Hoy es 29 de junio de 2026, la 01:12 de la madrugada.
Me encuentro, como casi todas las noches, encerrado en mi cuarto, habitando mis propios pensamientos. Hace unos meses esos mismos pensamientos me devoraban vivo, llenos de críticas feroces y vergüenza hacia mi persona. Pero estas últimas semanas han sido distintas… aunque todavía busco la perfección extrema en mí.
Conocí a una chica. Rara vez escribo sobre lo que me sucede, pero esta vez no pude evitarlo. Se llama Lara.
Es una chica común, dirían muchos, incluso dirán: ¿qué le viste a esa mujer tan corriente?
Les contestaría con honestidad: tal vez sea su forma de hablar, esa dulzura despreocupada que parece no necesitar la aprobación de nadie. O quizá sean sus ojos, penetrantes como flechas envenenadas que atraviesan el centro de mi pecho como si fuera papel. O su figura, alta, casi rozando el cielo, con cabellos rubios y un cuerpo tan delgado que parece que un simple soplo podría derrumbarlo como una torre de naipes.
La verdad es que no sé exactamente qué le vi. Solo sé que ahora es prisionera de mis pensamientos. Ocupa gran parte de mi mente, sacando a la luz vergüenzas que creía enterradas y alimentando aún más esa voz crítica que me habita.
Sé que muchos se reirán y dirán que exagero, que no es para tanto.
Pero yo les pregunto: ¿no creen que sí es para tanto? ¿No es profundo sentir con esta intensidad a una mujer que conocí hace tan poco?
Ilusos del amor verdadero, ilusos de la mente y de las pasiones.
Me reiré de ustedes, señores. Me reiré porque, sin saberlo, terminarán dándome la razón.