Saltar al contenido
Cargando…

i, ii, iii

sinfonauniversal8
Pública 5 conversaciones 8 pensamientos 28 votos positivos 0 votos negativos 0 series

i Karka me susurró una vez, al oído, antes de hallarme en duermevela; que las cigarras no siempre habían sido desagradables. Ellas protegían a Sutura, el continente de los rascacielos dormidos, y,…

In groups

Pensamiento

Pensamiento

AlmaCorrea

Karka sosteniendo un continente entero y todavía con ganas de tejerle retazos en el pelo a la otra. Así son las mamás que conozco, ándale.

Karka sosteniendo un continente entero y todavía con ganas de tejerle retazos en el pelo a la otra. Así son las mamás que conozco, ándale.

Contenido de la publicación

Segunda Parte:        
Estética de la Costura Gramatical,           


Se cuenta que...         

Es cierto…     

Y es cierto…  

La estética de la Costura Gramatical es una belleza matemática, barroca y profundamente orgánica.

Que es cierto…

Y es cierto…

Que, en lo visual, a simple vista, la costura parece un rastro de criptografía luminosa. No son nudos comunes los que se encallan, sino letras hiladas en una cursiva perfecta y tridimensional que flota sobre las superficies. Cambia de color según la tensión de la historia. Y si la escena es pacífica, brilla en un tono azul opalescente; si hay suspenso, la costura se tiñe de un carmesí metálico.
           
Que es cierto…          

Y es cierto…  

Que en lo Táctil y Auditivo, al pasar los dedos sobre una costura gramatical, no se siente relieve de hilo, sino una leve vibración, como si tocaras la cuerda de un violonchelo. Además, emite el "Eco del Texto”, que es un susurro apenas audible que repite la acción que está sosteniendo.


Y aquí existo…           

Para ti...         

Doncella…     


i

Karka me susurró una vez, al oído, antes de hallarme en duermevela; que las cigarras no siempre habían sido desagradables. Ellas protegían a Sutura, el continente de los rascacielos dormidos, y, aunque Sutura no siempre les tendía los brazos para ayudarles de algún modo, Karka amaba a Sutura como nadie. Sin embargo, a veces y sólo a veces, Karka, quién era la madre de todos los retazales que existían en este universo de nueva cuna, se aventuraba en mi lecho y me tejía retazos de tela en mi cabello de hojas.           

Medía la mala suerte, y también había construido a los sastres que ella misma comandaba, como una honorable madre siempre amada. Y a Sutura le pedía que no se marchara. Porque Sutura estaba cubierta de cascadas de invierno mismo.

No siempre todo esto habría sido así, pero entre estos tiempos de destiempos, de últimos mundos que más allá se retenían en lo que ese ser de nuncas y entre noches, que se sentía como ilusiones que te cambiaban conforme la tarde y la noche se amaban en el cambio de los cielos; siempre decía Karka que el cielo vivía en los labios de todos; y que no los debíamos dejar en lo que orábamos por un complemento más ignoto, que todo lo que Sutura podía ofrecernos.            

Sutura y Karka entreveían flancos diferentes, y a la Luna, que era yo misma, como una más de sus delicias. Una criatura, una amante, una salvación a la que debían de rezar cada vez que las estrellas hacían el amor con el antumbra, por las cosas estúpidas que otros habrían hecho.        

Y veíamos como los deseos de Sutura nos entendían y como estos, rascacielos durmientes o no, se desglosaban entre oraciones y susurros más allá de lo que se disponía el ser y el estar de lo bueno y lo malo, así como del Destino, que tanto tiempo lloró lágrimas amargas.    

