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La insolencia de la vergüenza

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Pensamiento

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CarolinaPaz

Ese soltarse de la mano justo cuando pasan otras mujeres lo reconozco de lejos. Me pasó una vez en una peatonal y me hice la distraída igual que vos.

Ese soltarse de la mano justo cuando pasan otras mujeres lo reconozco de lejos. Me pasó una vez en una peatonal y me hice la distraída igual que vos.

Contenido de la publicación

Hablemos de la vergüenza de sus manos sujetando las mías mientras desfilaba otro grupo de mujeres, de esas presencias insolentemente hermosas que bastaban para disipar el simulacro, y de cómo fue soltando mi piel sin un ápice de remordimiento, dejando al desnudo la impudicia de su disponibilidad sin ataduras.

​Hablemos de esas manos que nunca pedí que me aferraran; porque ningún vínculo casual tiene derecho a mendigar refugio y usar mis dedos como un falso bastón de paz

Hablemos de la humillación de sus pasos rezagados unos centímetros atrás de los míos, calculando milimétricamente la distancia para que el afuera creyera que venía solo, mientras balbuceaba una charla vacía que el viento de aquel sábado dispersaba contra el asfalto. Con el sol galopando sobre mis ojos verde oscuro —herencia inflexible de la sangre paterna—, que resistían a la deriva del tiempo y al desamparo emocional.

​Hablemos de la vergüenza de cargar con mis cicatrices mudas y de tener que sonreír distraídamente ante los desplantes, esquivando el abismo de un pasado tortuoso solo para poder seguir avanzando con la frente en alto.

Hablemos de su pregunta inquisidora, tan cínica: ¿Por qué no querés darme la mano?, y de mi respuesta cortante, trémula, escudada en la mentira piadosa de haber perdido la costumbre, cuando lo que en verdad me quemaba por dentro era el rechazo visceral a encadenarme a una farsa que nunca fue ni tendría destino

​Hablemos del peso en su mirada al aguardar frente a mí el colectivo 21 rumbo a Liniers, del rictus amargo al descubrir que mis ojos habían leído clarito la miseria de su compromiso y su falta de respeto.

Hablemos del murmullo insulso con el que intentó pedir tregua, y de cómo opté por ignorarlo por completo, blindándome tras el rugido sordo de la carretera para bloquear semejantes palabras vacías.

Hablemos de la vergüenza y de todo lo que aquel día decidí tragarme a la fuerza, amordazando lo que sentía para evitar volver a romperme contra la vieja y tortuosa pregunta que resonó por años en mi mente: ¿Qué tienen las demás que yo no?, ¿qué me falta?.

​Y que duela el nudo en el estómago, porque ese naufragio exacto, rodeado de escombros y de dolor, fue el detonante definitivo para comprender que mi vida siempre será mucho más limpia, entera y verdadera estando sola.

#desamor #vergüenza #jovenes

Thoughts

  • Rosangela

    Sola y entera. Bien.

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  • CarolinaPaz

    Ese soltarse de la mano justo cuando pasan otras mujeres lo reconozco de lejos. Me pasó una vez en una peatonal y me hice la distraída igual que vos.

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