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¿HAZ TU VOLUNTAD? Pregunta Sin responder

MicaArgenio
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Sabemos lo que dice Tu Palabra.

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Contenido de la publicación

Sabemos lo que dice Tu Palabra.

Sabemos que Tu voluntad
es buena, agradable y perfecta.

Lo hemos leído.

Lo hemos subrayado.

Lo hemos predicado.

Lo hemos repetido tantas veces
que casi podríamos decirlo de memoria.

Pero quizás la verdadera pregunta
no sea si sabemos cuál es Tu voluntad.

Quizás la verdadera pregunta sea:

¿La queremos?

Porque puedo conocer Tu voluntad
y seguir queriendo la mía.

Puedo leer Tu Palabra
y seguir intentando que ella se acomode
a lo que yo ya decidí.

Puedo orar:

“Señor, que se haga Tu voluntad”

mientras, en lo profundo,

estoy esperando que Tú hagas
la mía.

Y quizás ese sea uno de los engaños
más silenciosos de nuestro corazón:

confundir nuestro querer
con Tu voluntad.

A veces queremos tanto algo
que comenzamos a llamarlo propósito.

Queremos tanto un camino
que comenzamos a llamarlo dirección.

Queremos tanto una puerta
que comenzamos a llamarla oportunidad.

Y no todo lo que parece bueno
viene de Ti.

No todo camino abierto
es un camino enviado por Dios.

No toda oportunidad
es una asignación.

No toda decisión correcta
es la decisión que Tú pediste.

Porque hay voluntades torcidas.

Voluntades que comenzaron
con una intención aparentemente buena,

pero que poco a poco
fueron alejándose de Tu centro.

Y qué difícil es reconocerlo.

Porque a veces no estamos eligiendo algo malo.

Estamos eligiendo algo bueno
que simplemente no es lo que Tú querías para nosotros.

Y ahí está la diferencia.

No todo lo bueno
es Tu voluntad.

No todo lo posible
es conveniente.

No todo lo que deseo
es lo que necesito.

Y no todo lo que puedo hacer
significa que debo hacerlo.

Por eso necesito aprender
a detenerme.

A preguntarme:

“¿Esto viene de Dios
o simplemente quiero que venga de Dios?”

Porque hay decisiones
que intentamos justificar
hasta que parecen espirituales.

Y cuando ya decidimos,
vamos a buscar la paz
que confirme nuestra elección.

Pero la paz no siempre viene
después de conseguir
lo que queríamos.

A veces la paz aparece
cuando finalmente soltamos
lo que queríamos.

Porque Tu voluntad
no necesita ser defendida
por mi ansiedad.

No necesito convencerme
de que algo viene de Ti
cuando Tu Espíritu me está mostrando
que no.

Hay decisiones
que por fuera parecen perfectas,

pero por dentro
dejan una inquietud profunda.

Y hay caminos
que quizás no son los que yo habría elegido,

pero cuando digo:

“Sí, Señor.”

algo dentro de mí descansa.

No porque sea fácil.

No porque no tenga miedo.

No porque tenga todas las respuestas.

Sino porque sé
que estoy donde debo estar.

Y quizás esa sea la paz
de la que tantas veces hablamos:

no la ausencia de preguntas,

sino la certeza
de que estoy caminando
en la dirección correcta.

Porque Tu voluntad
puede llevarme por caminos difíciles.

Puede pedirme esperar.

Puede pedirme renunciar.

Puede pedirme cerrar una puerta
que yo quería mantener abierta.

Puede llevarme a lugares
que no había planeado.

Pero aun allí,

si estoy dentro de Tu voluntad,

hay algo que permanece.

Una paz que no depende
de que todo salga como yo quiero.

Y entonces entiendo
que Tú tampoco decides por mí.

No me conviertes en un títere
para asegurarte de que elija correctamente.

Me diste voluntad.

Me diste libertad.

Me diste discernimiento.

Me diste Tu Palabra.

Me diste Tu Espíritu.

Y ahora me invitas
a elegir.

Eso también es amor.

Porque podrías obligarme
a tomar el camino correcto,

pero decidiste enseñarme
a reconocerlo.

No quieres solamente
que haga Tu voluntad.

Quieres que aprenda
a querer Tu voluntad.

Y ahí comienza algo distinto.

