La pena se encoje en los repudios
hasta que el hombre,
ferviente habitante del renombre,
suelte los nudos que tiene ocultos
Sin lamentarse llorón mío,
sabías el cómo y no el porqué,
tu error fue el hastío,
y parar ¿A qué?
La multitud grita y pronto olvidará,
cuando la cabeza caiga,
el verdugo esperará,
que la ceguera no lo prosiga
Potenciales se gastan
donde el sujeto responde,
inútiles esfuerzos que lo cansan,
en el final del todo la miseria no la esconde
-Ender