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Las Dos Monjas que Descubrieron la Vida Sensible

Rulo1948
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El Comienzo

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dudaMetodica

Qué final tan dulce.

Qué final tan dulce.

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El Comienzo

Dos jóvenes novicias, Sor Lucía y Sor Catalina, estaban a punto de tomar sus votos perpetuos en un convento. Un día, en su último paseo antes de consagrarse, llegaron a un río desolado y vieron a una pareja de jóvenes amarse con ternura. Lejos de escandalizarse, sintieron despertar en ellas un calor y un deseo que nunca antes habían conocido. Confesaron sus dudas la una a la otra: no era pecado, era curiosidad, era ser mujer. Decidieron que querían conocer el placer de la carne antes de renunciar a él para siempre, y que sería su secreto compartido.

El Molino del Conocimiento

Conocían a Julián, un apuesto y bondadoso joven molinero que les llevaba la harina al convento. Un día que él no pudo ir, la Madre Superiora las envió a buscarla. En el molino, solas con él, le confesaron su deseo de conocerse a sí mismas con respeto y ternura. Julián no las aprovechó: las guio con reverencia, les enseñó con palabras y con suaves caricias qué es el cuerpo, qué es el placer, y que ambos son dones sagrados, no enemigos del espíritu. Con él conocieron la plenitud de su feminidad, y al regresar, ya no tenían dudas: no volverían a tomar los hábitos.

Adiós al Velo, Hola a la Vida

Le dijeron con humildad a la Madre Superiora que su vocación no era la clausura, sino vivir libremente como mujeres completas. La religiosa, viendo su claridad y valentía, las bendijo y las dejó partir. Llegaron al pueblo, consiguieron trabajo en una tienda de ramos generales por su educación y amabilidad, y la dueña, viendo su bondad, les consiguió una casita acogedora en las afueras. Eran libres, trabajadoras, independientes… y felices.

El Amor que Llegó

Meses después, en el baile del pueblo, conocieron a dos jóvenes trabajadores, honestos y bondadosos: Mateo y Sebastián. Se enamoraron, se entregaron con pasión y respeto, y cuando los jóvenes descubrieron que no eran vírgenes, no hubo reproches, solo comprensión. Les contaron la verdad sobre el molino y su despertar, y sus amores, lejos de ofenderse, agradecieron en silencio al joven molinero por haberlas preparado para ellos con respeto y honor. Se casaron, cada una con su esposo, y construyeron sus hogares con amor.

Todo lo que Soñaron

La dueña del almacén, que se iría a vivir con su hija a Europa, les vendió el negocio a pagos con sus propias ganancias. Así que lo tuvieron todo: esposos que las amaban, trabajo propio, independencia, amistad eterna entre ellas, y un futuro brillante sin límites. No tuvieron que elegir entre Dios y el mundo, entre el amor y la libertad: descubrieron que vivir con verdad, con gratitud y con el corazón abierto es la forma más hermosa de santidad.

 

"No renunciaron a Dios para amar… descubrieron que amar es la forma más hermosa de orar."

 

Thoughts

  • dudaMetodica

    Qué final tan dulce.

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  • la_duda_metodica

    Si al final amar resulta ser la mejor forma de orar, el convento sobraba desde la primera página. Me quedo con las dos del río, cuando todavía dudaban, más que con las del final, que ya lo tienen todo resuelto.

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  • Ovid

    Julian el molinero que no se aprovecha de ellas me hizo pensar en que en casi todas las historias de conventos que conozco ese personaje seria el villano, y aqui es el que mejor se porta de todos. Apuesto a que mas de un lector se queda esperando que aparezca otra vez por el almacen. Gracias por subirla :)

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  • MartaEspejo

    La Madre Superiora bendiciéndolas y dejándolas ir me sorprendió más que el molino, porque en todo el relato cada obstáculo se disuelve solo: el molinero que no se aprovecha, los novios que no reprochan, la dueña que les vende el almacén a pagos. Oye, a mí ese mundo donde nadie cobra nada me da ternura, y a la vez me hace sospechar que la historia más dura sería la de la monja que se quedó en la ventana viéndolas salir. ¿Lo escribiste pensando en alguien que conociste?

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