“La envidia no mira lo que tiene el otro; mira lo que cree que le falta.”
Hay emociones que las personas reconocen fácilmente. La tristeza, la alegría o la rabia suelen aparecer de manera visible. Pero existe una emoción más silenciosa, una que rara vez se admite en voz alta.
La envidia.
Pocas personas dicen “siento envidia”. Sin embargo, casi todos han visto sus efectos alguna vez.
La envidia aparece cuando alguien observa en otro algo que desea tener. Puede ser éxito, reconocimiento, experiencia, talento o simplemente una posición que considera mejor.
En ese momento surge una comparación.
Y la comparación puede tomar dos caminos.
El primero es el camino de la admiración. Cuando alguien ve el logro de otro y piensa: “quizás yo también podría aprender algo de esto”.
El segundo camino es más oscuro.
Es el camino de la envidia.
En lugar de intentar crecer, la envidia busca reducir al otro. No intenta subir; intenta que el otro baje.
Por eso muchas veces la envidia no aparece de forma directa. Se disfraza de comentario irónico, de crítica exagerada o de frases que buscan disminuir el valor del otro.
A veces se manifiesta con expresiones como:
—Bájate del pedestal.
La frase puede tener distintos significados. En algunos casos puede ser una crítica válida si alguien realmente actúa con arrogancia. Pero en otras ocasiones aparece cuando alguien simplemente está haciendo bien su trabajo.
Cuando eso ocurre, la frase ya no busca corregir una actitud. Busca reducir una posición.
La envidia tiene algo curioso: rara vez reconoce su propio origen. Prefiere disfrazarse de crítica, de sarcasmo o incluso de aparente justicia.
Pero en el fondo funciona de una manera bastante simple. Si no puedo alcanzar lo que tiene el otro, al menos intentaré que no se vea tan alto.
Por eso la envidia puede convertirse en una emoción particularmente dañina en las relaciones humanas. No busca mejorar las cosas. Busca disminuirlas.
Con el tiempo uno empieza a entender que la envidia no revela realmente lo que tiene la otra persona. Revela lo que sentimos que nos falta.
Y esa es la parte importante.
Porque cuando una persona reconoce esa sensación, aparece otra posibilidad. En lugar de mirar al otro con resentimiento, puede preguntarse qué puede aprender de esa situación.
No siempre es fácil hacerlo. Pero es mucho más útil.
Después de todo, el talento, el esfuerzo o la experiencia de otra persona no disminuyen lo que uno es.
La envidia aparece cuando olvidamos ese detalle.
En pocas palabras
La envidia no revela lo que tiene el otro. Revela lo que sentimos que nos falta.