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EPÍLOGO.

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Dos años después, Elena estaba sentada en una cafetería.

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Amortes22

Siempre hay alguien que quiere escuchar!! Lo importante es saberlo hablar.. Me gusto esta historia 👍👍

Siempre hay alguien que quiere escuchar!! Lo importante es saberlo hablar..

Me gusto esta historia 👍👍

Contenido de la publicación

Dos años después, Elena estaba sentada en una cafetería.

Tenía una computadora abierta, un café que ya comenzaba a enfriarse y una lista interminable de pendientes.

Era una mañana cualquiera.

O al menos eso parecía.

Entonces escuchó una voz.

—Estoy cansada.

Levantó la mirada.

La mujer de la mesa contigua observaba su teléfono. Tenía los ojos húmedos.

—No puedo más.

Elena sintió que algo se detenía dentro de ella.

Durante un instante volvieron otras palabras.

Estoy cansado.

A veces quisiera desaparecer.

No sé qué hacer.

La mujer guardó el teléfono.

Permaneció inmóvil, como si esperara algo.

 O como si ya hubiera dejado de esperarlo.

Elena bajó la vista.

Sintió miedo.

No el miedo de equivocarse.

El miedo de no hacer nada.

Se levantó.

Caminó hasta la otra mesa.

—Perdón.

La mujer levantó la mirada.

—¿Sí?

Elena señaló la silla vacía.

—¿Puedo sentarme?

La mujer pareció confundida.

Pero asintió.

Durante unos segundos ninguna habló.

Finalmente, Elena preguntó:

—¿Estás pensando en hacerte daño o en morir?

La mujer se quedó inmóvil.

Después comenzó a llorar.

No respondió inmediatamente.

Elena permaneció allí.

—No tienes que explicarme todo —dijo.

La mujer bajó la cabeza.

—Pero no tienes que quedarte sola con esto.

Y se quedó.

No porque supiera exactamente qué hacer.

No porque creyera que podía salvar a alguien.

Simplemente porque había aprendido que algunas personas necesitan compañía antes de encontrar palabras.

Muchos años después, Nicolás abrió nuevamente el cuaderno.

Las esquinas estaban desgastadas y algunas páginas comenzaban a amarillear.

Pero la letra seguía ahí.

Leyó:

Hoy alguien me preguntó si estaba bien.

Dije que no.

Debajo había otra frase:

Me dio miedo decirlo.

Y más abajo:

Pero lo dije.

Nicolás sonrió.

Pasó varias páginas.

Encontró una fotografía de su madre.

Otra de Lucía.

Otra de Sergio.

Otra de Elena frente a la maqueta.

Y una última fotografía: él mismo frente a una ventana, muchos años atrás.

En el reverso había escrito:

Aún quiero estar aquí.

Cerró el cuaderno.

Durante un momento permaneció en silencio.

Después tomó el teléfono.

Había un mensaje de Elena.

¿Ya llegaste?

Nicolás respondió:

Sí.

¿Todo bien?

Él miró la pantalla.

Sonrió.

Escribió:

Sí.

Y antes de enviar, añadió:

Pero si algún día no lo estoy, te lo voy a decir.

Envió.

Dejó el teléfono sobre la mesa.

Afuera comenzaba a oscurecer.

La vida continuaba.

No como una promesa de que nada volvería a doler.

Como la posibilidad de que, cuando doliera, alguien estuviera dispuesto a escuchar.

Y quizá esa sea la diferencia.

¿A quién estamos escuchando hoy?

Porque algunas personas no necesitan una respuesta.

Necesitan una segunda pregunta.

No mañana.

Hoy.

Thoughts

  • Amortes22

    Siempre hay alguien que quiere escuchar!! Lo importante es saberlo hablar..

    Me gusto esta historia 👍👍

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