Haberse escapado de casa para verlo... eso es amor puro.
Pensamiento
Haberse escapado de casa para verlo... eso es amor puro.
Contenido de la publicación
Hay personas que llegan para quedarse.
Y hay otras que llegan solo para enseñarte cuánto puede doler alguien que nunca fue tuyo.
Tú fuiste las dos cosas al mismo tiempo.
Todavía me pregunto cómo alguien puede convertirse en un recuerdo tan grande habiendo ocupado tan poco tiempo en mi vida. Es absurdo. Ridículo, incluso. A veces me da vergüenza admitir que sigo escribiendo sobre ti. Que todavía apareces en mis poemas, que hay canciones que no puedo escuchar sin que tu nombre se cuele entre las notas, que el color lila dejó de ser solo mi color favorito para convertirse en un lugar al que siempre regreso, aunque sepa que ahí solo vive el pasado.
Nunca imaginé que una sola noche pudiera perseguirme durante tanto tiempo.
Aquella noche me escapé de mi casa para verte. Qué irónico. Arriesgué tanto por unos minutos que tú, probablemente, ya olvidaste.
Yo no.
Yo todavía puedo cerrar los ojos y reconstruir cada detalle.
Recuerdo mis nervios.
Recuerdo el miedo de que algo saliera mal.
Recuerdo cómo me temblaban las manos.
Recuerdo pensar que estaba viviendo uno de esos momentos que después iba a contar con una sonrisa.
Nunca imaginé que terminaría contándolo con lágrimas.
Fuiste mi primer beso.
Y qué injusto es eso.
Porque hay personas que recuerdan su primer beso con ternura.
Yo lo recuerdo con nostalgia.
Como quien encuentra una fotografía de alguien que sigue vivo, pero ya no forma parte de su vida.
A veces quisiera arrancarme ese recuerdo para poder besar a alguien algún día sin compararlo contigo.
Pero no puedo.
Porque hay cosas que el tiempo desgasta, pero no borra.
¿Sabes qué fue lo que más me dolió?
No fue que te fueras.
Fue sentir que mientras yo empezaba a enamorarme, tú ya estabas empezando a irte.
Qué cruel coincidencia.
Yo apenas estaba aprendiendo el camino hacia ti, y tú ya conocías perfectamente la salida.
Nunca voy a saber si alguna vez me miraste con los mismos ojos con los que yo te miraba.
Nunca voy a saber si alguna vez hablaste de mí con alguien.
Si alguna vez sonreíste al ver mi nombre aparecer en tu celular.
Si alguna vez me esperaste.
Si alguna vez me extrañaste.
Y creo que eso duele incluso más que un rechazo.
Porque el rechazo tiene respuestas.
La incertidumbre no.
Durante mucho tiempo me culpé.
Pensé que si hubiera aparecido antes...
Si hubiera sido más valiente...
Si no hubiera cometido tantos errores...
Si hubiera entendido mis sentimientos cuando todavía había tiempo...
Tal vez...
Pero la palabra "tal vez" es el lugar donde se pudren todas las ilusiones.
Nunca pasó.
Nunca pasará.
Y, sin embargo, mi cabeza sigue escribiendo finales diferentes para una historia que terminó antes de empezar.
Me dijiste que te hice sentir como una segunda opción.
Y créeme cuando te digo que no hay un solo día en el que no me arrepienta de eso.
No porque piense que por pedir perdón todo se arregla.
Sino porque me hubiera gustado conocerte cuando yo ya hubiera aprendido a querer sin hacer daño.
Tú conociste la versión más confundida de mí.
La que todavía no entendía su propio corazón.
La que lastimaba intentando no lastimar.
La que corría cuando tenía miedo.
La que callaba cuando debía hablar.
No conociste a la persona que estoy intentando ser ahora.
Y eso también me rompe.
Después todo cambió.
Tus respuestas se hicieron más cortas.
Tus silencios más largos.
Tu interés más pequeño.
Y yo...
Yo seguía buscándote.
Como una estúpida.
Como quien sigue regando una planta que ya lleva semanas muerta porque todavía no acepta que las hojas jamás volverán a ponerse verdes.
Leía nuestras conversaciones una y otra vez.
Buscando alguna señal.
Alguna frase.
