Saltar al contenido
Cargando…

LOS DESPERTADOS : EL UMBRAL DE LOS MUNDOS

ASantib93
Pensamiento

Pensamiento

ASantib93

Okey muchas gracias si estoy terminando el episodio 4 y pulie do un par cosas más ahí les dejare el episodio 3 ya luego :)

Okey muchas gracias si estoy terminando el episodio 4 y pulie do un par cosas más ahí les dejare el episodio 3 ya luego :)

Contenido de la publicación

PRÓLOGO

El hombre que borró el cielo

La primera vez que Odran Veyr vio morir un continente, tenía diecisiete años.

No hubo terremotos.

No hubo océanos devorando ciudades ni volcanes cubriendo el horizonte de ceniza.

El continente simplemente desapareció.

Odran observó desde una plataforma de cristal mientras miles de millones de

pequeñas luces se apagaban al otro lado del océano. En el cielo, una estructura

circular, tan gigantesca que ocultaba las estrellas, comenzó a girar lentamente.

Una voz habló detrás de él.

—El séptimo sello ha fallado.

Odran no se volvió.

—¿Cuántos quedan?

—Ocho.

—¿Y cuando fallen todos?

La figura que estaba detrás de él tardó demasiado en responder.

—Entonces, aquello que duerme debajo de los mundos despertará.

Odran cerró los ojos.

En el reflejo del cristal vio su propio rostro, todavía joven, todavía humano. A su lado,

el reflejo de la figura no tenía rostro alguno.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—No lo sabemos.

—Entonces tendremos que fabricar tiempo.

Odran abrió los ojos y contempló el lugar donde antes había existido un continente.

Fue en ese instante cuando tomó la decisión que cambiaría el destino de millones de

personas.

Construiría una prisión.

Llenaría sus muros de acertijos, sus pasillos de monstruos y sus puertas de pruebas

imposibles.

Y encerraría en ella a todos aquellos que pudieran descubrir la verdad.2

Porque si alguien llegaba al otro lado del último sello, no encontraría la libertad.

Encontraría la guerra.

Y, por primera vez en miles de años, el Arquitecto sintió miedo.

No de lo que estaba despertando.

Sino de la posibilidad de que alguien consiguiera detenerlo.

CAPÍTULO 1

Despierta, Proyk Zila

Proyk Zila despertó con una moneda de hierro entre los dientes.

No sabía cómo había llegado allí.

Tampoco sabía dónde estaba.

Lo primero que sintió fue el frío. Un frío húmedo, profundo, que parecía haberse

instalado directamente en sus huesos. Lo segundo fue el olor a tierra mojada. Lo

tercero, una voz que gritaba su nombre desde algún lugar situado a su izquierda.

—¡Proyk! ¡Proyk, despierta de una maldita vez!

Abrió los ojos.

El cielo era blanco.

No gris, no nublado, no cubierto por una niebla espesa.

Blanco.

Como una hoja de papel colocada sobre el mundo.

Proyk se incorporó de golpe y escupió la moneda.

—¿Qué demonios…?

—Buenos días para ti también.

Newt Hemlock estaba sentado sobre una piedra, con los pantalones embarrados, una

herida en la ceja y la expresión de alguien que acababa de descubrir que su vida había

empeorado considerablemente.

Proyk se llevó una mano a la cabeza.

—¿Dónde estamos?

—Excelente pregunta. Llevo haciéndomela desde hace veinte minutos.

—¿Qué pasó?

—Otra excelente pregunta. Si consigues una tercera, quizá podamos ganar algún

premio.

Proyk lo miró.

Newt sonrió durante un instante, pero la sonrisa desapareció cuando vio que su amigo

no estaba bromeando.

—No lo sé —admitió—. Estaba en mi habitación. Escuché un ruido, las paredes

comenzaron a vibrar y después… nada. Desperté aquí.

Proyk observó sus manos.

Tenía barro debajo de las uñas. Una pequeña cortadura cruzaba su palma derecha.

Llevaba la misma ropa con la que se había acostado la noche anterior, pero su

chaqueta estaba desgarrada en el hombro.

Y había algo más.

Una línea negra recorría la piel de su muñeca izquierda.

Parecía un tatuaje formado por tres círculos incompletos.

Intentó frotarlo.

No desapareció.

—Newt.

—Si vas a preguntarme si también tengo una marca extraña, sí.

Newt levantó su brazo.

Sobre su muñeca había aparecido un símbolo semejante a una flecha que se doblaba

sobre sí misma.