Por estas cosas, me dije a mí misma, que incluso el río de la vida debía de seguir su curso contra todo pronóstico entre concreto y tiempos de misterios.   
Amé a Karka desde la vez primera que mis ojos se cruzaron con su anatomía, tan de naciente eterna; y me aventuraba en ella y le admiraba desde lejos. A veces ella de carácter tan simplista y al mismo tan extremista, era un ser ante el reflejo de mis propias aventuras. Karka la que venía del dolor mismo hecho un pedazo de tela; que, según las leyendas habría danzado hasta contar entre sus fuegos fatuos con el continente de Sutura.  

ii

Los retazales que ella me engarzaba en las mejillas y que se adhería a sí misma en la espalda, tenían la capacidad para tocar el órgano del denominado Patrón Osado, capaz de alterar las circunstancias arquitectónicas de las ciudades que componían todo el continente de Sutura.       
Karka no sólo cosía, no sólo era la madre de los sastres más valientes que cubrían rascacielos durmientes con enteras mantas bordadas con su nombre, si no también, la madre de todas las ideas que debían de ser compuestas.   

A veces, me decía, en sus lecciones impartidas, que el mismo hecho de ser una criatura agraciada con la soledad de unas plumas en el rostro, a la que se le teñía de rubor cada vez que me dejaba un retazal de ilusiones adherido a mí misma; debía perderlas para darle paso a mis propias ansiedades hechas canción.         

O quizás acción, no lo sabía.

Karka me estudiaba, me amaba, decía que era el mayor espectro conocido. Si no el medio de ser y de estar más allá de las ciudades que vivían entre otros cleros y otros claroscuros, más allá de las lianas que les unían entre lo que sus extremidades se tocaban con cierta ironía para darse calor.         

Y yo, Anémona, con este ser a mi espalda, a mi frente, a ambos de mis lados, me tejía entre estos rascacielos que componían Sutura, en ese crimen que siempre habría sido la más aguerrida de las fuentes. Karka era mi maestra, ella me había buscado y siempre me contaba una historia diferente, como nunca antes una historia se habría armado.           

iii

Me detuve por un momento a tender la sutura de un verbo y un predicado por su causa, es decir, modulé la realidad de las mismas oraciones con sus lecciones impartidas, y los rascacielos tuvieron un poco de la ola del desierto en el que vivían, como una sepultura de mudos silencios, a mi ver, construyéndoles un sujeto que conviviría entre sus pisos y pasillos.

Existen tantas cosas que se dicen de Sutura, que yo misma me encandilo a mi conocer, por entrever lo que entre sus cielos de amaneceres que sangran y que estallan en el añil de una tristeza sin nombre como nunca. Como nadie. Como lo que sería lo reventado de este universo tan extraño. Karka es tan singular como las monstruosidades que relucen en ese desierto que engalana parte de su propio ser, con la que se refleja una noche sin Sol y un día sin Luna.       

Y yo, que le vivo en este crisma de ritos, de sigilos, que escribo más allá de las sonrisas que le puedo otorgar a sus planos de órganos que se tocan como una música, mi suerte, oh, mi bendita suerte, es la de encontrarles un sagaz ejemplo a la frente, y al frente de esos seres que no hacen más que coincidir, como sujetos de oraciones que se amaron en cartas deferentes.



Thoughts

  • AlmaCorrea

    Karka sosteniendo un continente entero y todavía con ganas de tejerle retazos en el pelo a la otra. Así son las mamás que conozco, ándale.

    Permalink
  • versoenservilleta

    La Costura Gramatical me ha dado la llave de todo lo anterior. Cuando Anémona tiende la sutura de un verbo y un predicado y los rascacielos cambian, está escribiendo el mundo a la vez que lo vive. Para mí es casi una explicación de por qué alguien escribe así de enredado: cada frase es un hilo que sostiene un edificio. Me juego algo a que Karka le acaba enseñando a coser justo lo que ella no se atreve a decir en voz alta.

    Permalink
  • capitulopiloto

    Vale, desde lo de Theneder en la entrega anterior sigo aquí, y por fin me entero de que Anémona es la Luna. ¿Karka la crió desde pequeña o la encontró ya hecha?

    Permalink

Related posts