Los avisos de lluvia para una ciudad donde no estás deberían ser patrimonio nacional 😂 La mía me manda el pronóstico de lugares que nunca pisé. Es el te quiero más puntual que existe.
LA MUJER QUE AMABA HASTA DAR LO QUE NO TENÍA
Pensamiento
Los avisos de lluvia para una ciudad donde no estás deberían ser patrimonio nacional 😂 La mía me manda el pronóstico de lugares que nunca pisé. Es el te quiero más puntual que existe.
Contenido de la publicación
Para mi vieja, en el Día de la Madre.
Cuentan que una vez existió una mujer que tenía una manera muy particular de querer.
Tenía un corazón tan grande que siempre encontraba lugar para alguien más. Era un poquito loca, un poquito bruja, bastante sobreprotectora y capaz de preocuparse por cosas que los demás ni siquiera habían imaginado.
Si alguno de los suyos salía, quería saber adónde iba. Si tardaba en llegar, empezaba a imaginarse mil cosas. Si hacía frío, había que abrigarse; si llovía, había que tener cuidado. Y si alguien se enfermaba, más le valía ir al médico, porque aquella mujer no se quedaba tranquila hasta saber que todo estaba bien.
Su teléfono era una extensión de sus preocupaciones.
—Abrigate, que hace frío.
—Ojo, que va a llover por allá.
—Llevate algo por las dudas.
Y no importaba que estuvieras lejos de donde anunciaba el temporal o que ni siquiera fueras a salir. Ella te avisaba igual. Por algo era la bruja de la familia.
Los suyos se reían y la cargaban por aquellos mensajes, sin entender que detrás de cada uno había una manera de decir «te quiero». Porque aquella mujer no siempre necesitaba pronunciar esas palabras: a veces le alcanzaba con preguntar si habías llegado bien o recordarte, por décima vez, que te cuidaras.
Pero tenía algo más: con sus hijos y su familia no se metía nadie. Podían equivocarse, discutir con ella o pasar un tiempo sin dar señales de vida. Sin embargo, cuando alguno la necesitaba, siempre encontraba la manera de estar.
Si tenía poco, compartía lo poco. Y cuando parecía que ya no le quedaba nada para dar, encontraba algo más escondido en ese corazón inmenso.
Porque aquella mujer tenía una costumbre que nunca consiguió abandonar: amaba hasta dar lo que no tenía.
No era perfecta. Tenía sus enojos, sus miedos y esa necesidad de proteger tanto a los suyos que, a veces, se olvidaba de que también necesitaban aprender a caminar solos. Pero su familia era su mundo, y cada preocupación, cada reto y cada gesto de cariño iban construyendo algo que ni siquiera el tiempo podría borrar: un hogar al que sus hijos siempre pudieran volver.
Lo que aquella mujer no sabía era que sus hijos, incluso cuando crecieran, seguirían necesitando un poquito de ella.
Porque hay cosas que uno solamente comprende cuando pasa el tiempo. Y hay amores que, aunque no siempre sepamos demostrarlo, se quedan con nosotros para toda la vida.
Esa mujer, ma, sos vos.
Y ahora quiero hablarte como tu hijo.
A veces extraño a aquel chico que volvía del colegio y te buscaba para contarte cómo le había ido, para que lo ayudaras con la tarea o simplemente para compartir sus cosas. En aquel momento no sabía que esas pequeñas costumbres algún día se convertirían en recuerdos tan valiosos.
Uno crece, empieza a tener sus propios problemas y cree que puede con todo. Pero hay una parte de nosotros que nunca deja de necesitar a mamá.
Y yo todavía tengo esa parte. Todavía hay cosas que me gustaría contarte como cuando era chico, momentos en los que quisiera sentarme con vos y encontrar esa tranquilidad que sentía cuando te tenía cerca.
También me acuerdo de cuando jugaba al fútbol. Vos me acompañaste muy pocas veces porque te ponías nerviosa al verme recibir golpes y sufrías demasiado. Por eso, generalmente, iba con papá. Hoy me causa ternura pensarlo, porque hasta en eso aparecía tu manera de cuidarme: hubieras preferido evitarme cualquier dolor, aunque supieras que no siempre se puede.
Y qué decir de ustedes dos cuando jugaba Boca. Papá quería mirar el partido y vos, con tus cosas, terminabas volviéndolo loco. Si jugaba Palermo, imaginate las discusiones. A veces hasta te ibas a caminar mientras él miraba el partido, como si así pudieras escapar de los nervios.
Hoy me río cuando recuerdo esas escenas. Son parte de la historia de ustedes, de una vida compartida que extraño y que guardo con cariño.
Sé que desde que papá no está hay una parte tuya que se apagó un poquito. Yo también lo extraño y daría cualquier cosa por tenerlo acá. Pero no quiero que, entre tanto dolor, te olvides de todo lo que todavía nos queda por vivir.
No te pido que dejes de extrañarlo ni que estés bien todos los días. Solamente deseo que vuelvas a encontrar momentos que te hagan feliz. Que sigas caminando con tus amigas, que hagas viajes, que disfrutes de la familia y que sigas haciendo esas locuras que tantas veces nos hacen reír.
Y, por favor, no dejes de mandarnos tus mensajes. Aunque nos avises que va a llover donde no estamos, aunque nos recuerdes que nos abriguemos o nos preguntes si fuimos al médico. Antes nos reíamos de esas cosas; hoy entiendo que son una de tus maneras más lindas de estar cerca.
Ojalá nunca nos falten esos mensajes, ma. Porque detrás de ellos estás vos, preocupándote por nosotros como lo hiciste toda la vida.
