas principales.
Dejó entrar a la marea negra.
Una horda masiva de infectados del Virus Ocaso, acompañada de esas malditas mutaciones que la evolución biológica nos había estado regalando durante tres años de infierno continuo.
Y ahí ardió todo.
El refugio se convirtió en un matadero.
Vi morir a mis padres.
Vi caer a mis amigos de toda la vida.
Y lo peor... vi a mi esposa, Fuu, la chica alegre que se había enamorado de nuestra cultura Wayúu, destrozada y devorada en la masacre antes de que pudiera hacer nada para salvarla.El Despertar del Berserker y la Sombra de las Chicas
En ese preciso instante, cuando la sangre negra alquitrán inundó los pasillos y el grito de los míos se apagó, algo se rompió dentro de mi cabeza.
Perdí la cordura.
La razón se evaporó, dejando espacio únicamente para una furia ciega, primaria e imparable.
Me volví la peor pesadilla de esas cosas.
Mientras el enjambre de mutantes especiales se me venía encima atraído por el ruido y por mi propio olor, yo no sentía miedo; solo un hambre insaciable de masacre. ¿Querían carne?
Les di plomo, cuchillo, patadas y golpes con todo lo que teníamos en los arsenales.
Recuerdo a esos tres malditos mutantes especiales saliendo de la neblina violácea: los acechadores bajando del techo como arañas, los gritones intentando destrozarme los tímpanos con sus ondas sónicas, y las moles descomunales intentando aplastarme.
No dejé escapar a ninguno.
Los destrocé con mis propias manos, desquitando todo el dolor de mi alma sobre sus cuerpos podridos hasta que dejaron de moverse.
Y cuando finalmente encontré a Sasuke... no le di oportunidad de hablar, de justificarse, de explicar su patética venganza.
Un solo disparo en la frente.
Pum.
Directo.
Ese desgraciado era la peor escoria que ha pisado este maldito planeta.
Pero matarlo no me devolvió a Fuu.
Solo me dejó con este vacío en el pecho y las manos permanentemente manchadas de negro.
Escribo esto y a mi lado escucho los susurros apagados de las chicas japonesas, nuestras compañeras de ruta en este éxodo hacia la capital.
Ellas cargan con cruces igual de pesadas que las nuestras.
Kurenai y Rin arrastran la culpa de haber sobrevivido al primer año, cargando con el recuerdo de Maito Gai y Óbito, quienes dieron la vida para que ellas pudieran escapar.
Kurenai me lo ha contado con esa mirada seria y calculadora que no perdona un solo fallo;
Rin, con las cicatrices de quemaduras químicas en los brazos, remienda día y noche las heridas de todos nosotros.
Y luego están las jóvenes.
Sakura y Hinata.
Sakura me confesó una noche, con la voz quebrada y la cicatriz cruzándole la nariz, lo que vivió en su propio infierno.
Me habló de un chico llamado Naruto.
Decía que era ruidoso, idiota, molesto... un tipo que estaba enamorado de ella hasta los huesos, pero al que ella jamás supo valorar en su momento, ciega como estaba persiguiendo la sombra de un imbécil egoísta como Sasuke.
Y cuando el mundo colapsó, cuando Naruto se quedó a defenderla de una horda de gritones, lo vio morir devorado hasta los huesos frente a sus propios ojos, salvándole la vida.
—Gracias por matar a Sasuke, César —me dijo con una frialdad que helaba la sangre.
Por culpa de él, perdí al único hombre que de verdad me amó sin pedir nada a cambio.
Por su parte, Hinata lleva la peor parte en el alma.
Ella perdió a Kiba, su novio y protector, el mismo año.
Sasuke, en su huida cobarde por el búnker, encerró a Kiba a traición en un edificio atestado de infectados para salvar su propio pellejo.
Hinata tuvo que quedarse al otro lado de la puerta, impotente, escuchando por una radio estática los gritos desgarradores, los gemidos de dolor y cómo esas cosas despedazaban a Kiba vivo, despidiéndose de ella en sus últimos segundos.
En ese mismo instante, una criatura le saltó encima y le arrancó el ojo izquierdo.
Si no hubiera sido por la furia con la que Kiba logró patear la puerta antes de expirar... ella tampoco lo habría contado.Rumbo al Vórtice: La Última Esperanza
Al parecer, hemos oído de los pocos supervivientes que aún pululan por este cementerio a cielo abierto que, cerca de la capital, en Caracas, un grupo de científicos y resistentes sobrevivientes logró ensamblar un aparato experimental: una clase de portal dimensional para teletransportar a los pocos que quedan a otro mundo.
La verdad, suena a cuento de hadas. ¿Un portal entre dimensiones?
En un mundo donde los muertos caminan y la sangre se vuelve alquitrán, ya nada me sorprende, pero tampoco me genera falsas esperanzas.
