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La Chica de la moto roja y su amor desenfrenado por BTS(Capitulo 3)

Joycereyes123

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Había una vez una chica de la moto roja, con el corazón conquistado por siete coreanos que llegaron a su vida para revolucionar sus días, arrancarle carcajadas y despertar una pasión que jamás imaginó experimentar con tanta intensidad.

¡Ay, Dios mío! ¿Quién iba a pensar que aquella chica, aparentemente tranquila, escondía en su interior una ARMY capaz de gritar frente a una pantalla como si estuviera en primera fila de un concierto? 😂💜

Todo comenzó con aquellos siete muchachos que, además de talento, tenían una personalidad tan particular que resultaba imposible elegir a uno solo. Aunque, seamos sinceras, siempre hay alguien que consigue robarnos un poquito más el corazón.

Y en esta historia, RM tenía mucho que ver.

Kim Namjoon, nuestro querido RM, con aquellos hoyuelos sexis que aparecían cuando sonreía y le daban un encanto irresistible. Inteligente, reflexivo, amante de los libros, de los museos y de la naturaleza; un hombre capaz de hablar de filosofía y, cinco minutos después, protagonizar un desastre con sus propias manos. ¡Porque sí, señoras y señores, el hombre que podía pronunciar discursos profundos también podía destruir accidentalmente cualquier objeto que pasara por ellas!

El famoso Nanjoon, con sus manos de mantequilla, era un caso digno de estudio. Bastaba que tocara algo para que todos contuviéramos la respiración. ¿Se rompería? ¿Se caería? ¿Terminaría hecho pedazos? ¡Hagan sus apuestas!

Cada video suyo era una nueva aventura y, para mí, un recordatorio de que la inteligencia no necesariamente viene acompañada de coordinación motora. JAJAJAJA. ¡Perdóname, Namjoon, pero tus accidentes son parte de tu encanto! 😂

Y mientras RM me hacía reír con sus ocurrencias, aparecía Kim Seokjin, nuestro Jin, con su humor absurdo, su famoso Worldwide Handsome y esa confianza de quien sabe que puede entrar a una habitación y anunciar que es guapo sin que nadie se lo haya preguntado.

 

Jin tenía una habilidad extraordinaria para convertir cualquier momento en una comedia. Sus bromas inesperadas, sus risas escandalosas y su manera de provocar a los demás integrantes lo hacían inolvidable. Pero detrás de aquel personaje divertido también había un hombre cariñoso, trabajador y protector, siempre dispuesto a aliviar la tensión con una ocurrencia.

Y ni hablar de su amor por la comida. ¡Ese hombre podía convertir una cena en todo un acontecimiento! Entre sus recetas, sus juegos de palabras y sus bromas de papá, Jin demostraba que el humor también es una forma hermosa de cuidar a quienes queremos.

Luego llegaba Min Yoongi, nuestro Suga, con esa expresión seria, la mirada tranquila y aquella reserva que parecía decir: «Por favor, no me molesten, estoy descansando».

Mi Yoongui, escrito así por mí, tenía un compañero de nombre idéntico en mi casa: mi gato, que también parecía haber firmado un contrato de silencio permanente. 😂🐱

 

Ambos compartían, al menos en mi imaginación, esa capacidad de observar el mundo con una calma envidiable, como si nada pudiera alterarles el ánimo.

Pero detrás de aquella apariencia de hombre frío se escondía un corazón sensible y una mente musical extraordinaria. Yoongi podía parecer distante, pero sus letras revelaban emociones profundas, luchas personales y reflexiones que llegaban directamente al alma.

Su talento como productor, su honestidad y su manera de expresar sentimientos sin necesidad de grandes discursos lo convertían en alguien especial. Y cuando sonreía, aunque fuera discretamente, ¡una sentía que acababa de presenciar un acontecimiento histórico!

Después aparecía Jung Hoseok, nuestro Hobi, el sol de BTS, con aquella sonrisa capaz de iluminar hasta el día más gris.

 

Hobi era energía pura, un bailarín extraordinario, perfeccionista y apasionado. Bastaba verlo moverse sobre el escenario para comprender que el baile no era simplemente una actividad para él: era una forma de expresarse, de sentir y de contar historias con el cuerpo.

Su alegría era contagiosa, pero también lo era su disciplina. Detrás de aquella sonrisa luminosa había horas de práctica, esfuerzo y una enorme dedicación a su arte.

Para mí, Hobi era como una dosis de felicidad en los días complicados. De esas personas que te recuerdan que siempre puedes encontrar una razón para sonreír, incluso cuando las cosas no salen como esperabas.

¡Qué bonito sería tener un Hobi en el bolsillo para sacarlo cada vez que la vida se pone difícil! Un minuto de sonrisa, tres pasos de baile y problema emocional en proceso de recuperación. JAJAJAJA. 💜

 

Y entonces llegaba Kim Taehyung, nuestro V, con aquel porte elegante, su voz profunda y ese rostro que parecía salido de una pintura.

V tenía una presencia muy particular. Sus expresiones, su mirada, su estilo y aquella mezcla de sofisticación con un aire juguetón hacían que resultara difícil apartar los ojos de él.

Pero su encanto no se limitaba a su apariencia. Taehyung tenía una sensibilidad artística especial, un amor por la fotografía, la música y las expresiones creativas. Su voz grave podía envolver una canción en una atmósfera nostálgica, como si estuviera contando un secreto que solo unos pocos podían comprender.

Y, de pronto, aquel hombre de apariencia tan distinguida hacía alguna ocurrencia inesperada y nos recordaba que también tenía un lado travieso, espontáneo y peculiar.