También quiero decirte cuánto admiro a la abuela que sos. Lo vi en la manera en que cuidaste a Mili, Maite y a Uma, en ese cariño que sabés dar y en tu forma de estar pendiente de los tuyos.
Y hay un deseo que guardo profundamente: ojalá la vida permita que Olivia y Rufina puedan compartir mucho tiempo con vos. Que Rufi pueda tenerte cerca y que Oli pueda conocerte, reírse con tus locuras y construir sus propios recuerdos a tu lado.
Me gustaría que conocieran a esa abuela que ama sin medida, que quiere protegerlas de todo y que seguramente va a preocuparse por ellas hasta cuando sean grandes.
Cuando pienso en eso, también pienso en la abuela Isabel, en esa mujer increíble que tanto recordás. Quizás algunas de las cosas más lindas que llevás dentro vienen de ella: esa forma de cuidar, de estar presente y de hacer que la familia sea mucho más que un grupo de personas.
Ojalá mis hijas puedan conocer esa parte de nuestra historia a través tuyo. Ojalá puedan disfrutar de vos y recibir todo ese amor que todavía tenés para darles.
Y hay algo más que necesito decirte.
Sé que muchas veces te defraudé. Que me equivoqué, que no siempre hice las cosas bien y que hubo momentos en los que quizás esperabas otra cosa de mí.
Por eso, perdoname, ma. Perdón por las veces que no supe demostrarte cuánto te amo, por los silencios, por las discusiones y por aquellas ocasiones en las que di por sentado que siempre ibas a estar.
No te lo digo para castigarme por mis errores, sino porque quiero que sepas que los reconozco y que valoro todo lo que hiciste por mí.
Porque, incluso cuando me equivoqué, nunca dejaste de ser mi mamá. Y yo nunca dejé de necesitarte.
Sos uno de mis mayores ejemplos en la vida. Y aunque no siempre encuentre las palabras para decírtelo, hay muchísimo de lo que soy que te lo debo a vos.
Por eso, en este Día de la Madre, quiero recordarte algo: vos también merecés que te cuiden, que te mimen y que te devuelvan un poquito de todo ese amor que repartiste durante tantos años.
No tenés que poder con todo. También podés estar triste, extrañar, pedir un abrazo y apoyarte en nosotros. Tu familia te ama y te necesita, no solamente para que nos cuides, sino para compartir la vida con vos.
Si pudiera pedirle algo a la vida hoy, pediría tiempo. Tiempo para seguir abrazándote, para reírnos juntos, para que mis hijas puedan disfrutar de su abuela y para que todavía nos queden muchas historias por escribir.
Y ahora vuelvo al cuento del principio.
¿Te acordás de aquella mujer que tenía una casa donde siempre había lugar para alguien más?
Durante toda su vida creyó que su tarea era cuidar de los suyos, mantener aquella casa en pie y asegurarse de que nadie se quedara sin un lugar al que volver.
Pero un día descubrió que ella también merecía descansar, recibir cariño y disfrutar de todo lo que todavía tenía por delante. Comprendió que sus hijos habían crecido, pero que seguían necesitándola; que sus nietos todavía tenían recuerdos por construir con ella y que aún había caminos por recorrer, amigas con quienes reírse y lugares por conocer.
No dejó de extrañar a quienes ya no estaban. Simplemente empezó a comprender que el amor por ellos podía convivir con las ganas de seguir viviendo.
Y entonces entendió que su historia no había terminado. Que todavía quedaban páginas en blanco, esperando ser escritas.
Ma, esa mujer sos vos.
Y yo quiero que sigas escribiendo tu historia. Que disfrutes, que te rías, que viajes, que hagas tus locuras y que nunca dudes de cuánto te amamos.
Gracias por cada preocupación, cada consejo, cada mensaje y cada vez que estuviste ahí, incluso cuando yo no supe valorar lo que significaba.
Perdoname por las veces que te fallé. Gracias por no dejar de quererme.
Sos mi vieja, mi ejemplo y una de las personas más importantes de mi vida.
Y por más grande que me haga, por más problemas que tenga y por más veces que la vida me encuentre perdido, siempre voy a ser tu hijo. Ese chico que, de una manera u otra, todavía necesita volver a casa y contarle a su mamá cómo le fue.
Feliz Día de la Madre, vieja hermosa.
Ojalá nos queden muchísimos años para abrazarnos, para discutir por pavadas, para reírnos de tus mensajes y para seguir compartiendo la vida.
Porque vos, que tantas veces diste hasta lo que no tenías, también merecés recibir todo ese amor de vuelta.
Y si alguna vez te olvidás de lo maravillosa que sos, acordate de aquella mujer del cuento: la que construyó un hogar con su manera de amar y que todavía tiene muchas historias hermosas por vivir.
Te amo con el alma, ma. Hoy y todos los días que la vida nos regale. ❤️
Thoughts
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PermalinkLo de irse a caminar mientras jugaba Boca y lo de no ir a verte a la cancha son la misma mujer: alguien que no aguanta mirar cuando no puede hacer nada. Por eso la carta le pide algo difícil, dejarse cuidar. Capaz que lo que más le cueste leer sea el perdón, porque ella nunca llevó esa cuenta.
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PermalinkLos avisos de lluvia para una ciudad donde no estás deberían ser patrimonio nacional 😂 La mía me manda el pronóstico de lugares que nunca pisé. Es el te quiero más puntual que existe.
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PermalinkEl cuento del principio que vuelve al final con páginas en blanco me hace pensar en que casi todas las madres reciben flores en este día y muy pocas una carta que les pida lo contrario de lo que hicieron toda la vida: dejarse cuidar. Apuesto a que tu vieja la lee con el teléfono en la mano, lista para mandarte un aviso de lluvia.
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Para mi vieja, en el Día de la Madre.