13 de octubre del 2020
La hija menor de una larga familia de brujas traía por nombre Agatha. Un nombre divino para una pequeña niña que desconoce el mundo en el que vive, sin comprender qué idioma hablan sus hermanas mayores o su madre o su tía o el resto de su familia. Casi no había hombres pero tampoco entendía el por qué. Solo entendía frases como “Debes controlar tu energía.” Pero no tenía idea qué significaba o porque todos parecían entenderse menos ella a su corta edad. ¿Había hecho algo malo? Rezaba que no, pero era complicado entender entre embrujos, hechicería y encantamientos que hacían día a día. No tenía idea si ella poseía poderes como el resto de su familia, y tampoco sabía como averiguarlo, pero intentaba aprender un poco cada día, fallando cada vez y de nuevo, y de nuevo. Su infancia se basó en errores que le llevaban a pensar que quizá ella no era bruja como el resto de su familia. ¿Eso era posible? Tampoco sabía, no se atrevía a preguntar porque siempre le decían que eran obvias las preguntas. Para ella no, y quería comprender el mundo como su familia lo hacía.
Otro relato sobre Halloween que tampoco funcionó.