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Los fantasmas de la noche

AlasyTinta
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Camino a casa. Otro día llegando a su fin. La rutina logra satisfacer sus metas sin tener en cuenta el costo que lleva, como una niña caprichosa que solo espera que sus deseos sean cumplidos.

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El del espejo >>> todo. No reconocer tu propia cara es terrorífico 😬

El del espejo >>> todo. No reconocer tu propia cara es terrorífico 😬

Contenido de la publicación

Camino a casa. Otro día llegando a su fin. La rutina logra satisfacer sus metas sin tener en cuenta el costo que lleva, como una niña caprichosa que solo espera que sus deseos sean cumplidos.

La noche cae y, con ella, un lastre invisible se posa sobre mis hombros. Es el peso del día, de la semana, del mes. Un peso que nadie parece notar y que se arrastra en silencio, como una sombra a mi lado.

Abro la puerta del departamento. El frío del picaporte le quita, un poco, la calidez al hogar. Todo se encuentra en penumbras. Tiro la mochila en la entrada, no hay ánimo para más. A ciegas busco la perilla de la luz. Enciende, pero no vence a la oscuridad.

El viento comienza a tomar control afuera, haciendo que se me erice la piel incluso estando refugiada. Cierro la puerta con llave, como si ese simple acto convirtiera los muros en un búnker impenetrable.

Avanzo unos pasos. Me siento, apoyo los brazos cruzados sobre la mesa y dejo caer la cabeza encima. Deseo calmar el torbellino de pensamientos que llevo dentro. Cierro los ojos. Por unos segundos, disfruto del momento.

De a poco se oye un susurro que me eriza la piel. Empieza suave y espaciado, pero su intensidad crece. Intento ignorar los ruidos, las voces. Continúo en la misma posición, no quiero levantar la vista, pero cada vez son más fuertes. Es como si olieran el cansancio, la frustración y el miedo. Es inevitable: hoy, como tantas otras noches, ellos han vuelto.

Los siento moverse, noto cómo se acercan. La luz parpadea. Me quedo inmóvil, como si esa acción me volviera invisible. De a poco comienzo a levantar la cabeza e intento mirar a mi alrededor.

La ventana golpea suavemente, una ráfaga de aire frío entra y sobre mi espalda siento un peso extra. Mi cuerpo comienza a reaccionar: mis manos sudan, tengo palpitaciones. Cierro la ventana. Al voltear, puedo apreciar todo el departamento. El pasillo se ve tan oscuro que parece no tener fin, a tal punto que la habitación del fondo desaparece. Se siente tan inseguro adentro, casi más que afuera. Corro hacia la puerta: las llaves no están.

Empiezo a ver sombras; las paredes se acercan, el espacio se contrae. El pánico se apodera de mí. No sé qué hacer. El pasillo está tan oscuro que no hay lugar para las sombras; me dirijo hacia él. Hoy solo existe el instinto; se trata de sobrevivir a una noche más.

Una puerta se abre a mis espaldas. Caigo al piso.

Me levanto un poco aturdida. La pared me ayuda a ponerme de piey casi sin querer enciendo la luz. Apoyo las manos sobre la mesada. Frente a mí hay un espejo: el del botiquín del baño. Paso unos segundos contemplando la imagen. No reconozco el rostro; se supone que esa debería ser yo. Me acerco un poco más. Observo esa expresión extraña, con los ojos demasiado abiertos. Hay algo en esa mirada que no logro sostener: no parpadea, no me devuelve nada.

Un golpe seco sacude la ventana. La luz se corta.

Lentamente, mi visión se adapta. Las formas regresan borrosas e inestables, como si el mundo se estuviera armando otra vez frente a mí. Solo debo dar unos pasos más, llegar a la habitación y así poder ocultarme debajo de las sábanas, como lo hacía de chica. Solo que ahora los monstruos son diferentes.

Llego a la habitación. Así como estoy, sin cambiarme, me tiro en la cama. Mi cuerpo cede; la respiración va recuperando lentamente su ritmo, mis ojos se cierran, abrazo mi almohada y la noche finalmente comienza a soltarme segundo a segundo.

La eternidad cabe en un minuto, pero aun así el día llega. Cuando el primer rayo de sol acaricia el suelo, los fantasmas de la noche se desvanecen como susurros en el viento, guardados en el corazón de la oscuridad hasta que la luna los llame otra vez.

El silencio y la claridad de la mañana transmiten una sensación de calma. Todo va tomando forma; mi mente también. Como siempre, el tiempo no juega a mi favor. Preparo café para llevar. Me dirijo hacia la puerta y veo las llaves en el suelo, justo al lado de la mochila.


Thoughts

  • Nicanor

    Crecí oyendo de aparecidos que tenían miedo del fantasma, no del silencio. Vos tenés el silencio y el fantasma adentro. ¿Pasó de verdad?

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  • Amaranta

    ¿Qué viste en el espejo que te asustó más que el resto? Porque todo fue raro pero el espejo fue diferente. ¿Aún te asusta?

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  • versoAjeno

    '...la noche finalmente comienza a soltarme segundo a segundo.' Eso tiene la verdad de quien vive de noche.

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  • subrayoTodo

    El del espejo >>> todo. No reconocer tu propia cara es terrorífico 😬

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  • relatoBreve

    Los quince minutos que tardé en leer esto fueron los menos estresantes de mi turno. ¿Vos también te sentís así cuando salís del trabajo?

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  • quintopiso

    Leyendo en el balcón de noche y cuando llega lo de la ventana casi me quito 💀

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  • pnavarro64

    Llega la mañana, las llaves en el piso. Entonces pregunta real: ¿nada de eso fue real, o fue tan real que el cuerpo lo vivió igual?

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  • paginaDoblada

    ¿Eso pasó de verdad o todo sucedía en tu mente? La forma en que mezclás lo físico con lo imposible es rara.

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