MÍ PERFUME DE LOS ANDES.
No sé qué tienen tus ojos, mí vida,
que hasta mis silencios pronuncian tú nombre;
llegaste como aroma de eucalipto escondido,
y hoy eres mí perfume más dulce y querido.
Tú, que dibujas caminos y hermosas estructuras,
que conviertes los sueños en grandes alturas,
no sabes que basta tú sonrisa encendida
para hacer de tú amor la razón de mí vida.
Admiro tus manos mágicas, tú ternura y bondad,
esa forma tan tuya de aliviar cualquier dolor;
porque mientras curas las heridas de los demás,
sin saberlo, vas sanando las heridas de mí corazón.
Me gustas porque tú amor huele a eucalipto,
a panisara fresca, a campo bendito;
a tierra mojada, a rocío y primavera,
al aroma de los Andes que mí alma venera.
Tú esencia me lleva a mí tierra serrana,
a los campos que despiertan con la luz de la mañana;
y quisiera besarte bajo la lluvia de invierno,
mientras te abrazo y te digo: Mi amor, eres mí cielo.!
Quiero llevarte a Lluin, pedacito de mí tierra,
donde la infancia y los recuerdos el corazón encierra;
mostrarte mis caminos, mis raíces y mis flores,
y entregarte entre los cerros mis más sinceros amores.
Quiero que caminemos bajo estrellas andinas,
con la luna alumbrando nuestras sendas divinas;
que la lluvia nos moje, que el viento nos abrace,
y que el tiempo se detenga mientras mí corazón por tí late.
Quiero mostrarte las canas de mí madre querida,
sus oraciones benditas, sus luchas por la vida;
que conozcas de dónde nacieron mis sueños
y que sepas que en tus brazos quiero envejecer, mí cielo.
Mí obra bonita, mí estrella serrana,
quiero besar tus labios bajo la lluvia temprana;
sentir tú dulce aroma mezclado con la tierra
y amarte como el río que jamás abandona la sierra.
Y si Dios me regalara otra vida por vivir,
cruzaría mil montañas para volverte a elegir;
te buscaría entre eucaliptos, panisara y rocío,
¡hasta el viento andino sentiría celos de tú dulzura y de este inmenso amor mío!
Y si algún día me preguntan cuál ha sido mí obra,
qué sueño me enorgullece, qué amor mí vida transforma,
no hablaré de mis planos, mis diplomas ni mí gloria:
diré tu nombre, mí amor, porque eres mí más hermosa historia.
Porque tú eres mí calma, mí ilusión y mí suerte,
mí refugio en la lluvia, mí abrazo más fuerte;
y si existe otra vida después de esta existencia,
te amaré bajo las estrellas, respirando tú esencia.
¡Tú eres la obra más hermosa de mí vida,
mí perfume de los Andes, mí amor sin despedida!
Percy Merejildo Vega
«Barro Pensativo»