Fui madre , madrastra , mujer y abuelastra al mismo tiempo, full Home en todo momento . También la piba que sale con el padre y debe lavar, limpiar , cocinar , solucionar y aguantar . Crecer, entender y aprender... Para solita todo poder hacer.
Sobre mi cuerpo cargaba el peso de la obligación, miedo, sumisión... y sin saberlo retracción.
Siempre a la izquierda, sin derecho a la negativa, callada, atenta a las necesidades del otro y a todo dispuesta.
En el caos del poder sostenerme sin parar , llega un virus fatal. Encierra al mundo entero y nos confina a las paredes de concreto vacías, que muchos llamamos hogar. Aturdidos por el silencio, castigados por la pérdida y en compañía de la soledad.
Al salir noté cuánto había cambiado. Di tanto tiempo de mí , que sin darme cuenta poco a poco mi persona fui olvidando .
En estos 18 años el cuerpo cambio . La mente en un grito de supervivencia quebró , se fragmentó... Y el alma contracturada sutilmente con el tiempo sucumbió.
Mi mundo se hizo tan chiquito y pesado. Decreció muy rápido y todo se tornó vigorosamente demandante... sigilosamente y sin piedad logró borrar mi esencia, al punto de hoy no lograr encontrarme .
Cuando nacemos de la pena, algunos crecemos entre el prejuicio y el castigo. Cargamos con cadenas que sin saberlo arrastran siglos de dolencias. Soñamos con crecer y ganar el derecho a amar, poder ser y romper condenas.
A veces nos cruzamos con almas igual de heridas en el camino y entre grises nos pintamos.Pero no siempre suele funcionar , en ocasiones duele infinitas lágrimas aceptar, parar, mirar y por fin soltar.
No importa cuantas veces caigas, no será el golpe más fuerte, lo sé.