Estaba sentada en nuestra banca de siempre, digo "nuestra" porque eran los tronos elegidos para un par de reyes, queriendo conquistarse entre sí.
Quería resignificarla creando nuevas experiencias, pero ¿a quién engaño?, no logro hacerlo.
Llevé mi nuevo libro sobre las aventuras y reuniones idílicas de Oscar Wilde y sus amigos escritores. Mientras me concentro, intento que los personajes de la lectura sean mis nuevos acompañantes, los invito a sentarse, aceptan, me cuentan de sus anécdotas, se ríen, me observan, me abrazan, minutos después ya cerca de terminar el capítulo, se despiden, toman sus abrigos elegantes cruzan la puerta y ya no están.
Miro alrededor, tampoco estás.