—Esto no estaba aquí ayer —dijo Proyk.

—Te agradezco la aclaración. Por un momento pensé que me había levantado con un

dibujo decorativo.

Un grito interrumpió la conversación.

Ambos se volvieron.

A unos veinte metros, una muchacha intentaba apartar una placa de piedra que le

aprisionaba una pierna.

Angie Blackburn.

Proyk corrió hacia ella.

—¡No la muevas! —gritó Angie cuando él se acercó—. Creo que tengo algo roto.

Proyk se arrodilló junto a la placa. Newt llegó unos segundos después.

—¿Puedes mover los dedos? —preguntó Proyk.

—Sí.

—¿Sientes dolor cuando intentas mover el tobillo?

—¿Tú qué crees?

—Que estás de mal humor.

—Entonces tu capacidad de observación sigue funcionando.

Newt soltó una carcajada breve.

Proyk examinó la placa. Era demasiado pesada para levantarla entre los tres y no

había suficiente espacio para introducir las manos por debajo.

Buscó algo que pudieran utilizar como palanca.

Encontró una barra metálica medio enterrada en el barro.

—Newt, necesito que la metas debajo de esa esquina.

—¿Y tú?

—Voy a levantar la piedra.

Newt lo miró como si acabara de escuchar la peor idea de la historia.

—Por supuesto. Porque tú, con tus brazos de escribano, vas a levantar una piedra que

pesa más que nosotros tres.

—¿Tienes una idea mejor?

—Tengo varias. Ninguna incluye morir aplastado antes del desayuno.

Pero colocó la barra.

Proyk apoyó las manos en el borde de la placa. Angie contuvo la respiración.

—A la cuenta de tres —dijo él—. Una… dos…

La piedra se movió.

Los tres se quedaron inmóviles.

Proyk volvió a empujar.

La placa se deslizó varios centímetros, como si alguien hubiera retirado una parte de

su peso.

Newt miró a Proyk.

—¿Has hecho eso tú?

—No lo sé.

—Estupendo. Estamos atrapados en un lugar desconocido, tenemos símbolos en los

brazos y ahora nuestro amigo mueve piedras con la mente. Esto está mejorando por

momentos.

Entre ambos consiguieron liberar la pierna de Angie.

Ella se incorporó con dificultad y apoyó una mano en el hombro de Proyk.

—Gracias.

—No fue nada.

—No he dicho que no fuera nada. He dicho gracias.

Proyk sonrió.

Por un momento, el mundo volvió a parecer normal.

Entonces Angie dejó de sonreír.

—Chicos.

Miraba hacia el horizonte.

Proyk siguió su mirada.

Y comprendió que no estaban en un bosque, ni en un campo, ni en ningún lugar que

hubiera visto antes.

Se encontraban en el fondo de una depresión gigantesca, rodeada por murallas negras

que se elevaban hasta perderse en el cielo blanco.

Torres de piedra sobresalían de las murallas como agujas rotas. Pasarelas suspendidas

conectaban edificios sin ventanas. En la distancia, varias estructuras circulares

giraban lentamente alrededor de una torre central.

Y en el centro de todo había una ciudad.

Una ciudad entera construida dentro de un agujero.

Proyk se levantó despacio.

—Eso no puede existir.

—Pues existe —respondió Newt—. Y tengo la sospecha de que estamos en el peor

barrio.

Angie señaló algo a sus espaldas.

A unos metros de donde habían despertado se encontraba una puerta de piedra.

No estaba instalada en ninguna pared.

Permanecía de pie, aislada en medio del terreno, sostenida por dos pilares cubiertos

de símbolos.

La superficie era lisa, salvo por nueve círculos grabados alrededor de un emblema

central.

Ocho estaban apagados.

El noveno brillaba con una luz azulada.

Debajo había una inscripción.

Proyk se acercó.

Las letras parecían antiguas, pero pudo leerlas con una claridad inquietante.

BIENVENIDOS A NÁRVETH.

LA CIUDAD OS HA ESPERADO.

Y, debajo de aquellas palabras, una segunda inscripción comenzó a aparecer

lentamente.

TRES HAN DESPERTADO.

UNO DE ELLOS NO DEBERÍA EXISTIR.

Newt dejó de bromear.

Angie retrocedió un paso.

Proyk sintió que algo se movía debajo de su piel, justo donde estaba el símbolo negro.

Entonces escucharon una campana.

Una sola nota grave, tan profunda que hizo vibrar la tierra.

