EL EMPERADOR (IV)
Tan bueno para dar amor como para pintarlo todo de negro.
Tan fuerte como para soportar cada bota.
Cada palabra.
Tan honesto como para saber callar tantas verdades,
Y capaz de levantarse cada mañana con ellas.
A veces vestido de negro,
emanando el oro,
luciendo el naranja,
conectando al rojo,
caminando sobre el verde.
Tan capaz de darlo todo por una causa,
pero, si es necesario,
teñirlo todo de negro.
Tan cálido para saludar amablemente en todo momento.
Tan amargo como para no dirigir ni siquiera la mirada.
Consciente para olfatear la fidelidad.
Despierto para ver lo falso.
Audaz para dar la espalda.
Sabio para no decir palabra.
Cada derrota la recuerda con lucidez.
Cada victoria lo ha vuelto perceptivo.
Su piel y sus venas son cuero duro.
Su corazón, de acero.
Porta un traje distinto para cada batalla.
Al igual que una espada;
Cambia de estrategia según la ocasión lo demanda.
Su voz es el trueno del azul celeste.
Su mente, el misterio del violeta.
Su cabello, el resplandor del blanco.
Su mano, cuando es necesario, lo pinta todo de negro.