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Esta vez no te suelto a ti, me rescato a mí.

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Pensamiento

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Ovid

La foto que pedías que posara contigo parece un detalle chiquito y dice mucho, porque es justo lo que alguien pide cuando quiere que la relación exista también hacia afuera. Apuesto a que escribir esto te sirvió para ordenar algo que llevabas meses cargan

La foto que pedías que posara contigo parece un detalle chiquito y dice mucho, porque es justo lo que alguien pide cuando quiere que la relación exista también hacia afuera. Apuesto a que escribir esto te sirvió para ordenar algo que llevabas meses cargando sola. Gracias por traerlo aquí, se nota que te costó.

Contenido de la publicación

Decidí soltarte porque entendí que era el tiempo justo. Como todo aquello que he ido soltando este año, también tuve que soltarte a ti, pero sobre todo tuve que soltar la idealización de nuestro amor.

Hoy comprendo algo que durante mucho tiempo me negué a aceptar: cuando un hombre realmente te ama, busca la manera de priorizarte, de cuidarte, de construir contigo y de hacerte sentir que eres parte de su vida, no alguien que tiene que estar rogando por un lugar en ella.

Sé que nunca me amaste lo suficiente para querer dar ese paso conmigo. Y duele reconocerlo, porque yo sí lo hice.

Te di un hogar cálido. Te cuidé, te bañé, te curé, te acompañé y te acepté incluso en aquellos momentos en los que tú mismo estabas roto. Te di un amor que muchas veces sentí que ni siquiera habías recibido de tu propia madre durante 35 años. Para mí eras todo, incluso cuando en realidad no éramos nada.

Pero aceptar tus adicciones fue, quizá, la tortura más cruel que me ha tocado vivir. Viví situaciones que me lastimaron, que me desgastaron y que poco a poco fueron destruyendo mi tranquilidad. Y aun así, muchas veces intenté comprenderte, ayudarte y sostenerte.

Lo más doloroso fue que, además de cargar con las consecuencias de tus decisiones, tu madre llegó a querer responsabilizarme por ellas, como si yo hubiera sido responsable de tus adicciones, de tus decisiones o de aquello que tú decidías hacer con tu vida.

Y no.

Hoy lo tengo claro: yo no podía salvarte.

Podía acompañarte, podía amarte, podía tenderte la mano, pero nunca estuvo en mis manos sanar aquello que tú no estabas dispuesto a enfrentar.

Te encontré en una cueva, completamente roto, y quise ayudarte a salir de ella. Pero cuando tuve el valor de entrar contigo, tú elegiste regresar a tu cueva.

Preferiste priorizar a tu madre y, muchas veces, hiciste que yo sintiera que todo lo que hacía por ti no era suficiente. Llegaste a hacerme creer que yo era la que estaba mal, cuando en realidad estaba intentando sostener una relación que cada vez existía más en mi imaginación que en nuestra realidad.

Yo esperaba que algún día fueras el príncipe de mi cuento de princesa.

Y terminé descubriendo que te habías convertido en el ogro de mi propia historia.

Acepté humillaciones que nunca debí aceptar. Acepté situaciones que me lastimaron profundamente, incluso aquellas relacionadas con la mujer que tú elegías amar y priorizar por encima de mí. Durante mucho tiempo intenté comprender una relación que, desde mi lugar, sentía profundamente confusa y dolorosa, hasta llegar a percibirla como una forma de dependencia emocional entre madre e hijo que terminó afectando nuestra relación.

Y aun así, me quedé.

Hace unas noches incluso te pedí perdón.

Te pedí perdón por haberte forzado a vivir conmigo, por haber esperado que me abrazaras, que tomaras mi mano, que posaras conmigo para una fotografía, por haber querido recibir de ti muestras de amor que tú no querías o no podías darme.

Hoy entiendo que no debí pedirte aquello.

No debí pedirte que fueras alguien que no eras.

Mis heridas de infancia se encontraron con las tuyas. Yo quise sanar las tuyas mientras intentaba sanar las mías, pero terminé olvidándome de mí.

Y en ese intento, me fui apagando.

No sé si alguna vez comprendiste cuánto daño me hiciste. Tal vez nunca lo hagas. Pero hoy ya no necesito que lo entiendas para poder seguir adelante.

Porque lo más hermoso que he descubierto es que estar lejos de ti también puede sentirse como libertad.

De ti quedará algo que vivirá para siempre dentro de mí: nuestro bebé.

Esa parte de nuestra historia es algo que nadie puede borrar. Y aunque para mí tuvo un significado profundo, también tuve que aceptar que quizá nunca significó para ti lo mismo que para mí.

Hoy prefiero ser honesta conmigo misma, aquí y ahora.

Ya no quiero vivir esperando que algún día me ames como yo necesitaba ser amada.

Ya no quiero convencer a nadie de mi valor.

Ya no quiero demostrar que merecía un lugar.

Y, sobre todo, ya no quiero volver a perderme intentando que alguien se quede.

Prefiero quedarme vacía antes que volver a entregar mi corazón otra vez.

Porque yo ya lo di todo.

Lo di sin reservas, sin condiciones y sin guardarme una parte para después. Y para mí, un amor así no se entrega dos veces en la vida. Ese amor ya fue tuyo. Te lo entregué completo, con todo lo que era, con todo lo que tenía y con todo lo que podía ofrecer.

Por eso prefiero quedarme vacía.

No porque haya dejado de creer en el amor, sino porque ya no quiero volver a entregar de esa manera aquello que una vez entregué por completo y terminó rompiéndome.

Tal vez algún día vuelva a amar, de otra forma, desde otro lugar y con otra versión de mí. Pero ese corazón que te entregué no volverá a existir de la misma manera.

Y eso también es parte de aceptar que terminó.

No sé qué vendrá después.

Pero sí sé algo:

esta vez no estoy huyendo.

Estoy eligiéndome.

Y esta decisión no necesito discutirla con nadie.

Porque después de todo lo que viví, después de todo lo que lloré y después de todo lo que intenté sostener, finalmente entendí que soltar también puede ser una forma de amor.

Pero esta vez, amor hacia mí.

Thoughts

  • lapacho

    Lo bañaste, lo curaste, lo acompañaste, y encima la mamá te pasaba a ti la cuenta. Qué injusto, pe. Bien por ti.

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  • NicolasBravo

    Al final del cuento la que sale de la cueva eres tú, y el príncipe se queda adentro. Un montón de gente se pasa años esperando que el otro cambie de papel, y tú lo cortaste.

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  • Ovid

    La foto que pedías que posara contigo parece un detalle chiquito y dice mucho, porque es justo lo que alguien pide cuando quiere que la relación exista también hacia afuera. Apuesto a que escribir esto te sirvió para ordenar algo que llevabas meses cargando sola. Gracias por traerlo aquí, se nota que te costó.

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Decidí soltarte porque entendí que era el tiempo justo. Como todo aquello que he ido soltando este año, también tuve que soltarte a ti, pero sobre todo tuve que soltar la idealización de nuestro amor.

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