Historia inspirada en un pueblo de México
Leyenda:
Autor: Aryan Páez
Fecha: 25/10/2026
En un antiguo y escondido pueblo de México había una casa donde vivía un hombre al cual nadie le sabía el nombre ni cómo era su vida diaria. Las pocas veces que el hombre salía de su casa, lo hacía de noche.
Lo que más llamaba la atención de los vecinos y habitantes del pueblo era que el hombre tenía una piel extremadamente pálida, sus ojos oscuros y hundidos.
Un día, unos vecinos aprovecharon que el hombre había salido a buscar leña y entraron en la casa. Querían conocer las características de aquel hombre que no hablaba, pero sí daba la sensación de ser una persona extraña.
Un conocido vecino del lugar, cuya casa era una antigua mansión, los acompañó. Al entrar, encontraron tierra y una calavera manchada de sangre.
Al entrar a uno de los primeros cuartos de la casa, encontraron algo que los dejó impresionados y les heló la sangre: un cajón de cementerio que estaba cubierto de tierra. Desde lejos se podían ver las marcas de unas manos de un tamaño extraordinariamente anormal, de aproximadamente unos 76 centímetros.
Las personas tenían miedo de abrirlo. Pensaban que se podían encontrar con cualquier cosa: un muerto, objetos misteriosos o hasta los huesos del cuerpo de la calavera del principio.
Al abrirlo, se encontraron con un objeto fuera de su conocimiento. Era algo parecido a una bola de vidrio, pero con una forma deforme y vulgar, con una mandíbula dorada.
Al final del pasillo oscuro se veía una puerta, pero, desafortunadamente, llegó el hombre misterioso.
Lograron escapar por la parte trasera, pero no entraron en la última habitación.
Luego de eso, se dice que por las noches se escuchaban ruidos extraños o gritos que provenían de algún lugar encerrado.
Fin.