Alguna prueba de que sí habías sentido algo.
Qué desesperada puede volverse una persona cuando solo quiere encontrar una razón para quedarse.
Pero las razones nunca llegaron.
Solo llegaron tus palabras.
"Pues... ya no me gustas."
No tienes idea de cuántas veces esas frases me despertaron de madrugada.
Cuántas veces imaginé responderte algo diferente.
Cuántas veces inventé conversaciones que nunca ocurrieron.
Hay noches en las que todavía hablo contigo.
No contigo de verdad.
Con la versión de ti que vive en mi cabeza.
Le cuento cómo estuvo mi día.
Le enseño las cosas que sé que me habrían dado ganas de contarte.
Me río sola imaginando respuestas que nunca vas a decir.
Y después recuerdo que ya no estás.
Que llevo meses hablándole a un recuerdo.
Qué triste puede llegar a ser el amor cuando no encuentra dónde quedarse.
Muchas veces intenté reemplazarte.
No por otra persona.
Sino por otras ocupaciones.
Por música.
Por libros.
Por tareas.
Por conversaciones.
Por ruido.
Pero el silencio siempre terminaba pronunciando tu nombre.
Dicen que el tiempo cura.
No estoy tan segura.
Creo que el tiempo solo nos enseña a caminar con las heridas sin abrirlas todos los días.
Porque hay heridas que dejan de sangrar, pero nunca dejan de existir.
Todavía me pregunto si alguna vez pensaste en mí antes de dormir.
Si alguna vez una canción te hizo bajar el volumen porque te recordó a mí.
Si alguna vez viste a una chica con vestido lila y por un segundo se te cruzó mi cara.
O si desaparecí de tu vida con la misma facilidad con la que una notificación desaparece de la pantalla.
Hay algo muy cruel en amar a alguien que jamás sabrá cuánto lo amaste.
Porque yo nunca te conté la mitad de las cosas que sentía.
Nunca te dije que imaginé futuros absurdos contigo.
Que imaginé presentarte a mi familia.
Que imaginé cumpleaños.
Que imaginé abrazos que nunca existieron.
Construí una casa sobre un terreno donde tú nunca pensabas vivir.
Y luego me sorprendí cuando todo se derrumbó.
Lo peor de todo no es extrañarte.
Lo peor es extrañar a la persona que yo era cuando todavía creía que podías elegirme.
Extraño esa esperanza.
Esa emoción tonta de revisar el celular.
Ese corazón acelerado cuando veía tu nombre.
Porque contigo también murió una versión de mí.
Una que todavía creía que las cosas bonitas podían durar.
No te escribo esta carta para que regreses.
Ni siquiera sé si, si volvieras, podría abrirte otra vez la puerta.
Te escribo porque estoy cansada de cargar un duelo que nadie entiende.
Porque duele llorar por alguien con quien nunca tuviste una historia.
Porque es muy difícil explicar que el amor también existe en las posibilidades que nunca ocurrieron.
Y tú fuiste exactamente eso.
La posibilidad más bonita que nunca existió.
Si algún día me recuerdas, no quiero que pienses en mis errores.
Quiero que recuerdes que hubo una chica que te quiso tan sinceramente que convirtió un color en un duelo, una canción en una herida y una noche en toda una vida.
Ojalá seas muy feliz.
De verdad.
Aunque una parte egoísta de mí siempre va a preguntarse si alguna vez, aunque haya sido por un instante, pudiste haber sido feliz conmigo.
Con cariño,
La chica que todavía ve el mundo un poco lila.
Thoughts
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PermalinkEsta es la razón por la que la gente escribe. Para esto. Para esto.
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Permalink¿Habrá algo que pueda cerrar esto?
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PermalinkHay algo en escribir lo que no puedes decir que lo hace menos insoportable.
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Permalinklila todo 💜
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PermalinkHaberse escapado de casa para verlo... eso es amor puro.
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Permalink¿Cuál es la parte que más te duele releer?
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Permalink¿Te sentís diferente después de escribir esto?
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PermalinkMe duele que después de toda esta carta, solo pidas que te recuerde bien.
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Permalink"El tiempo cura todas las heridas," dicen. Spoiler: no.
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PermalinkEl lila dejó de ser un color para convertirse en una herida. Eso me golpeó.
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