Hablar de nuestros niños, niñas y adolescentes es hablar del presente y del futuro del Perú. Sin embargo, detrás de las cifras y los discursos existen historias de vida que muchas veces permanecen invisibles: niños que crecen en hogares con dificultades económicas, adolescentes que abandonan sus estudios, menores expuestos a violencia, anemia, desnutrición, inseguridad, trabajo infantil, discriminación y falta de oportunidades .Nuestro país es diverso y lleno de posibilidades, pero no todos nuestros niños tienen las mismas oportunidades para crecer, aprender y desarrollar plenamente sus capacidades. Mientras algunos cuentan con acceso a una buena educación, alimentación adecuada, tecnología, espacios seguros y acompañamiento familiar, otros enfrentan diariamente carencias que condicionan su futuro.
Una infancia que necesita protección
La pobreza no significa solamente tener menos ingresos. Para un niño puede significar no tener una alimentación adecuada, vivir en una vivienda precaria, no contar con atención oportuna de salud, estudiar en condiciones deficientes o crecer en un entorno donde la violencia forma parte de su realidad cotidiana.
La anemia y la malnutrición siguen siendo una preocupación porque afectan el desarrollo físico y cognitivo durante etapas fundamentales de la vida. Pero también debemos mirar otros problemas que muchas veces no se ven: la salud mental, la soledad, la violencia familiar, el acoso escolar, la discriminación y la falta de espacios donde los niños puedan expresar lo que sienten.
Nuestros adolescentes también están en riesgo
La adolescencia es una etapa de cambios, descubrimientos y construcción de identidad. Sin embargo, muchos adolescentes peruanos enfrentan presiones y riesgos sin contar con el acompañamiento necesario.
La violencia, el embarazo adolescente, el consumo de sustancias, el abandono escolar, la delincuencia, la explotación y la falta de oportunidades educativas o laborales pueden cerrarles puertas que deberían estar abiertas.
No podemos exigirles que construyan un proyecto de vida si como sociedad no les ofrecemos las herramientas para hacerlo.
La educación debe ser una oportunidad real
La educación no puede limitarse a que un niño asista a la escuela. Necesitamos escuelas seguras, docentes acompañados y capacitados, familias involucradas y estudiantes que reciban apoyo cuando tengan dificultades de aprendizaje, problemas emocionales o situaciones de violencia.
También debemos preparar a nuestros adolescentes para la vida: desarrollar sus habilidades, fortalecer su autoestima, enseñarles a tomar decisiones responsables y brindarles orientación para continuar estudios, acceder a una formación técnica o incorporarse posteriormente al mundo laboral.
¿Qué debemos hacer?
La respuesta no puede ser responsabilidad exclusiva de las familias o de los colegios. Se necesita un trabajo articulado entre el Estado, los gobiernos regionales y locales, las instituciones educativas, los establecimientos de salud, las organizaciones sociales y la propia comunidad.
Debemos invertir en prevención y no solamente intervenir cuando el problema ya se ha agravado.
No podemos acostumbrarnos a la indiferencia
Cada niño que abandona sus estudios, cada adolescente que cae en la violencia, cada familia que no puede garantizar una alimentación adecuada y cada menor que crece en un ambiente de maltrato representa una responsabilidad que como sociedad no podemos ignorar.
Nuestros niños no necesitan solamente discursos. Necesitan oportunidades.
Necesitan adultos que los escuchen, instituciones que los protejan y autoridades que comprendan que invertir en la infancia no es un gasto: es construir el país que queremos.
El Perú no puede hablar de desarrollo mientras existan niños que tengan que luchar desde muy pequeños para sobrevivir.
Cuidar a nuestros niños y adolescentes es cuidar al Perú. Darles educación, salud, protección y oportunidades no debe ser un privilegio, sino un derecho.