Si te fuera a ver,
callado, entre sombras,
no habría rincón
que lograra ocultarte.
Las ventanas podrían cerrarse,
pero las cortinas,
por más que tiemblen,
no sabrían velarte del todo.
Eres otra capa,
otro pliegue del silencio,
tan profundo y esquivo
que a veces pienso
que ni Dios encontraría tu forma.
Te refugias en lo abstracto,
donde imaginar es tocar,
donde el color se vuelve sabor
y la luz titubea
antes de decidir dónde caer.
Y así eres tú:
tierno como un zorzal que despierta,
pero tan frágil
como aquello que persiste
aunque ya no pertenezca
a este mundo que se me borra.
Así eres tú,
como mi sombra y mi memoria:
una figura que me sigue,
sin que yo sepa
si es mía,
o si soy yo
quien camina detrás de ella.
Y a veces pienso
que cuando por fin te encuentre,
si aún queda una puerta
que puedas abrir,
tal vez descubra
que no te escondías…
que simplemente esperabas
en un lugar
cuyo nombre,
alguna vez mío,
y no sé recordar.