Desde las torres comenzaron a encenderse luces.

En las murallas aparecieron figuras humanas. Algunas llevaban armaduras; otras,

túnicas oscuras. Todas observaban a los tres muchachos.

Y sobre la ciudad, una voz surgió de ninguna parte.

—Habitantes de Nárveth. El ciclo ha comenzado.

La voz era serena, casi amable.

—Hoy recibiremos a tres nuevos despertados. Uno será clasificado. Otro será puesto a

prueba. Y el último…

Hubo una pausa.

Proyk sintió que la puerta lo observaba.

—El último deberá ser eliminado.

Las murallas se iluminaron de rojo.

Una multitud comenzó a gritar desde la ciudad.

Newt agarró a Proyk del brazo.

—Dime que eso no se refiere a nosotros.

Angie contempló las marcas de sus muñecas.

—Creo que se refiere a uno de nosotros.

Proyk volvió a mirar la puerta.

En el centro del emblema había aparecido una palabra que antes no estaba allí.8

Su nombre.

PROYK ZILA.

Y debajo, una última frase.

RANGO CERO: ERROR DE CREACIÓN.

La puerta se abrió.

Al otro lado no había una habitación.

Había un abismo lleno de estrellas.

Y, desde algún lugar situado al fondo de aquella oscuridad, alguien pronunció una

frase que solo Proyk pudo escuchar.

«Por fin has regresado, hijo del primer mundo».

Thoughts

  • ASantib93

    Okey muchas gracias si estoy terminando el episodio 4 y pulie do un par cosas más ahí les dejare el episodio 3 ya luego :)

    Permalink
  • Ovid

    Empezar con Odran a los diecisiete viendo apagarse un continente y después saltar a tres chicos en el barro es como arrancan las sagas que más he disfrutado: primero el desastre grande y luego la gente pequeña. Apuesto a que Odran y la voz del abismo se van a encontrar pronto. ¡Gracias por traerla aquí!

    Permalink
  • cascarita

    Me lo leí de un tirón y el prólogo con Odran me dejó más intrigado que el capítulo mismo. Si él armó la prisión para que nadie llegue al último sello, y la voz del final le dice a Proyk que por fin regresó, entonces Proyk ya estuvo del otro lado alguna vez. Mi apuesta: Proyk es un pedazo de eso que duerme debajo de los mundos, y por eso la puerta lo marca como error de creación.

    Permalink

Related posts

  • La asfixia del mundo

    Es una noria macabra, una rueda de molino estúpida que siempre, sin excepción, me devuelve al mismo punto de partida: a la nada más absoluta.

  • La insolencia de la vergüenza

    Hablemos de la vergüenza de sus manos sujetando las mías mientras desfilaba otro grupo de mujeres, de esas presencias insolentemente hermosas que bastaban para disipar el simulacro, y de cómo fue…

  • "SOY.."

    Soy ese sol que al levantarse sueña con lo inalcanzable que es besar la luna. Soy ese sueño que jamás admitirás aunque tu piel arda de ansiedad por estar conmigo. Soy el pecado que nunca confesaras…

  • "ERÉS.."

    Es el brillo de tus ojos es tu ternura al besar son tus tiernas caricias que me dan seguridad. Todo lo que creía perdido, contigo lo encontre eso me hace quererte eso me hace vivir eso me hace…

  • Untitled post

    PRIMER AMOR Compatibles ajenos, llantos cálidos, sosegados, campanas salvavidas en un mar de palabras. Sonrisas cómplices del entendimiento, pétalos podridos de dulzura, frágil caparazón tortuoso. Miradas ebrias de osadía, parpadeos carentes de agonía, defectuoso ciclo adictivo, distancia vecina, reincidente. Te amo.

  • El hilo rojo

    Hola gente les dejo , la canción y el poema que le hice a mi pareja cuando cumplimos 20 años juntos.

  • "MI VIDA ENTERA"

    Cada día cada noche cada instante en cada hora busco por lo menos aun que sea encontrarme con tu sombra. Ella me envuelve aunque tu no quieras me regala un beso me abraza mas no me deja a la espera…

  • Kizuna (絆)

    Honey, usted sabe

Pública 3 conversaciones 6 pensamientos 22 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

PRÓLOGO El hombre que borró el cielo La primera vez que Odran Veyr vio morir un continente, tenía diecisiete años. No hubo terremotos. No hubo océanos devorando ciudades ni volcanes cubriendo el…

En grupos