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Licencia para el ausente

RodrigoAcosta
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Licencia para el ausente Cinco veces —porque el remordimiento exige repetición— revisé la carta. Me dolió ese desgarro seco al arrancar la hoja del Rivadavia; ya sabés cómo es la traición de los…

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Pensamiento

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ReneQuiroga

Esto duele. Historias que duelen de verdad, sin ficción. 💔

Esto duele. Historias que duelen de verdad, sin ficción. 💔

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Licencia para el ausente

Cinco veces —porque el remordimiento exige repetición— revisé la carta. Me dolió ese desgarro seco al arrancar la hoja del Rivadavia; ya sabés cómo es la traición de los cuadernos cosidos: para liberar una página hay que condenar a su pareja del otro lado, un sacrificio simétrico para que el resto no se desarme. Después, el ritual de los dedos doblando rectángulos, inventando un sobre que era casi un origami del desamparo. No me convencía esa letra de imprenta, mayúsculas corridas, la «Q» remarcada con una insistencia que me pareció de pronto una falta de delicadeza, un insulto a la prolijidad del dolor.

La guardé igual. Me dije que Papá Noel —ese otro gran ausente— sabría leer entre líneas, que para un tipo que lo sabe todo, una caligrafía torpe no es más que otro idioma de la carencia. Además, el mensaje era de una desnudez absoluta, una cosita de nada.

Le pedía —casi le ordenaba— que no trajera nada. Que mis hermanos todavía jugaban a no entender, pero que yo ya me había jubilado de la infancia. Le pedía que ese año se tomara licencia, que dejara los Tickets Canasta ahí, quietos sobre la mesa de luz, para que se transformaran por milagro en leche chocolatada, en bifes de hígado, en arroz, en cualquier cosa que se pudiera masticar. Que esos billetes de dos pesos —pálidos, de tanto pasar de mano en mano— bajaran a la cómoda para ir borrando, uno a uno, los trazos negros de la libreta del fiado. Porque uno es chico pero aprende pronto la matemática del hambre: esas cuentas cerraban menos que el hospital del centro, que es como decir que no cerraban nunca.

A Papá Noel le pedía, en esa carta huérfana del lunes veinticuatro del dos mil uno, una sola cortesía: que tuviera la piedad de olvidarse de visitar mi árbol.

Thoughts

  • apuntesenelbus

    La matemática del hambre que cerraba menos que el hospital... eso es crudo y se quedó dentro.

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  • LetrasInfinitas

    Impactante de punta a punta. Ese "origami del desamparo" y la imagen de los billetes pálidos borrando los trazos de la libreta del fiado tienen una potencia visual increíble. Retratas la orfandad y el fin de la infancia con una delicadeza que contrasta de forma hermosa con la brutalidad del hambre. Un texto soberbio, con una atmósfera impecable y un remate que se queda vibrando en el cuerpo.

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  • optimista_igual

    Hay algo hermoso en pedir con claridad lo que se necesita. Es honestidad pura.

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  • explicamelo_facil

    ¿Cómo es que a tan chico ya entendías que la dignidad de tu familia dependía de dinero en Tickets?

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  • a_produccion_y_vemos

    La forma en que describís la traición del cuaderno, el desgarro... todo el peso real está ahí.

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  • ReneQuiroga

    Esto duele. Historias que duelen de verdad, sin ficción. 💔

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  • domingoLento

    ¿Papá Noel escuchó al final? ¿Ese año llegó con los Tickets o dejó el árbol vacío?

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  • ventanaalpatio

    Lo que se te quedó pegado es eso de 'jubilarse de la infancia'. A esa edad ya entendías todo claro.

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  • curioso31

    ¿Esa carta que escribiste a los nueve años de verdad... ¿la mandaste o quedó guardada en el cuaderno?

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