Mi búsqueda laboral: cuando el pasado y las decisiones personales se usan para cerrarte puertas
Hoy quiero compartir con ustedes, de forma sincera, mi odisea buscando empleo en el sector salud durante estos últimos tres años.
Todo comenzó cuando renuncié a una clínica donde el maltrato psicológico, físico y emocional por parte de quienes se hacen llamar “profesionales” me llevó al límite. Logré superar esa etapa sin recibir apoyo de nadie, pensando que al salir de allí tendría la oportunidad de empezar de nuevo. Pero la realidad ha sido muy distinta.
He participado en múltiples procesos de selección donde mi experiencia encaja, mis conocimientos son válidos y tengo total disponibilidad. He aprobado pruebas psicotécnicas, entrevistas con psicólogos y llegado hasta la etapa final: la entrevista con el coordinador o jefe inmediato. Y es justo ahí donde todo cambia.
En ese momento, con actitud arrogante, despectiva y sin ningún rastro de empatía, surge la pregunta: “¿usted no ha tenido problemas por ser así?”. ¿A qué se refieren? A ser joven, a tener el cabello largo, a tener una apariencia que para algunos resulta agradable… o incluso a expresar claramente una decisión personal: no deseo tener hijos. Cosas que no tienen nada que ver con mi capacidad profesional, pero que se convierten automáticamente en puntos negativos.
Pero lo más doloroso ocurre cuando explico la razón de mi salida anterior: renuncié por mi salud mental y emocional, para protegerme. En lugar de entenderlo como una decisión valiente de cuidado propio, me etiquetan de inmediato como “persona no grata”. Parece que en el sector salud —tan grande y a la vez tan cerrado— no hay espacio para la empatía. Me juzgan, me tachan y me denigran sin detenerse a mirar mi trayectoria, mi disposición a aprender ni todo lo que puedo aportar.
Hoy levanto mi voz no solo por mí, sino por todas las personas que buscan trabajo y se encuentran con lo mismo: procesos donde en lugar de evaluar competencias, reciben comentarios que juzgan su forma de ser, sus decisiones o su pasado. Donde el final es siempre el mismo: un “no” rotundo o un silencio incómodo que significa la misma cosa: no te damos la oportunidad de superarte.
¿Acaso una situación difícil vivida antes, o una decisión sobre la propia vida, debe cerrarnos todas las puertas para siempre?