Hay días en los que me sobran las ganas de salir corriendo a buscarte.
De escribirte como si nada hubiera pasado. De preguntarte cómo estás, de contarte todo lo que me ha ocurrido, de volver a escuchar de ti y sentir por un momento que la distancia nunca existió.
Hay días en los que mi corazón parece olvidar todas las razones por las que decidí alejarme.
Y solamente recuerda cuánto te extraño.
Me dan ganas de buscarte, de acercarme, de intentar una vez más. Porque todavía hay una parte de mí que quisiera saber si tú también piensas en mí, si alguna vez te dan las mismas ganas de hablarme, si también miras el teléfono esperando encontrar un mensaje mío.
Pero entonces me detengo.
Y no es porque no quiera.
Es porque no tengo motivos suficientes para pensar que me haces falta.
No tengo esa certeza que necesito para dar el primer paso sin sentir que estoy caminando sola hacia alguien que quizá ya no está esperando por mí.
Porque puedo extrañarte muchísimo y aun así no saber si tú me extrañas.
Puedo pensar en ti todos los días y no significar lo mismo para ti.
Puedo tener mil cosas que decirte y, al mismo tiempo, entender que quizá tú ya no tienes nada que decirme.
Y esa incertidumbre es la que más me cuesta.
Porque cuando quieres a alguien, la esperanza puede ser muy peligrosa. Te hace interpretar cualquier pequeño detalle como una señal. Una canción, un recuerdo, una fecha, una coincidencia, incluso un simple “hola” puede hacerte imaginar que todavía existe una oportunidad.
Y yo no quiero volver a construir una historia completa a partir de pequeñas señales.
Ya aprendí lo que se siente esperar demasiado de alguien que no estaba prometiendo lo mismo.
Por eso, aunque me sobren las ganas de buscarte, también estoy aprendiendo a preguntarme algo que antes no me preguntaba:
¿Quiero buscarte porque tú también estás intentando encontrarme o porque simplemente te extraño?
Y la diferencia es enorme.
Porque extrañarte no significa que tenga que volver.
Quererte no significa que tenga que perseguirte.
Y recordar lo bonito que vivimos no significa que tenga que olvidar todo aquello que me hizo tomar distancia.
A veces quisiera que fuera más sencillo.
Quisiera tener una señal clara que me dijera que también me necesitas, que también piensas en mí, que si doy un paso tú vas a dar otro.
Pero no quiero inventarme esa señal.
No quiero convencerme de que me haces falta cuando quizá simplemente estás acostumbrándote a mi ausencia.
Y aunque admitirlo me duela, también tengo que aceptar que si realmente quieres que alguien esté en tu vida, no debería depender únicamente de que esa persona tenga el valor de buscarte una y otra vez.
Yo ya hice mi parte.
Ya dije lo que sentía.
Ya demostré que me importabas.
Ya intenté acercarme cuando todavía creía que había algo que salvar.
Ahora me toca observar.
No desde el orgullo.
No para castigarte con mi silencio.
Simplemente para descubrir si alguna vez también nace de ti esa necesidad de acercarte.
Porque esta vez no quiero ser yo quien siempre dé el primer paso.
No quiero volver a sentir que estoy intentando mantener viva una historia que solamente vive en mí.
Y sí, probablemente mañana vuelva a extrañarte.
Quizá pasado mañana también.
Tal vez haya noches en las que vuelva a mirar nuestras conversaciones y piense en escribirte.
Pero estoy aprendiendo a dejar que las ganas pasen sin convertirlas inmediatamente en acciones.
Porque no todo lo que siento tengo que hacerlo.
A veces puedo extrañarte y quedarme quieta.
Puedo quererte y no buscarte.
Puedo pensar en ti y continuar con mi vida.
Y quizá eso sea parte de sanar: aprender que sentir algo con mucha intensidad no siempre significa que debamos regresar al lugar donde lo sentimos.
Así que sí...
Me sobran las ganas de salir corriendo a buscarte.
Pero hoy me faltan razones para creer que tú también estás esperando que lo haga.
Y mientras esas razones no existan, prefiero quedarme aquí.
No porque haya dejado de quererte.
Sino porque finalmente estoy aprendiendo que también merezco sentirme buscada, elegida y extrañada.
Y si algún día realmente me haces falta, espero que no tenga que adivinarlo.
Espero que esta vez seas tú quien encuentre el camino hacia mí.