LA CARTA QUE NUNCA SE PERDIÓ
Sofía siempre creyó que las cosas importantes aparecían cuando uno dejaba de buscarlas. Por eso, cada tarde caminaba hasta un viejo árbol que estaba al final del parque. Allí se sentaba a leer, a pensar y a soñar.
Un día encontró una carta doblada entre las raíces. No tenía nombre ni fecha. Solo decía: "Si encontraste estas palabras, nunca dejes de creer en tus sueños, porque incluso el camino más difícil puede llevarte al lugar correcto".
Desde ese momento, Sofía comenzó a mirar el mundo con otros ojos. Ayudaba a quien lo necesitaba, sonreír más y se animó a cumplir pequeños sueños que antes parecían imposible.
Pasaron los años y, antes de mudarse, decidió escribir otra carta con un mensaje de esperanza. La dejó exactamente en el mismo lugar donde había encontrado la primera.
Tal vez algún día otra persona la encuentre y descubra que, a veces, unas pocas palabras pueden cambiar una vida para siempre.