Saltar al contenido
Cargando…

Lina

levij
Pensamiento

Pensamiento

Anselma

Menos de un minuto y le duró toda la vida. En el 74 yo también tuve un muchacho así, de los que una mira desde lejos y nunca le habla.

Menos de un minuto y le duró toda la vida. En el 74 yo también tuve un muchacho así, de los que una mira desde lejos y nunca le habla.

Contenido de la publicación

El amor que nunca pronuncié

Vuelvo a aquella tarde lejana,
cuando un rayo de luz,
filtrándose tímido por mi ventana,
se convirtió en tu mirada
y, sin pedir permiso,
se quedó para siempre en mi alma.

Fueron apenas unos segundos,
menos de sesenta, quizás,
pero bastaron para detener el mundo
y enseñarme que el corazón
puede aprender a amar
antes de saber lo que es amar.

Mis manos sudaban de miedo,
mi pecho ignoraba el sosiego,
y tú, con tu largo cabello negro,
liso como la noche sin estrellas,
dejabas que la brisa jugara con él
mientras tu figura,
entre la inocencia de una niña
y el despertar de una mujer,
se dibujaba ante mis ojos
como la más hermosa de las promesas.

Tus ojos…
¡Ah, tus ojos!

Tenían el color de la miel recién nacida,
la dulzura secreta de lo inalcanzable
y el fulgor de una llama encendida.
Bastó contemplarlos una sola vez
para que el tiempo los hiciera eternos
y mi memoria, su cautiva para siempre.

Y aquella sonrisa…
dulce veneno que no mata,
pero que deja una herida
donde la nostalgia se instala
y el recuerdo nunca se acaba.

No sé si fue amor,
si fue un sueño vestido de verdad
o una de esas misteriosas señales
que la vida nos concede
y después nos arrebata
sin siquiera explicarnos su voluntad.

No buscaba un deseo pasajero,
ni una fantasía de esas que el tiempo deshace;
yo quería detenerme en tu universo,
perderme en tus ojos
y encontrar en ellos un lugar
donde la eternidad comenzase.

Porque hay personas que llegan
sin tocar jamás nuestras manos,
y aun así nos transforman la vida;
personas que pasan como el viento
y se quedan como una herida,
como la sal abrazada a las aguas,
como la luna aferrada a la noche,
como dos mundos que, sin comprenderse,
comparten un mismo horizonte.

Mis ojos, cansados y marchitos
a pesar de mi corta adolescencia,
aquella noche encendieron su luz
como un cocuyo perdido en la oscuridad.
Y desde entonces, cada insomnio
me devuelve a aquel instante,
a esa felicidad fugaz
que no supe nombrar
pero que jamás pude olvidar.

No necesité tenerte cerca
para imaginar tu aroma,
ni rozar tu piel
para soñar que entre la tuya y la mía
existía una geografía invisible,
un lenguaje sin palabras,
una atracción silenciosa
que desafiaba las distancias
y confundía los límites del alma.

Todavía recuerdo tu giro hacia mí,
aquella sonrisa leve,
ese instante suspendido
en el que quizá no ocurrió nada
para el mundo,
pero en mi universo
lo cambió todo para siempre.

Desde entonces,
las noches tienen algo de ti.
A veces, cuando la lluvia enfría los cristales
y las cobijas guardan el calor del cuerpo,
tu recuerdo vuelve despacio,
como un arrullo que acaricia el silencio,
y mi corazón, desobediente al tiempo,
despierta creyendo que aún puede verte.

Una sola imagen…
Eso fue todo lo que me dejaste.
Una imagen pequeña para el mundo,
inmensa para mi memoria;
un instante que no tuvo despedida,
un capítulo que nunca fue escrito,
pero que mi alma convirtió en historia.

Si el tiempo fuera un camino de regreso,
si los años pudieran desandarse,
pagaría con todo lo que me queda
por volver a aquella tarde,
por detener el reloj en tus ojos,
por convertir aquellos segundos
en años enteros de mi vida.

Nunca pronuncié tu nombre
con la verdad que guardaba mi pecho.
Quizá jamás supiste
lo que despertaste en mí;
quizá mi silencio fue demasiado grande
para que pudieras escucharlo.

Pero aún creo que el alma tiene una voz
que no necesita palabras,
que existen miradas capaces de gritar
lo que los labios callan,
y que hay sentimientos tan profundos
que ni la distancia ni los años
consiguen arrancarlos de la memoria.

Por eso, aunque hoy seas lejanía,
aunque la vida haya seguido su curso
y nuestros caminos ignoren dónde termina el otro,
hay una parte de mí que todavía te busca
en los rincones secretos del recuerdo.

Y a veces me pregunto,
cuando la noche se vuelve interminable,
si en algún rincón de tu memoria
también sobrevive aquella tarde,
si alguna vez mis ojos regresan a los tuyos
como los tuyos regresan a los míos
en esta soledad interminable.

No sé si fui para ti
algo más que un rostro entre la gente,
pero tú fuiste para mí
mucho más que un instante.

Fuiste la primera llama
de un incendio que nunca hizo ruido;
la caricia que jamás recibí,
el beso que nunca pronuncié,
la historia que nunca vivimos
y, sin embargo,
la que más veces he vuelto a recorrer.

Mi lejano y tormentoso amor:

si alguna vez el viento te habla
con una nostalgia que no comprendes,
si una tarde cualquiera te estremece
el recuerdo de una mirada perdida,
quizá sea mi alma, todavía,
pronunciando en silencio tu nombre.

Porque hay amores que no necesitan un beso
para quedarse a vivir en la piel,
ni una historia compartida
para hacerse eternos.

Y tú…
tú fuiste aquellos sesenta segundos
en los que conocí la eternidad,
sin tocarte, sin tenerte, sin decirte nada…

y te quedaste para siempre
en el lugar de mi alma
donde el tiempo
jamás podrá olvidarte.

Thoughts

  • Nicanor

    Vaya tela, el cocuyo.

    Permalink
  • Anselma

    Menos de un minuto y le duró toda la vida. En el 74 yo también tuve un muchacho así, de los que una mira desde lejos y nunca le habla.

    Permalink

Related posts

Pública 0 conversaciones 2 pensamientos 14 votos positivos 0 votos negativos 0 series

He conservado la esencia de tus recuerdos, la intensidad de aquel primer instante y esa nostalgia de un amor que quizá nunca llegó a pronunciarse, pero que se quedó a vivir para siempre en el alma.…

En grupos