SECUESTRO ARMADO DE PERSONAL MILITAR
Una Noche entre los meses de enero y abril de 1976 (no recuerdo), llegando de un permiso especial; al llegar a la base antes de las 20 horas, fui informado de una novedad con un nuevo quien estaba apostado en el interior de la cuadra de fusileros, armado con su fusil y amenazando con matarse y matar a otros.
El comandante de esa cuadra era el sargento primero de tropa más antiguo de todos, era del Zulia y era de apellido Pírela. Pero este sargento era odiado por casi todo el personal de la base debido a su severidad, motivo por el cual para el resultaba prácticamente imposible hacer algo. El oficial de día ya había avisado al comandante de la base quien no estaba allí y estaba a punto de llamar a un grupo especial para que se encargara de manejar la situación; pero una vez identificado quien era el nuevo, procedí a solicitarle permiso para actuar al oficial de día, a quien le dije que conocía al nuevo y tal vez podría manejar la situación. El oficial de día accedió y me dirigí a la entrada de la escuadra de fusileros y con voz fuerte y segura dije: nuevo, soy Parra. Voy a entrar. De inmediato, el nuevo respondió desde adentro: - no vaya a entrar mi sargento, porque lo mato y me mato. Yo respondí: usted no va a matar a nadie. Voy a entrar. El nuevo volvió a decir repetidamente: no entre mi sargento, no entre.
Entre pausadamente tratando de dejarme llevar por la voz del nuevo para saber en qué parte de la escuadra estaba, mientras preguntaba: ¿dónde está nuevo? El nuevo respondió: - no camine más mi sargento. Me dirigí hasta donde escuche la voz y lo vi. Estaba al final de la escuadra parado al lado de una litera con su fusil en las manos. También pude observar que había otro personal temeroso, sin saber qué hacer. Algunos estaban parados, otros Acostados o sentados en sus literas.
Cuando el nuevo me vio, me dijo no se acerque mi sargento; pero vi en su rostro duda, no vi rabia, sino más bien desesperación, era como si tuviera una lucha interna; con voz segura y entonación conciliadora le dije: ¿qué le pasa nuevo? Deme el fusil y le garantizo que no le pasara nada. Usted está enfermo, lo más que podrá pasar es que le den de baja. Deme el fusil. Mientras hacía esto me acercaba a él. Cuando estuve aproximadamente a tres metros de él, observe que el fusil estaba aprovisionado, extendí mis brazos y le volví a decir – nuevo, deme el fusil y salgamos de aquí. No le va a pasar nada. Y seguí aproximándome a él. El nuevo en volumen de voz muy bajo y casi imperceptiblemente decía – no se acerque mi sargento. No se acerque. Me coloque frente a él, aproximadamente a medio metro, extendí mi brazo derecho mientras le decía deme el fusil nuevo y con mi mano tome el fusil. El nuevo me lo entrego, lo des aprovisione y descargue.
Salimos de la cuadra donde nos esperaban el oficial de día, algunos policías aéreos y otro personal curioso. Entregue el fusil al oficial de día y el nuevo fue detenido por la policía área y llevado al calabozo. A los pocos días el nuevo fue dado de baja por presentar problemas mentales.
Esta acción paso prácticamente desapercibida, no recibí ninguna condecoración, ni estimulo material, solo las felicitaciones hechas por el oficial de día y el personal que se encontraba en la base. Al siguiente día, las palabras de estímulo y felicitación ofrecidas por el comandante de la base.
La realización de esta acción me fue facilitada, así lo creo, por el hecho de que unos meses antes ayude al nuevo en una crisis caracterizada por ataques y convulsiones. La noche que ocurrió este incidente lo lleve dos veces al hospital militar de Maracay en una de nuestras unidades, luego de solicitar la autorización al oficial de día. Por último, esa misma noche, ante la presentación de otro ataque, traslade al nuevo junto con el cabo primero caraqueño de apellido Pinto, a casa de su hermano donde funcionaba un centro espiritista. Luego de la sesión realizada allí, llevamos al nuevo nuevamente a la base.
Es muy importante que hagamos el bien sin mirar a quien. La vida da muchas vueltas y no sabemos en qué momento volveremos a caer en un punto del circulo donde nos encontremos nuevamente con esa persona a quien ayudamos y tal vez pueda ser ella quien nos saque de un apuro.
Si el sargento Pírela se hubiese atrevido a entrar a la cuadra ante esta situación, de seguro el nuevo le hubiese disparado.
Me gane el respeto, el aprecio y consideración del nuevo, por el trato solidario y humano que meses antes le ofrecí. De no haber sido así, seguramente me hubiese pegado un tiro al entrar a la cuadra.
Accede a la canción basada en esta historia, a través de los siguientes enlaces:
https://vkvideo.ru/video-231361250_456239191