Exploto de ira y me gustaría dejarme llevar por este pensamiento, por este sentimiento. Pero es que la ira me corrompe, se apodera de mí, de mi alma, de mi corazón, y simplemente me dan ganas de explotar. Explotar y desaparecer. Desaparecer de este mundo, de esta vida, de esta existencia miserable.
Donde ni siquiera un Dios misericordioso pudiera apiadarse de mi alma, donde me tuviera lástima y dejara que mi sacrificio no fuera más que una demostración del sufrimiento del mundo, del universo, de los animales, de las personas. Y simplemente dejarme morir en la agonía, sin sentir culpa por aquellos que todavía quedan aquí esperándome, rogando que no me vaya, rogando que me quede, rogando que mi corazón siga latiendo y que mi vida siga existiendo, que mis ojos sigan viendo.
Pero yo no quiero ver a nadie. No quiero ver a nadie. Simplemente quiero morir, morirme, morirme. Desaparecer, dejar de respirar, dejar de estar en este planeta.
Ya no quiero sentir esta ira abrasadora que rompe mi corazón, que destruye, que es capaz de generarme tanta taquicardia y tanto palpitar en mis ojos que no me deja ver, no me deja ver y no me deja respirar. No me deja siquiera llorar.
Es una bronca acumuladora, desgarradora. No me deja estar, no me deja existir y no me deja aprender, no me deja avanzar.
Ya la soledad no le hace compañía. Es simplemente la ira, la ira y la bronca. La bronca por el mundo, por aquellos que tienen todo y no dan nada, por aquellos que no tienen nada y lo pierden todo, por aquellas personas que no entienden lo que es sufrir.
Por el llanto de ese niño que muere de hambre, por el llanto de esa madre que pierde a ese niño, por el dolor desgarrador de aquellos que pierden a quienes aman, porque no tienen lo suficiente, porque les falta todo. Por aquellas personas que el universo, que Dios y que la sociedad decidieron dejar atrás y no volver a mirar, abandonarlas, dejarlas suprimidas en la tristeza y el dolor, sin que nadie las ayude.
Por ese perro que llora mientras alguien lo golpea, por ese gato que fue asesinado en octubre, por esos leones cazados furtivamente, por los animales destruidos, por el ecosistema que les robaron.
Lloro por todos y sufro por todos. Hasta sufro por mí, y mi dolor me corrompe y me lleva a los límites de mi bronca y de mi ira, y simplemente no me deja morir.
Yo solamente quiero morir.