Ponganle titulo a mi vida
Aun logro recordar las historias que mi madre contaba,
historias de cuando yo aún no respiraba.
Claro que existía, pero solo en sueños y pensamientos.
Ella me narraba como por años rezo para darme a luz
algún día, no pudo ser más feliz cuando los doctores
afirmaron su embarazo.
¿Quién diría que no solo era yo lo que incubaba?
Adoraba los días que podía quedarme en casa,
Madre solía hacer sopa para desayuno
su sazón especial.
Ella nunca me logró decir el verdadero secreto.
-Un toque de amor. Créeme, eso le da sabor a cada una de las buenas cosas.
Madre no se cansaba de repetirlo.
El “plantar” amor y cosecharlo.
Escribir, cocinar, el cantar,
todo eso en lo que somos “buenos” dice que está hecho con amor.
¿Alguien puede nacer con amor en el corazón?
Ser un vientre amado,
cuidado con dedicación.
Pero hasta los cosechados
empiezan con un llanto,
crecen con dolor y de este se van formando.
Dolor bueno, dolor malo al final es dolor necesario.
Ella deseaba con todo su corazón hijo e hija
doy gracias sali claramente lo que ella deseaba
en mis ojos veía el reflejo del hombre que amaba
así empezó a amar a los dos más que cualquier cosa.
Solo le faltaba comprar sus pequeños vestidos
ya que se había anunciado otro embarazo
En aquellos días ella duraba las tardes sentadas
acariciando su barriga,
me preguntaba por un nombre
y yo le contestaba Nian
aunque madre no paraba de insistir
en que sería mujer aunque deseaba tener alguien como yo.
-Aun así no te libraras de poner pañales.
-Yo!? ¡Nunca! Da asco, no me hagas hacerlo….
Lloraba todos los días.
Claro me gusta la parte de jugar con ellos,
bañarnos juntos como hermanos,
dormirlo o incluso darle de comer
pero no daría para calmar un llanto o limpiarle el trasero.
-No digas eso, en pocos años te veo queriendo un hijo, no me mientas.
-Claro que no!
Ella seguía riéndose,
esas carcajadas que me hacían enojar ahora me hacen llorar.
Una vez fuimos juntos al hospital,
mi emoción se notaba en mis saltos y mi energía.
Íbamos a saber el genero del bebe pero en médico
Cuando ya mi madre estaba sentada en la camilla
y el doctor ponía un instrumento raro en su estómago
para ver el bebe algo cambió en la expresión de él.
Me mandaron a salir de la habitación pero aun siendo
en susurros pude escuchar que si lo dejan nacer
el parásito se iba a activar, no iban a tener la misma suerte que hubo conmigo.
La puerta se abrió en un estallido,
mi padre con el ceño fruncido y los puños apretados le gritaba al doctor.
No logro recordar mucho más de ese día.
Pero.. pero recuerdo que mi padre dejó
de dormir en casa por unos días, decían era trabajo.
No creo que mintieran ya que cuando llegó
después de casi un mes estaba enojado por perder su trabajo
decía y allí se volvió a ir a buscar qué hacer.
Poco a poco mi madre estaba más débil
me agradeció cuando salía de clases temprano a cuidarle,
compraba comida en una tienda asiática cercana; a ella le encantaba.
Puedo apostar que ella prefería esta que mi propia comida.
Cuando me atrevía a preguntar por mi hermano,
su silencio era más pesado que cualquier respuesta.
Los médicos tampoco supieron darme nada más que salas frías y diagnósticos vacíos.
Las famosas sopas que ella hacía se las empecé a devolver.
La sopa olía a hogar; el hogar, sin embargo, olía a ausencia.
Nos hacía falta una fragancia,
le hacía falta un sabor
ya que en mi amor abundaba la preocupación de no verla un mañana
¿Pero cómo mentirle si el agrio de mis lágrimas caían en sus recetas?
-Ian..
Escuche su voz entre mi llanto.
¿Sabes qué necesito? ¿Qué quiero?
Me pregunto, pobres manos trataban de secar mis lágrimas, ella seguía forzando unas palabras entre su cansancio.
-Necesito que sigas tu vida aunque me pase algo, quiero que seas mi buen muchacho… Fuerte.
-No digas estupideces madre..
Sonó la puerta.
El ruido me partió.
Siempre llegaba en el peor momento.
Cuando el embarazo terminó
se podría decir que ya la familia estaba destruida.
Ella aún así se encontraba mejor
aunque le habían recetado terapia y
se la habían ofrecido gratis ella nunca quiso ir.
colores felices en tonos apagados.
Siempre la mesa hecha para cuatro..
Mi padre me mandaba a callar cada vez
que deseaba abrir la boca para preguntar.
Ella duraba las noches calmando llantos
que no podía escuchar.
poco a poco empezaron a resonar en mi mente..
