Dando vueltas sobre el colchón, la medianoche saluda y es en mi cansancio donde por fin he logrado verla.
Ingenua, inocente, pura... rodeas mi mano con la delicadeza de quien cuida un vaso a punto de desbordarse, hundes tus dedos en mi piel, limpiandola de todo mal.
Dejas reposar mis manos, te acercas a mi rostro y me brindas de tu bendición: un beso.
Cual veneno de mi boca extraes tinta, intoxicada, no juzgas, solo la absorbes.
Enamorada, no sabía que podía ser tan feliz. Ríes al verme embobada, acaricias mi rostro caliente, te acercas a mi oído y me brindas de la verdad absoluta.
Tu cuerpo deja de resplandecer; tus manos dejan de acariciarme; tus besos dejan de ser el antídoto...
Te has vuelto reflejo.
El espejo se empaña y con ello mi cuerpo adolorido llora. Toso la tinta que me mantiene impura, quiero detenerme, más no puedo, no sola.
El corazón habla, de sus latidos surgen las palabras mágicas del ser puro que me ha bendecido, palabras que alguna vez me fueron inentendibles.
"Te amo".
Aún adolorida, sofocada, envenenada. La almohada se convierte en una medicina temporal convirtiendo la realidad en solo un mal recuerdo.