Porque llega un momento
en que ya no pregunto:

“¿Puedo hacer esto?”

Sino:

“¿Quiero hacer esto
si no es lo que Dios quiere?”

Ya no pregunto solamente:

“¿Está mal?”

Sino:

“¿Esto me acerca
o me aleja de aquello
para lo que Dios me está formando?”

Ya no busco solamente
una señal.

Busco una convicción.

Ya no busco solamente
una puerta abierta.

Busco Su dirección.

Ya no busco que Dios
bendiga mis planes.

Quiero aprender
a construir mis planes
alrededor de Él.

Porque quizás el verdadero problema
nunca fue que no supiéramos
cuál era la voluntad de Dios.

Quizás muchas veces
lo sabíamos.

Simplemente queríamos
otra cosa.

Y qué peligroso es
cuando mi voluntad
se disfraza de fe.

Cuando digo:

“Estoy esperando en Dios”

pero en realidad
estoy esperando que Dios cambie de opinión.

Cuando digo:

“Estoy confiando”

pero en realidad
estoy intentando convencerlo
de que mi camino es mejor.

Cuando digo:

“Si es para mí, será”

pero ya hice todo lo posible
para que suceda.

Señor,

líbrame de querer
que Tu voluntad sea buena
solamente cuando coincide con la mía.

Porque si verdaderamente creo
que Tu voluntad es buena,

entonces también tengo que confiar
cuando no la entiendo.

Si creo que es agradable,

tengo que aceptar
que quizás no siempre
será agradable para mi carne.

Y si creo que es perfecta,

tengo que aceptar
que mi visión es demasiado pequeña
para comprenderla completamente.

Por eso hoy no quiero pedirte:

“Haz lo que yo quiero
y ayúdame a sentir paz con ello.”

Quiero pedirte algo mucho más difícil:

“Cambia mi querer
hasta que quiera lo que Tú quieres.”

Y si alguna vez
mi voluntad se tuerce,

si comienzo a llamar propósito
a lo que solamente deseo,

si comienzo a llamar dirección
a lo que solamente me conviene,

si comienzo a llamar paz
a lo que solamente me satisface,

deteneme.

No permitas que llegue
tan lejos en mi propia voluntad
que después tenga que llamarle
“Tu voluntad”
a algo que Tú nunca me pediste.

Enséñame a reconocer
la diferencia entre:

lo que puedo elegir,

lo que quiero elegir,

y

lo que Vos me estás invitando a elegir.

Porque al final,

la voluntad de Dios
no es una prisión donde pierdo
mi libertad.

Es el lugar donde mi libertad
aprende a elegir bien.

Vos no decides por mí.

Me enseñas a decidir.

Y confías en que,
si permanezco cerca de Ti,

si conozco Tu Palabra,

si escucho Tu Espíritu,

si examino mi corazón,

si estoy dispuesto a obedecer
incluso cuando no me conviene,

podré reconocer el camino.

Y quizás esa sea
la verdadera madurez espiritual:

no necesitar que Dios
elija por mí,

sino aprender a elegir
con un corazón
que quiere profundamente
lo que Él quiere.

Porque al final
la pregunta nunca fue solamente:

“¿Cuál es la voluntad de Dios?”

La pregunta más profunda es:

“Cuando descubra cuál es,
¿voy a querer hacerla?”

Y quizás allí,

exactamente allí,

comienza la verdadera rendición.

Respuestas

  • dcabrera55

    La paz que llega cuando sueltas, no cuando consigues. Llevo años esperando a entenderlo. Tu texto me acerca.

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  • cuatrocafes

    Llevo años dándole vueltas a esto y sigo sin saberlo. Pero algo en la forma que escribiste «cuando finalmente soltamos lo que queríamos» se quedó en mi cabeza. Suena a verdad.

    Permalink
  • correosinleer

    Pasé años pensando que una cosa era acomodarme y otra era renunciar. No son lo mismo. Tu texto muestra la diferencia.

    Permalink
  • climaHostil

    Eso que escribiste del corazón que intenta que Tu voluntad se acomode a la que ya decidí. Vaya que sí. Gracias por decir esto en voz alta.

    Permalink
  • ciudadcara

    «Tu voluntad es buena» dice el papel, y yo aquí pagando tres euros por un café. Este texto me duele.

    Permalink

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