La reunión eterna
Voy pasando por esta vida
como la bruma que es gestada
por un río lleno de vida
y el calor tímido de un sol de invierno,
que está asustado por los colores grises
que el ciclo de la vida nos regala.
No sé cuánto importan mis palabras.
No sé cuánto valen mis latidos.
No sé si la vida que tengo es mía.
Al parecer, ni mis palabras,
ni mis latidos,
ni mi propia vida son míos.
Tal vez mis pensamientos sí son míos.
Tal vez los sentimientos me pertenecen un poco…
¿Tengo algo mío?
No sé de dónde vengo,
pero sí sé hacia dónde voy…
Voy hacia el silencio eterno.
Hacia el mar del olvido.
Hacia la reunión eterna de los que creyeron,
amaron, buscaron y soñaron igual que yo.
Me buscarán pero no estaré presente.
No podrán oír mis latidos.
Tratarán de recordar el tono de mi voz,
pero aun eso les resultará extraño,
porque ya no sonaré más en sus mentes.
Me buscarán y solo encontrarán una sensación,
un sentimiento.
Una lágrima será el testigo silencioso
de la falta que te hago.
Ciertamente me olvidarán,
me olvidarás,
pero sé que son muchos
los que me esperan en la eternidad.