El pánico de moda dice que la IA está empeorando nuestra forma de pensar. Puede ser. Pero si quieres entender por qué tantos trabajadores jóvenes manejan apps con soltura y se quedan tan perdidos con los ordenadores, la IA no es lo primero que hay que mirar. La ruptura más profunda ocurrió antes, cuando los colegios y las instituciones decidieron que los estudiantes interactuaran con aparatos cerrados en lugar de con máquinas de verdad, como hicieron los Millennials.
La vieja alfabetización informática solía aprenderse a base de fricción y de putos pantallazos azules. Se aprendía pirateando música, crackeando videojuegos, descargando virus, intentando que Windows funcionara... Instalar algo y romper otra cosa. Mover archivos al sitio equivocado y no volver a encontrarlos jamás. Borrar archivos de sistema de Windows y sorprenderte cuando se rompía. Pelearte con los permisos. Recuperar un documento perdido. Hacer que una impresora funcione a fuerza de prueba y error. Nada de eso parecía educativo en su momento, pero obligaba al usuario a construirse una idea de la máquina como un sistema con capas, estados de fallo y lugares donde un problema podía estar de verdad.
Entra en escena el Chromebook
La era del Chromebook se llevó por delante buena parte de eso. Estaba diseñado para ser fácil. En Estados Unidos, los Chromebooks se convirtieron en la categoría de dispositivo dominante en la educación primaria y secundaria durante los años 2010, más o menos a fuerza de que Google los promocionó con dureza en los colegios y los subvencionó con dureza. Desde el punto de vista de un administrador, el trato es fácil de entender, ya que son dispositivos baratos y seguros. Gestión de la flota más sencilla. Despliegue más seguro. Más difíciles de romper para los estudiantes. Desde el punto de vista del estudiante, dan de sobra para Instagram, Youtube y similares. No para aprender de ordenadores, pero geniales para navegar. Geniales para Google. Los archivos casi no importan. Apenas instalas nada. Los permisos están ocultos. La resolución de problemas a nivel de sistema es cosa de otro. El ordenador deja de sentirse como un sistema en el que puedes hurgar y empieza a sentirse como una interfaz cerrada por la que se supone que debes navegar correctamente. Si pensabas que los Mac eran fáciles, un Chromebook te dejaría de piedra. Se venden por entre 100 y 200 dólares. El hardware cuesta MÁS que eso. Como siempre, un recordatorio de que cuando no ves el producto que vende una empresa, el producto eres tú. Google no te lo regala. Entrenan a los niños para que estén orientados a la web, no para que sepan de ordenadores.
Por eso el mito del nativo digital siempre sonó falso para cualquiera que haya visto a la gente usar ordenadores bajo presión. Una persona puede ir rapidísima dentro de las apps de trabajo y aun así no tener casi ninguna soltura con el sistema. Puede moverse entre apps sin tener ni idea de dónde vive en realidad el archivo, de por qué el inicio de sesión falla en una máquina y no en otra, o de qué probar cuando una herramienta deja de cooperar fuera del camino feliz. Lo he visto aparecer en el trabajo de formas de lo más corrientes: gente perfectamente competente dentro de herramientas SaaS pulidas que se bloquea cuando tiene que encontrar un archivo de log, comprimir bien una carpeta, resolver un problema de configuración local o razonar sobre dónde se está produciendo un fallo de permisos. Veo esto en compañeros de la Generación Z UN MONTÓN.
Entonces, ¿la culpa es de la IA?
Pues no, joder. La IA es una mierda, pero no tiene la culpa de esto. Lleva aquí como un año (de forma útil). La culpa es de los Chromebooks. Lo hicieron fácil y ahora los chavales no saben lo que es de verdad un ordenador. Que le den a Google. Sí, entiendo el marketing de "queríamos que cada niño tuviera un ordenador", pero está claro que se olvidaron de la parte del "ordenador" al diseñar los Chromebooks. ¿Por qué no podían ponerles un sistema operativo Windows? ¿Por qué esa estúpida versión de Android en un ORDENADOR?