Quiero dejar de sentir,
callar este ruido que soy.
Me pesan cosas que no se ven
y no sé cómo soltarlas.
Busco alivio en lo que quema,
en el humo, en olvidar,
en líneas que prometen calma
y en noches que no quieren acabar.
Por un momento no duele,
pero siempre vuelve más.
Me hace feliz y me rompe,
me calma y me deja peor,
me engaña con paz prestada
y después me cobra el doble dolor.
Hay días donde no me reconozco,
donde el espejo no soy yo,
solo alguien cansado huyendo
de todo lo que ya sintió.
El humo me abraza lento,
me dice que todo está bien,
pero al irse deja un vacío
más grande que el de ayer.
Y lo fuerte se vuelve débil,
y lo claro se vuelve gris,
y aunque jure que es la última,
siempre termino aquí.
Ojalá un día no necesite
romperme para estar mejor,
ni apagarme en lo que mata
para sentir algo de calor.
Ojalá un día me alcance
con solo existir sin dolor,
sin tener que huir de mí mismo
para sentirme mejor.