En la vida todo pasa, todo cambia y todo acaba. Sin embargo, nos hemos tomado el ritmo del mundo tan en serio que dejamos en el olvido la bonita infancia y la educación que se tenía antes.
Es muy triste ver que ya no hay niños jugando en las calles como los de antes:
Jugando a la pelota o andando en bicicleta.
Corriendo a las escondidas.
Disfrutando del "bebeleche" (el avioncito) o el bate pateado.
Esos fueron muchos de los juegos con los que tuve la fortuna de crecer. Hoy en día, la realidad es muy diferente. Ya no es tan fácil dejar salir a nuestros hijos a jugar con la tranquilidad de antes debido a la delincuencia que se vive. Pero el problema va más allá: hoy vemos a niños con tortícolis, inclinados por pasar horas viendo una pantalla.
Y seamos honestos, no son solo ellos; también nosotros como adultos sufrimos de tortícolis y vivimos la vida a través de un reflejo digital, desperdiciando lo bello del mundo real.
¿Habías pensado sobre este tema antes?
¿Te has preguntado qué consecuencias trae?
¿El internet es el culpable de nuestras desgracias?
He escuchado en mi propia casa que tantas cosas malas que se viven hoy son por culpa del internet. Sinceramente, respeto esa opinión, pero no la comparto. Para mí, culpar a la tecnología no es algo nuevo: los seres humanos siempre buscamos culpar a los demás o a factores externos para no hacernos responsables de nuestras propias vidas. Justo esa falta de responsabilidad podría ser la verdadera raíz del caos actual.
El internet es una herramienta valiosísima para el bien, siempre y cuando sepamos usarla y establecer límites sanos. El verdadero peligro aparece cuando la tecnología se convierte en un sustituto de la crianza.
La pantalla como niñera y el vacío educativo
Usar las pantallas como "niñeras" para no batallar con los hijos no debería ser una práctica ni una costumbre en nuestras vidas. Las consecuencias de esto son graves:
Daño mental en el desarrollo de los niños.
Poca convivencia en el hogar.
Ruptura del vínculo familiar, llegando al extremo de no conocer a nuestros propios hijos.
La educación académica también se ve afectada. Al tener toda la información a la mano con un solo clic, les quitamos a los jóvenes la importante tarea de buscar, leer y alimentar el cerebro con lo que realmente lo nutre. Reemplazamos las libretas por pantallas y las bibliotecas por internet.
Es verdad que este cambio se aceleró por una pandemia en su momento, pero esa etapa ya pasó. Es tiempo de retomar los buenos hábitos de antes y conservar lo mejor de la tecnología, pero bajo límites estrictos.
Atesorar lo real
Los tiempos cambian, pero hay valores y costumbres que debemos atesorar y traer a nuestro presente. Aunque algunos las vean como ideas viejas, anticuadas o demasiado ortodoxas, eran prácticas que nos permitían llevar una vida real y no una vida contenida a través de una pantalla.