No se trata de rimas, ni de juegos de palabras. Se trata de abrir tu pecho, exhibir tu alma y eximir tus pecados. Dejo que salga, es un proceso casi inconsciente pero que urge salir y escapar de la monótona jaula. Trata sobre sentirlo, dejo que me conduzca hacia donde le plazca, es muchas veces el capitán del barco y quién sabe maniobrar el timón. Me lleva a lugares alegres y oscuros, opacos pero no malvados; desconocidos ansiosos de ser resueltos. Misterios que se tornan lúcidos y palpables.
Con la mente en blanco empiezo a escribir, mi mano autoritaria autodidacta, inmune e inmutable, busca purgar mis más pesados pensamientos, pero no siempre puede (salir).