Mi abuela murió en marzo y me dejó la casa de Teusaquillo. Quien la cuidó fue mi tío Hernando. Se fue a vivir con ella después de la caída del 2020, durmió seis años en el cuarto de al lado, la llevó a cada cita y aguantó las noches malas, que fueron muchas. Yo iba los domingos y me quedaba dos horas.
Ella firmó ese testamento en 2023, con Hernando ya instalado en la casa y con la cabeza en su sitio. No fue un papel viejo que se le olvidó cambiar. Sabía perfectamente quién la estaba cuidando y aun así puso mi nombre.
Por qué lo hizo, no lo sé. En la familia circulan dos versiones y las dos dejan mal a alguien, así que no las repito. A mí no me explicó nada, y no le debía una explicación a nadie.
Hernando no ha pedido nada. El día de la lectura dijo "ella sabía lo que hacía" y se puso a recoger los pocillos. Tiene un apartamento en Kennedy que arrendó todos esos años, así que no queda en la calle. Sigue durmiendo en la casa, y ahora duerme ahí porque yo no le he dicho nada.
Enseñé historia treinta años repitiendo que los documentos existen para que los vivos no repartan según el cariño del momento. Me sale mal sostener eso cuando el documento me favorece a mí.
La casa vale más que todo lo que he ahorrado. Puedo pasársela mañana, y también puedo quedármela sin que nadie en la familia me lo diga en voz alta.
¿Ustedes qué harían: se quedan con la casa o se la pasan a Hernando?