¡V era todo un contraste! Elegancia por fuera, ocurrencias impredecibles por dentro. Un personaje que parecía haber sido diseñado para confundir nuestras emociones y dejarnos preguntándonos cómo era posible reunir tantas facetas en una sola persona.

Pero todavía faltaban dos integrantes capaces de desatar otra revolución en mi corazón.

Park Jimin, con su piel luminosa, su sonrisa encantadora y aquellos movimientos de baile que parecían desafiar las leyes de la gravedad.

Jimin era delicadeza y fuerza al mismo tiempo. Sobre el escenario podía convertirse en un bailarín hipnótico, capaz de transmitir emociones con una mirada, un movimiento de manos o una simple inclinación de la cabeza.

Su voz, dulce y expresiva, tenía esa capacidad de acariciar los oídos y dejar una canción dando vueltas en la memoria durante horas.

Y detrás de aquella imagen impecable también había una persona bromista, afectuosa y muy trabajadora, que se esforzaba constantemente por mejorar. Su sensibilidad, su disciplina y la conexión que mantenía con sus compañeros lo hacían aún más especial.

 

¡Ay, Jimin! ¿Quién necesita una novela romántica cuando tienes a un hombre que baila así, sonríe de esa manera y canta como si estuviera narrando los capítulos más dramáticos de tu vida?

Y finalmente aparecía Jeon Jungkook, nuestro Golden Maknae, el menor del grupo, dueño de un talento que parecía no tener límites.

Jungkook era ese muchacho que podía pasar de una expresión inocente a una mirada desafiante en cuestión de segundos. Un espíritu competitivo, amante de los videojuegos, del deporte, del canto y de todo aquello que le permitiera ponerse a prueba.

Su versatilidad artística, su potencia vocal y su capacidad para bailar con una precisión impresionante lo convirtieron en uno de los integrantes más completos del grupo.

Pero lo que más me divertía era ese lado juguetón que me hacía pensar que, sin importar la edad, todos llevamos dentro un niño que necesita jugar, reírse y hacer travesuras.

 

Jungkook me recordaba que crecer no significa abandonar la alegría, ni dejar de disfrutar las pequeñas locuras que hacen la vida más divertida.

¡Ese muchacho podía ser todo un profesional sobre el escenario y, al mismo tiempo, convertirse en el niño travieso que buscaba competir, bromear y hacer reír a los demás!

Y así, entre los hoyuelos de Namjoon, las bromas de Jin, la seriedad de Yoongi, la sonrisa de Hobi, la elegancia de V, los encantos de Jimin y las travesuras de Jungkook, mis días se transformaron en una colección interminable de historias.

Cada video era una aventura nueva. Cada entrevista, una oportunidad para conocerlos un poquito más. Cada canción, una razón para emocionarme. Y cada ocurrencia de aquellos siete muchachos se convertía en material suficiente para hacerme reír durante horas.

Mientras tanto, la chica de la moto roja seguía con su vida, cumpliendo sus responsabilidades y enfrentando las dificultades cotidianas, pero guardando un espacio muy especial para ese mundo que le regalaba alegría.

Porque ser ARMY 💜 no significaba solamente admirar a siete artistas. También era encontrar compañía en sus canciones, inspiración en sus esfuerzos y motivos para sonreír en los días difíciles.

Y aunque mis BTS jamás imaginaron que al otro lado del mundo había una chica que analizaba sus ocurrencias, se reía de los accidentes de Namjoon y tenía un gato llamado Yoongui, yo había encontrado en ellos una fuente inagotable de buenos momentos.

A veces me pregunto qué habría sido de mis días sin aquellas risas, sin las canciones que me acompañaron y sin esa curiosidad que terminó llevándome a aprender coreano.

Quizá nunca llegue a contarles personalmente todas estas historias. Quizá jamás sepan que, en algún lugar del Perú, una ARMY 💜 los convirtió en protagonistas de sus aventuras cotidianas.

Pero hay algo que sí sé: la chica de la moto roja seguirá llevando en el corazón a aquellos siete muchachos que, sin conocerla, consiguieron regalarle momentos de felicidad.

Y si algún día alguien me pregunta por qué me gustan tanto, seguramente responderé con una sonrisa:

«¡Porque son siete, cada uno con su encanto, y porque mi corazón de ARMY 💜 no vino con botón de apagado!».

Eso sí, si algún día tengo la oportunidad de conocerlos, prometo comportarme con dignidad, hablar coreano correctamente y mantener la compostura.

Aunque, pensándolo bien, no puedo garantizar nada si Namjoon me sonríe mostrando sus hoyuelos.

 

 

Thoughts

  • mvillar74

    Entre RM y sus manos torpes y el gato que comparte nombre con Suga, el corazón ya tiene dueños; En la guarida de tu corazon, de AraM, abre otra historia de amor, entre alfas y nobleza.

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  • mvillar74

    Lo del gato Yoongui, con el mismo contrato de silencio que el otro, me ha hecho gracia. Cada uno de los siete acaba pegado a algo de su vida, y me apuesto a que ese coreano que dice estar aprendiendo le da un apuro en algún capítulo.

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  • Ovid

    Que la chica termine aprendiendo coreano por siete muchachos que no saben que existe me recordó a cuánta gente aprendió inglés con letras de canciones, sin que nadie se lo mandara. Me late que la moto roja acaba yendo a Seúl, aunque sea en sueños.

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  • Joycereyes123

    Les invito a leer otro capítulo de la chica de la moto roja.

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