La niña y el niño
Nacieron el mismo día en polos opuestos de la tierra, el niño con el brillante sol y la niña con la menguante luna. Las madres de ambos murieron en labor de parto. Criándose con sus abuelas, crecieron hasta cumplir 8 años. Un día ambas ancianas viajaron en el tiempo para encontrarse en el bosque del silencio. Al verse eran la misma persona que en una se convirtió y volando al cielo en un rayo abrazador para siempre, desapareció. Cada niño en su cabaña del bosque esperaba a su abuela, así pasó el tiempo y a la edad de 10 años totalmente independientes eran.
La niña se sintió mareada por lo que salió a tomar oxigeno rodeada de bellas e inigualables flores y arboles. Se desplomó; cuando recuperó la consciencia, todo estaba muerto. La niña se levantó, a lo lejos pudo escuchar el chillido de una ardilla y fue a su encuentro, al verla lastimada corrió a alzarla, la tomó en sus manitos y cuando la colocó en la rama baja de un árbol, éste se secó; impresionada le decía a la ardillita que todo iba a estar bien pero cuando la miró, del horror gritó, pues el animal muerto se halló. En sus desesperadas ganas de huir del hecho, iba corriendo y a su paso todo moría, su llanto agonizante se escuchaba antes del pisar de su llegada, animales y árboles muertos por doquier se hallaba. La pequeña huía devastadoramente asustada.
Él niño vivía en un bosque desolado, se sintió asfixiado y al salir de su casa se desmayó de tristeza pues no había siquiera una flor para alegrarle. Al despertar, su impresión fue tal que no pudo dejar de saltar, porque al abrir los ojos un venado fue al lugar acompañado de un gran número de ardillas, conejos, mariposas de colores, y una infinita gama de arboles y flores de olores. ¡Todo estaba vivo!
El tiempo fue pasando y ya 200 años eran, el anciano niño quería conocer a la muerte porque nada perecía a su alrededor, animales viejos y cansados, flores hermosamente viejas que querían fallecer porque el vivir eternamente apretado en una funda inmortal en el bosque, era un acto cruel, que impedía el ciclo natural del nacer, crecer, morir y vivir. La anciana niña, aunque rodeada de vida no podía disfrutarla pues lo que tocaba, expiraba. Una profunda tristeza los cegó. En medio del más desesperante llanto, al bosque del silencio fueron a parar. Se encontraron y mostraron sus verdaderos rostros, ella con ojos de muerte y él con ojos de vida, ella con túnica negra y él con vestido blanco, ella con Guadaña en mano y él con la llave de la vida. Al fin, se hallaron el uno al otro, pues la vida quería morir y la muerte quería vivir, por lo que tomaron la decisión de acompañarse hasta el fin de los tiempos, dando y quitando la existencia, ese día descubrieron que la vida y la muerte hermanos eran.
FIN