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CAPÍTULO 6

Alfarrikan_III
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Años después, Nicolás todavía tenía días malos.

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Años después, Nicolás todavía tenía días malos.

Eso fue quizá lo más difícil de aceptar para todos.

No existió una escena final en la que la enfermedad desapareciera.

No hubo una mañana luminosa en la que despertara convertido en otra persona.

Hubo tratamiento.

Hubo recaídas.

Hubo conversaciones incómodas.

Hubo límites.

Hubo decisiones.

Hubo días en los que tuvo que cancelar planes porque no estaba bien.

Y hubo días en los que salió de casa precisamente porque no quería volver a encerrarse.

Aprendió que pedir ayuda antes de llegar al límite era una forma de cuidado.

Aprendió que no todas las personas podían estar disponibles todo el tiempo.

Aprendió que eso no significaba que lo quisieran menos.

Elena también cambió.

Dejó de intentar adivinarlo todo.

Cuando algo le preocupaba, preguntaba.

Cuando Nicolás decía que estaba bien, algunas veces lo aceptaba.

Otras preguntaba:

—¿Bien de verdad o bien de respuesta rápida?

Él sonreía.

—Bien de respuesta rápida.

—Entonces vuelve a empezar.

Y él empezaba.

Lucía aprendió a vivir sin sentirse culpable por tener una familia propia.

Su hijo creció.

Seis años después, cuando Mateo cumplió quince años, Nicolás tomó una fotografía de los dos.

Lucía la miró y sonrió.

—Nunca pensé que ibas a fotografiarme tantas veces.

—Nunca pensé que ibas a dejarte.

—Eso también cambió.

Sergio, por su parte, seguía haciendo bromas.

Pero ahora había una diferencia.

Cuando alguien decía:

—Estoy bien.

Sergio no respondía automáticamente con un chiste.

Preguntaba:

—¿Seguro?

Y si la respuesta llegaba demasiado rápido, preguntaba otra vez.

No porque se hubiera convertido en experto.

Sino porque había aprendido a no desperdiciar una puerta abierta.

Nicolás comenzó a dar talleres en una asociación que acompañaba a personas y familias afectadas por problemas de salud mental.

No hablaba como especialista.

Nunca pretendió hacerlo.

Hablaba como alguien que había estado del otro lado de una puerta y había aprendido que abrirla podía tomar mucho tiempo.

Una tarde, al terminar una charla, una mujer se acercó.

—¿Puedo decirte algo?

—Claro.

—Yo también digo que estoy bien.

Nicolás sonrió con suavidad.

—Lo sé.

Ella bajó la mirada.

—Pero no estoy bien.

Nicolás no respondió inmediatamente.

Recordó a Lucía en el automóvil.

A Elena en el restaurante.

A su madre en el patio.

A Sergio frente a una computadora.

Recordó el teléfono boca abajo.

El mensaje que había borrado.

La fotografía.

La cámara que había vendido durante uno de sus momentos más oscuros.

El cuaderno.

Y aquella palabra que durante tanto tiempo había utilizado como una pared.

Estoy bien.

—Entonces podemos empezar por ahí —dijo.

La mujer asintió.

No necesitaban más.

Una tarde de octubre, muchos años después de aquella primera noche, Nicolás regresó a su antiguo departamento.

Ya no vivía allí.

Había pasado por otros lugares, otros trabajos, otras etapas.

Pero la calle seguía igual.

Se quedó frente al edificio.

Recordó las once cuarenta y siete.

No sintió miedo.

Tampoco nostalgia.

Solo una extraña gratitud por el hombre que había sido y que, durante mucho tiempo, no supo cómo pedir ayuda.

Sacó la cámara que había comprado años después, cuando volvió a creer que valía la pena mirar el mundo con atención.

Fotografió la ventana.

Después guardó el aparato.

Su teléfono vibró.

Era Elena.

¿Dónde estás?

Nicolás sonrió.

Aquí.

¿Todo bien?

Miró la pantalla.

Durante un instante tuvo la tentación de escribir la respuesta automática.

Estoy bien.

Pero no.

Escribió:

Estoy tranquilo. Un poco cansado. Y pensando.

La respuesta llegó:

¿Quieres hablar?

Nicolás respondió:

 Sí.

 Y siguió adelante.

 

Thoughts

  • Ovid

    Me quedo con Nicolas parado frente a la ventana de su antiguo departamento, sacando la camara que se compro años despues de haber vendido la otra. Esa camara vendida cuenta sola todo lo que paso en medio, mas que cualquier charla. Me alegra que esta historia este aqui, @Alfarrikan_III, gracias por traerla!

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  • Amortes22

    Confundido; Nicolás quería aceptación? Aprender a valorarse? Teniendo Buenos amigos y se sentía vacío!!! Pero aprendió y cambio... Es así???

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    Dos años después, Elena estaba sentada en una cafetería.

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