20-08-2026
Hace años que no escribo y no sé realmente que contarte. Es raro, quiero hablar, pero se me hace más difícil que antes, siento como si estuviera escribiendo para otras personas, siendo cuidadoso con mi redacción y ortografía, juzgándome a mí mismo con cada oración que pongo.
Antes te hubiera contado mis penas y cuanto deseo volver a verla. Por cierto, lo hice, la vi mientras trabajaba, ella iba con su abuela y me miró directamente. Sentí que se me congelaba el cuerpo cuando la tuve de frente, mi mente empezó a desvariar y saqué mi personalidad nerviosa que tanto detesto. Había tenido fantasías en las que tocaba la guitarra y cantaba canciones que le hacían sentir tristeza y nostalgia, mientras que yo tenía el control de la situación y sus sentimientos, pero la realidad no fue así. Solo me miró una vez y siguió caminando, nada más.
Sabes, sé que nadie más va a leer esto, pero lo seguiré escribiendo como si estuviera destinado para un público grande, un público que mi cabeza lo percibe más como gente cercana capaz de juzgarme directamente. Por lo que no te voy a describir mi trabajo y, bueno, no te voy a recordar quién es ella. Todavía no me hago a la idea de estar aquí y no quiero que algunas personas se enteren de como vivo, mi yo de hace años se avergonzaría. Para el público que está en mi cabeza, no se trata de nada ilegal.
Quisiera escribir mucho, como si esto fuera un libro, pero no puedo, no me salen las palabras y no sé cómo ponerme al día contigo después de tenerte olvidado tanto tiempo, quizás podría darte más vida, jugar con la idea de lo que eres, como si fueras un personaje de un libro, así puedo alargar nuestra conversación, o bueno, mi monólogo.
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No puedo pensar en ninguno que me guste, mejor te describo, tu nombre puede venir más adelante. Para mi público imaginario, él es una voz que viene a hablar conmigo cuando intento iniciar un diario de vida. Se siente como si fuera otra persona susurrándome dentro de la cabeza. Es crítico y me regañaba en mi adolescencia, me llegó a gritar imbécil y todavía tengo las hojas en donde está escrito con mayúsculas, pero es un gran apoyo para mantenerme escribiendo. Muchas veces, cuando le pregunto algo, respondo con no sé o se queda callado, escuchando mi interminable monólogo, como ahora.
Se me ocurrió un nombre para ti, no lo quiero escribir, me da vergüenza. Te llamas igual que yo, es lo que se siente mejor, cualquier otro nombre no eres tú.