Tu reflexión es muy profunda, está cargada de desilusión pero también de una fuerte brújula moral, que denota tu desencanto histórico y social, pero al mismo tiempo buscas rescatar un cierre optimista sobre la empatía y la reciprocidad.
Es una reflexión muy dura, pero dolorosamente real y la comparto. Siento mis pensamientos reflejados en ella. Es frustrante ver cómo la historia se repite y cómo los sistemas actuales desgastan a quienes de verdad quieren hacer el bien con vocación y amor. Tu distinción sobre el poder es clave: no es una fuerza mágica que daña, sino un espejo que revela de qué está hecha la gente. Sin embargo, me quedo con tu cierre: que el desánimo del entorno no te quite la convicción de que ayudar al resto vale la pena. Al final, mantener la humanidad en un sistema indiferente ya es una victoria. Debemos hacer todo lo posible, para hacer humana, la humanidad.