No puedo procesar cuándo o cómo llegó la oscuridad a mi vida,
poco a poco las paredes de los dos pisos empezaron a oscurecerse
reflejando mi propia tristeza,
Las pocas piezas de arte familiar se veían manchadas
Una cara familiar me sonreía con hipocresía en cada fotografía.
agradezco nunca me han gritado a su nombre, Ella nunca haria algo asi
Pero poco a poco la sombra de su ignorancia fue creciendo hasta el punto de que nunca estuvo.
.
.
.
Una lápida cubierta de tristes flores, desde
profesores suyos y míos
familiares que nunca en mi vida he visto
pero si sentido, amigos cercanos
y personas con las que solo compartió una mirada.
Su leve cuerpo se veía tan colorido,
cargado del amor que un vivo nunca recibirá
ya que todos postergan y postergan sin saber
que cada día que
lloran,
disfrutan
o solo se quedan en cama vagueando
cuenta como un día menos en la vida..
Un “Le diré más tarde esto”
“regresaré este favor en aquel momento”
tal vez un “No es necesario en este momento”
termina todo en un “oh” Las flores parecían vivas,
pero los abrazos eran cadáveres.
Nunca entendí cómo podían cargarla con tantos colores
cuando en vida apenas le regalaron miradas grises.
.
.
.
Asi quede yo,
no pude decir nada solo llorar y llorar y allí sonó la puerta,
la campana de la muerte con un fuerte olor a alcohol y tabaco llegó.
Caminó como una sombra
entre la multitud a agarrar el micrófono
Su lastima era una mentira,
Sus palabras de dolor fingido me hicieron sufrir, romper.
Perdí la conciencia, la razón de los días. Su sombra cubrió la foto de mamá. En la imagen, ella aún sonreía. Yo, en cambio, dejé de hacerlo.
-Todo se redujo a un solo número..
.
.
.
.
Suspire.. rodeado de estas 4 paredes blancas asfixiantes. Jugueteando con mis manos sudorosas sin poder hacer contacto visual con el terapeuta. Su voz, su calma decía entender.
-Eres muy valiente y fuerte por decirme esto Ian. Lamentamos la muerte de tu madre.. Por ciertas razones creemos que heredaste su parásito o enfermedad…La ciencia aún no le ha dado nombre ya que es el segundo caso que se ve y según expertos los humanos no podían padecerle.
Sé que es duro oírlo, si tienes preguntas te puedes sentir libre de hacerlas.
Como no asustarme con su respuesta si me dejaba más dudas de las que podía tener, ¡claro me asuste!
-¿Qué?.. ¿Es ese parásito? ¿Cuáles son los síntomas? ¿Moriré..?
Traté de no tartamudear pero el miedo me llenaba. Él me extendió la mano antes de hablarme
-Ian, Ian respira. Aún no sabemos del todo lo que padeces y tampoco sabemos si se activará en ti. Tienes una larga vida por delante ¿Ok?
Se detuvo para levantarse y arrodillarse a mi lado con una leve sonrisa
-¿No me habías mencionado que tenías una pareja?
Lilith! Un hermoso nombre. En años anteriores hablabas mucho de ella junto a tu madre ¿Recuerdas esos momentos? Piénsalo
Poniendo una mano en mejilla terminó con un
- Cierra los ojos.
-Uhm..
Cerré los ojos e imagine. Hace cuatro años cuando apenas conocí a mi amor, era semana de hospital, esa que teníamos cada dos meses. con mi emoción y ojos brillante contando como cada dia conocia mas personas
mientras lo decía con ansias mi madre estaba sentada riendose en voz baja.
-¿Es un momento bonito? Cuéntame lo que ves.
Susurro.
-Te veo a ti sentado en tu escritorio prestando atención a mis palabras con una pequeña sonrisa, veo mis ojos brillar, un pequeño yo ansioso por dar brincos con los ojos llenos de brillos gritando sus emociones tan positivas y mi madre en otra silla a mi lado izquierdo riéndose de lo que digo con algo de ternura.
Abrí los ojos, él estaba de vuelta a su lugar mirándome.
-Si tienes alguna preocupación estoy aquí. Mírame como un amigo y no un doctor o Psicólogo.
-¿Ya se acabó la sesión? ¿Cuánto tiempo usualmente duran?
Sonrió un poco antes de apenas contestar
-Como máximo puede durar dos horas y media para ti tres.. apenas se puede decir que pasamos una ¡pero esta bien!
Con un silencio entrelazo sus dedos, con los codos sobre la mesa, su mirada se volvió más seria, sus ojos apuntaban a un frasco de pastillas familiar. Suspiro y volvió a abrir su boca.
-Bueno.. Entonces, las pastillas. Debes tomarlas todos los días una al despertar, trata de no tomarlas más de una a menos de que.. Eso vuelva
Como si nada volvió a su pose normal y calmada con una gran sonrisa.
-¿Entendido? ¡Muy bien señorito Ian! ¿Algo más o terminamos?
-Terminamos
Contesté levantándome de mi asiento, miré las pastillas con disgusto ya que no me recordaban cosas bonitas. Ya no había otra opción.
En pocos días será inicio de clase, -mi- inicio a clases ya que no me moleste a ir la primera semana.