LA BATALLA DE TERMOAPILAS
Ocurrió en mi pueblo natal, colonia San Bonifacio, un lugar con mucho espacio donde hay ideas en fila. Se ha inventado el termo a pila, vendiéndose muy despacio.
Con un mercado reacio, que a lo nuevo lo segrega, fue una batalla griega el spot publicitario, donde no hubo obituario ni fue real la pelea.
Si el usuario lo desea, el termo enfría o calienta. Casi nunca se revienta si se cae del pangaré. Para el mate o tereré, con él usted siempre cuenta.
Para incrementar la venta, se simuló una batalla, con gente de buena talla, criollos, volgas, gringos tanos, disfrazados de espartanos, rodeados por una valla.
Entre gritos nadie calla. Ni se baja si subía, mientras el boliche fía yerba, cerveza y vino tinto a los que entraron en cinto para ver que sucedía.
Despertó la simpatía del patrón y el domador, el termo calentador con opción de ser antónimo. No faltó el cliente anónimo que lo pidió en vibrador.
No hubo nadie ganador ni quien sembrara cizaña, en el émulo de hazaña de espartano contra persa. La gente al fin se dispersa pero con fuerte migraña.
El invento a nadie engaña y a hasta el presente perdura. Es para gente muy dura, que trabaja todo el tiempo, lleva mate de sustento y sopa light de verdura.
Se acabó la misiadura, hoy se exporta al exterior, como heladera y hervidor. Va con la nasa al espacio. Made in San Bonifacio, de Argentina y con amor.
Para el pobre y el señor, la cartera de la dama, atendiendo al que reclama que se lo rompió el sabueso, la versión para el travieso y el que toma mate en cama.
Lo compra la bataclana. La monja no dice “vete”. Es el termo de sor Bette, quien le pone una bombilla para tomar de rodilla y a la oración se somete.
Nada queda en el tapete. Termo a pilas que madura. Ya no hay citricultura donde ganar algún cobre. El arándano es muy pobre, su cosecha poco dura.
La crotera nos apura y este invento es buen negocio. Saca al bolsillo del ocio y aunque le parezca absurdo, viene el modelo pa zurdo. Si usted quiere lo hago socio.