Sin embargo, es la única maldita carta que tenemos sobre la mesa.
No estoy seguro de si somos los únicos diez seres humanos vivos sobre los restos de dos países extintos.
No he visto a nadie más a partir de nosotros.
Han pasado dos meses exactos desde la masacre del búnker.
Dos meses de caminar hacia el norte, esquivando hordas, racionando munición y cuidándonos las espaldas como una verdadera familia de hermanos y veteranos.
Mis hermanos mayores y menores, las chicas, el "tazón" de Rock Lee y su novia Ino... todos formamos esta extraña y rota manada.
Dejo de escribir un segundo y levanto la vista del papel.
Veo a mi hermano menor, Alberto, ajustándole con una paciencia infinita la mochila a Hinata, asegurándose de que no le falte agua, vigilándola como una garrapata protectora.
Sé lo que pasa por su cabeza.
Él perdió a su esposa Hanabi, y Hinata es lo único que le queda de ella en este maldito universo.
Daría su vida mil veces antes de dejar que un rasguño siquiera vuelva a tocarla.
Y luego miro a Rock Lee, cargando su equipo con esa sonrisa exagerada, charlando con Ino mientras avanzan por el arcén de la autopista.
Cierro la libreta de golpe.
El sonido seco resuena ligeramente en el aire estancado.
Guardo el gastado bolígrafo en el bolsillo táctico de mi chaleco, me levanto del bidón y hago tronar mis nudillos, sintiendo el peso familiar de las armas cruzadas en mi pecho.
Leomar se gira hacia nosotros, levanta la mano y da la orden con voz ronca pero firme:
—¡Se acabó el descanso!
Hora de seguir.
Vamos a dar la última parada.
Empiezo a marchar junto a los demás, sintiendo el polvo del Zulia pegado a la piel y el eco de mis propios pensamientos resonando en el fondo de mi mente, con una última plegaria silenciosa que se pierde en el viento:
Espero que a este tazón no le pase lo mismo que a nosotros... esa chica, Ino, ya ha sufrido demasiado en este infierno, y no quiero ver que lo único que le queda se le desmorone entre las manos como se nos desmoronó a todos.
Ojalá consigas tu felicidad, muchacho.
Porque si algo he aprendido en este páramo de mierda, es que los pocos que todavía tienen un corazón por el cual luchar merecen salir enteros al otro lado.
Thoughts
-
PermalinkBah, Sakura agradeciendo que mataran a Sasuke y llorando a Naruto recién ahora. Tarde, che, tarde.
-
PermalinkChuta, pobre Kiba.
-
PermalinkAjá, de todo el grupo la que me tiene pendiente es la pareja que no es pareja: Alberto pegado a Hinata como garrapata porque es lo último que le queda de Hanabi. Esas lealtades de cuñado por la muerta pesan, mija, y el día que Hinata quiera caminar sola o se le acerque alguien, Alberto no la va a soltar fácil. En Caracas lo difícil va a ser eso, más que el portal.
-
PermalinkMeter a Sakura, Hinata y Rock Lee en una autopista del Zulia, con Cesar sentado en un bidon escribiendo con un Bic que se queda sin tinta, es una mezcla que no habia visto por aqui. Se nota que ese Bic esta contando cuanto le queda a la cronica, y me quedo con el tazon, el unico del grupo que todavia sonrie. Gracias por compartirlo, bienvenido!
Publicaciones relacionadas
-
Capítulo 11: Ceresianismo: Útero de Plomo
La sala no era un auditorio, sino simplemente un aula adaptada, con unos cincuenta alumnos sentados en fila en sus pupitres: Theo, Ana, Ceres, Daime, Dru, Tycho, Cora, Cors, Vanks, Kan y tantos…
-
Mundo 10: La Biblioteca y el Libro que Esperaba parte 2
Narrador:
-
HELL ON EARTH
Año 4050 después después de la criatura de nube atacara solo fue un aviso solo nos alertaba de lo que iba pasar empezaban a salir criaturas de todo tipo de monstros gigantes pequeños todo tipo de…
-
Quinta carta recuperada del demonio Azael
Ya pasaron dos días desde que me acerque a la mini Morel, confirmado es una tonta. Cuando me vio comenzó a gritar y a decir que seguro estaba teniendo una pesadilla. Cuando se dio cuenta de que no…
-
Capítulo 1: La caida de la reina
La reina había muerto.
-
EL SEÑOR DEL TODO Y DE LA NADA Volumen 7
TOMO VII — EL ORIGEN
-
Extracto de bitácora del Red Fury - Parte V
Año 742 E.U.
-
Capítulo 8: una rosa hermosa, pero con espinas
La Academia Aozora tenía lugares que no aparecían en ningún plano oficial.
PRÓLOGO: Los Últimos Diez Pulso-Latidos