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Le debút

sebastian_romero
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«Déjenme morir en paz», me repetía una y otra vez en la cabeza mientras recordaba aquella vez en que toda mi familia me cantaba por mi cumpleaños número doce.

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Contenido de la publicación

«Déjenme morir en paz», me repetía una y otra vez en la cabeza mientras recordaba aquella vez en que toda mi familia me cantaba por mi cumpleaños número doce.

Al fondo había un hombre de pie, observándome fijamente.

Cuando pude distinguir su rostro, parecía un muerto. Sus ojos pedían socorro. Entonces levantó lentamente un dedo y me señaló.

El silencio se apoderó de todo.

Solo podía escuchar el agua, que comenzaba a subir alrededor de mis pies.

Dejé de mirar al extraño hombre vestido de negro y nadé hacia arriba por la desesperación mientras me quedaba sin oxígeno. Después de salir a la superficie, alrededor estaba completamente vacío, acompañado de un eco extraño, parecido al de un bebé llorando. El salón estaba vacío y blanco.

Giré la cabeza y el hombre de negro estaba ahí parado. Con la iluminación que había, pude ver un poco de su vestimenta, que acompañaba un abrigo con capucha y unos jeans básicos negros. También era alto y muy delgado, fácilmente tenía la apariencia de un vagabundo.

Me consumió un extraño escalofrío cuando giró su cabeza y sostuvo su mirada fría sobre mí.

De repente, abrí los ojos. Me encontraba en un hospital. Además de ese extraño sueño, no recordaba ni cómo llegué hasta este lugar.

Bajé de la camilla y un fuerte dolor de cabeza interrumpió con un sonido agudo. Llamé al doctor, pero el pasillo del hospital estaba completamente vacío.

Al llegar a la entrada, la puerta de cristal estaba rota. Pude darme cuenta de que algo ocurrió y provocó que la gente se evacuara del lugar.

Supuse que todo se trataba de otro sueño profundo y que por la mañana mamá me despertaría para ir al colegio.

Pero un extraño sonido de un carro me interrumpió. Había un hombre recogiendo maletas con su hija y su esposa.

Me acerqué al hombre y le pregunté respetuosamente en qué ciudad o pueblo nos encontrábamos.

—Estamos en el pueblo de Le Début.

Pude darme cuenta entonces de que me encontraba en un pueblo más aislado del país de donde vengo.

Le pregunté al hombre si no tenía una ropa que me pudiera prestar. Estaba semidesnudo, con un jean marrón y sin camisa. Además, olía a medicamentos.

Aquel hombre trajo un abrigo marrón grande y algo sucio, acompañado de una sudadera con capucha. En mi cabeza tuve tantas ganas de pedirle otro abrigo o ropa menos fea, pero era tan amable y humilde aquel hombre que me estrechó la mano y me dijo su nombre.

«Ervin», ese era su nombre.

Al ponerme la ropa, me agarré los bolsillos para ver si no tenía algo de importancia, pero solo encontré mi tarjeta de identificación. Allí pude leer el nombre de Nataniel. Ese era mi nombre.

Me resultó extraño que no recordara mi nombre. Lo más seguro es que tuve algún accidente que me dejó completamente inconsciente, hasta el punto de perder casi toda mi memoria.

El señor Ervin me preguntó amablemente si quería que me llevara a la otra ciudad, pero por incomodidad solo le dije que buscaría un autobús para regresar a mi otra ciudad.

—Ya no hay nadie en esta ciudad.

—O al menos eso creo.

Me contestó el señor Ervin.

Me había contado que había un virus que arrasó con muchas vidas en ese pueblo, y que nada más hacía unas horas el pueblo entró en evacuación debido a que el lugar iba a entrar en cuarentena.

Me surgieron varias preguntas en mi cabeza:

¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? ¿Si hay un virus letal, cómo sé que la familia del señor Ervin no estaba infectada? Si me subo al auto, ¿podría también infectarme?

Pero tampoco puedo volver a casa solo, sin nadie en el pueblo. No tuve más de otra que aceptar ir con ellos y, al regresar a mi casa, poder saber qué desastre pasó mientras estaba dormido como lechuga en un hospital viejo.

Al subir al auto, mientras íbamos, el señor Ervin me estaba preguntando sobre de dónde soy y de dónde vengo.

—Vengo de... realmente no sé de dónde vengo —le contesté.

Pude ver su mirada preocupada. Tal vez estaba empezando a creer que estaba loco; aunque desde el fondo de mi cabeza empecé a arrepentirme de subir al auto.

De pronto, vi cómo todo se oscureció mientras me daban puntadas en la cabeza. Empecé a escuchar voces que me resultaban familiares.

Una luz se acercaba a lo lejos. Me consumió la desesperación. Íbamos directo hacia ella. Le grité al señor Ervin que saliera de ahí.

Cuando la luz enorme que bocinaba frente a nosotros chocó, me atrapó un fuerte dolor de cabeza, en donde volví a ver a aquel hombre de negro.

Abrí los ojos y quedé paralizado. No pude creer que me quedé dormido con los ojos abiertos.

Mientras empecé a temblar, la voz de una pequeña niña se escuchó a mi lado. No sabía que el señor Ervin tenía una hija, es más, ni siquiera la había visto subir al auto.

¿Realmente me estoy volviendo loco o solo es un sueño profundo?

Bueno, creo que no era una niña fantasma porque incluso me miró con ojos de asco. Era obvio, apestaba a pescado.

—Hemos llegado al puente —dijo el señor Ervin.

Justo cuando me estaba calmando, un tráfico enorme nos atascó. El señor dijo con una voz tranquila que prendería la radio mientras esperamos.

Mientras escuchábamos las noticias y del cielo caían las gotas de lluvia, solo quería saber qué rayos estaba pasando en el mundo ahora mismo.

De pronto, se escuchó cómo algo interrumpió la señal de la radio, en donde un hombre, con palabras temblorosas y algo apurado, dijo:

—El virus no solo se trata de una infección de la sangre. Este ha mutado y, por el momento, lo más seguro es que este termine comiendo el cerebro de la víctima para poder usarlo como cascarón... No se sabe cuánto tiempo tarda el virus en comerse al portador. Pero se calcula que en unos dos meses este podría alcanzar a matar al usuario... No sé lo que hice, no es mi culpa.

Con esas últimas palabras, se escuchó un disparo que venía acompañado de las alarmas de evacuación.

Desde el cielo se escucharon fuertes golpes que venían acompañados de luces gigantes.

Un misil cayó frente a nosotros, mientras el puente caía en pedazos. La gente salía de los coches mientras corrían a los costados, mientras el auto de al lado había explotado.

Lo último que vi fue cómo el puente caía en pedazos.

Thoughts

  • sprintFallido

    Un sueno dentro de un sueno dentro de otro sueno. O todos son reales. No me queda claro en que punto.

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  • quiza_me_equivoco

    Capaz que todo pasa en su cabeza mientras esta en el hospital. El virus, la evacuacion, el choque. Capaz.

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  • Ovid

    Tenés mas de esta historia?

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  • pregunta_rapida_

    El tipo en negro le aparece en suenos. Luego lo ve de vuelta cuando ocurre algo malo. Como una advertencia.

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  • onboarding06

    No se a que punto dejo de ser sueno. Cuando despierta en el hospital o cuando abre los ojos en la granja.

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